lunes, 29 de noviembre de 2010
APA: la sexta edición ya está disponible en español
Hacer la traducción de una obra como estas supone un gran esfuerzo y la toma de muchas decisiones editoriales. El mérito es mayor, por cuanto se ha logrado cumplir esta meta a un año de la publicación de la obra en inglés. Por ese esfuerzo, mi felicitación al equipo.
Por otro lado, estas decisiones –siempre humanas– forzosamente implican adoptar criterios, vocablos y lineamientos que podrán complacer a unos lectores y no a otros. El señalamiento de estos puntos específicos, por cualquier argumento válido, no implica que la labor de traducción tenga menos mérito.
Durante las próximas semanas, en este blog publicaremos comentarios puntuales sobre algunas de las decisiones editoriales propuestas por el equipo de Manual Moderno que podrían someterse a revisión y consideración por parte de los usuarios. No obstante, esto no se hará en tono de crítica destructiva, sino de sana discusión académica sobre un producto que ha sido el resultado del esfuerzo y la toma de decisiones de un equipo. Sin esta traducción, el manual no sería accesible a tantas personas que, en América Latina, enfrentamos diariamente la decisión de nuestros entornos universitarios de utilizar el estilo APA.
¿Dónde comprarlo?
Para quienes tengan interés en adquirirlo y habiten fuera de México, pueden revisar el sitio web de la editorial Manual Moderno para buscar distribuidores en su país. Otra alternativa es comprarlo a través de Amazon. El precio de venta oscila entre 25 y 35 USD (Amazon lo cambia sin razón aparente, así que si va a adquirir el suyo, tenga paciencia: añada el manual a su lista de deseos o a su carrito, obsérvelo varios días y espere a que baje a 25 USD).
También están disponibles la Guía para el maestro y la Guía de entrenamiento para el estudiante, con ejercicios para aprender a aplicar el estilo APA, así como la Versión abreviada del manual, empastada en resorte para la consulta rápida de las reglas.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Citas textuales: ortotipografía de las citas largas
Las citas textuales largas se sacan del discurso principal, no se integran al párrafo, ni están sujetas a su puntuación: se convierten en un párrafo independiente, en donde aplican varios cambios tipográficos.
- Ausencia de comillas. En todos los casos, las citas se escriben sin comillas. Los cambios tipográficos dejarán evidencia suficiente para hacerle saber al lector que se encuentra ante palabras ajenas.
- Margen. El párrafo se sitúa a una distancia suficiente del margen izquierdo. APA propone “aproximadamente media pulgada” (p. 171), MLA indica una pulgada, Martínez de Sousa señala un sangrado general con el valor de la sangría empleada en el cuerpo de texto principal. El margen derecho se deja intacto, aunque a algunos editores les gusta usar el mismo valor elegido para el margen izquierdo, de manera tal que la cita se ve “centrada” en la página. El efecto final es el de un bloque de texto independiente dentro de la caja tipográfica.
- Cuerpo de la letra. APA y MLA no mencionan ningún cambio en el tamaño de la letra; sin embargo, sí es práctica editorial generalizada el disminuir el tamaño de la letra de las citas largas. Así lo corrobora José Martínez de Sousa (2007) y Roberto Zavala (1995) propone, específicamente, un punto menos que el cuerpo del texto.
- Separación de los párrafos anterior y posterior. En APA y en MLA no se aplica ningún espacio de separación. En los usos editoriales, en cambio, la cita se separa un renglón o espacio (o un cuadratín, dice Zavala) de los párrafos inmediatamente anterior y posterior a la cita (Martínez, 2008: 454).
- Espaciado. Los manuales de APA y MLA indican que el texto de la cita debe escribirse a doble espacio, pero cabe hacer la aclaración de que también indican que todo el manuscrito se escribe a doble espacio. Por lo tanto, la regla puede interpretarse como que la cita llevará un espacio análogo al del cuerpo de texto.
- Sangría. MLA, APA, Martínez de Sousa y Zavala coinciden en que una cita larga compuesta por un solo párrafo se escribe sin sangría. No obstante, si se compone de varios párrafos, los siguientes párrafos deberán llevar sangría inicial (Martínez, 2008: 454; Zavala, 1995: 301; APA, 2009: 171). La única excepción la hace el manual de MLA, puesto que en caso de citar dos párrafos o más, recomienda ponerles sangría a todos, siempre y cuando también el primer renglón del primer párrafo de la cita sea, en la fuente, un inicio de párrafo. De esta manera se le indica al lector experto si este es o no un párrafo independiente en la fuente consultada.
- Puntuación. A diferencia de lo que se veía en la cita corta, integrada en el texto del autor, en donde el punto se sitúa siempre después de la información parentética, los manuales de APA y MLA proponen que en las citas largas se debe respetar la puntuación de la fuente. Por lo tanto, si la última oración termina con punto final, se coloca este punto antes de la información parentética y luego se coloca otro punto después del paréntesis de cierre (para respetar la regla en español [Diccionario panhispánico de dudas, “paréntesis”, §3.a]; en inglés ese último punto es innecesario).
Martínez de Sousa menciona que existen otras alternativas editoriales para destacar las citas, no solo la que estamos proponiendo aquí de forma general. Por ejemplo, si el cuerpo de texto está a doble espacio y se elige no reducir el tamaño de la letra de la cita, esta irá a espacio sencillo, sin comillas. O bien, se puede elegir no darle un sangrado especial a la cita, pero siempre deberá ir en un cuerpo menor y distinguible del resto del texto. También existe la posibilidad de no hacer ningún cambio tipográfico del todo. En este caso, las comillas son obligatorias, tanto al inicio del primer párrafo, como de todos los demás párrafos que vengan después, en los que se usan las comillas de seguimiento; es decir, en lugar poner las comillas de apertura al inicio de cada párrafo, se escriben las comillas de cierre (» o ”), para indicar que la cita se inició desde el párrafo anterior y aún no ha terminado (Martínez, 2007: pp. 72-73; 2008: pp. 453-454).
Estas corresponden a variantes que a menudo encontramos en alguna publicación, pero cada vez se ven en menor cantidad.
La elipsis o supresión de texto en una cita
Sobre este tema tan complejo ya habíamos publicado varios artículos. Remito a su lectura, porque complementa la ortotipografía de las citas textuales y, sin duda, es necesario tomar en cuenta esas normas durante la escritura de obras académicas:
- Puntos suspensivos: omisión de texto en citas
- Puntos suspensivos: omisión de texto al inicio de la cita
- Puntos suspensivos: omisión de texto en medio de la cita
- Puntos suspensivos: omisión de texto al final de la cita
- Citas de recortes: poner palabras en boca del autor citado
Si bien conviene revisar las reglas del manual bibliográfico al que uno debe apegarse (ya se trate del manual de una casa editorial o de una normativa bibliográfica, como las de Chicago, APA y MLA), la atención a los detalles hará que las citas bibliográficas de nuestra obra académica sean al mismo tiempo funcionales, precisas, exactas y elegantes.
Se deben evitar vicios como destacar todo el párrafo especial al escribirlo entre comillas o con negrita, cursiva u otra familia tipográfica. La elegancia está en la simplicidad tipográfica.
Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). New York: Author.
Citas textuales: ortotipografía de las citas cortas
Quizás exista algún manual de estilo bibliográfico en el mundo que sugiera el uso de la cursiva en las citas textuales. De todas maneras, habría que evitar el doble destacado: si se usan comillas, ¿para qué cursivas? Si se usan cursivas, ¿para qué comillas? No obstante, en este último caso, ¿cómo sabe el lector inequívocamente que es una cita textual y no una idea que el autor quiere destacar?
Por esas razones, la única marca tipográfica para indicarle al lector que está a punto de iniciar o finalizar una cita deben ser las comillas dobles. Se emplean las de apertura (“) o cierre (”), según se sitúen al inicio o al final de la cita. Si el texto se publica para el territorio español, se emplearán las comillas de codo, cuadradas o españolas: « ». [Sabemos bien que la Real Academia Española y José Martínez de Sousa (2008: 332-335) consideran incorrecto el uso de las comillas inglesas o voladitas, por ser un anglicismo tipográfico. Sin embargo, quienes vivimos en el medio editorial latinoamericano no podemos luchar contracorriente cuando la práctica es completamente ajena a la norma: aquí es tan usual y correcto usar las comillas inglesas, como lo es en España usar las comillas españolas].
Las comillas de apertura se separan por medio de un espacio en blanco de la palabra que las antecede; pero van unidas y yuxtapuestas a la primera palabra de la cita textual. La misma regla se aplica a las comillas de cierre, pero inversamente: las comillas se unen a la última palabra de la cita textual y se separan de la palabra siguiente por medio de un espacio; a menos que vayan seguidas de un signo de puntuación.
Correcto
Recuerdo a tu abuela diciendo “más vale el diablo por viejo que por diablo”, cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.
Incorrecto
Recuerdo a tu abuela diciendo“ más vale el diablo por viejo que por diablo ” , cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.
El lugar de la referencia bibliográfica
Existen varios escenarios posibles para situar la referencia bibliográfica de una cita corta. En general, deben seguirse algunas normas en las que los manuales suelen coincidir:
- Si el nombre del autor se está mencionando como parte de la redacción del texto y antecediendo la cita textual, justo inmediatamente después del apellido, entre paréntesis, se coloca el año de la publicación. Luego se anota la cita, entrecomillada y, después de las comillas, entre paréntesis, se escribe el número de página respectivo. En sistema APA, debe antecederse por la abreviatura de página (p.). Después del paréntesis no se escribe ningún signo, a menos que se trate de la puntuación propia de la oración.
- Si el nombre del autor no se menciona antes, toda la información parentética se escribe, como es usual, en el paréntesis al final de la última palabra de la cita, después de las comillas, separado por un espacio en blanco de las comillas, sin punto en medio. El punto se sitúa al final de la información parentética (si ahí termina la oración) y nunca antes del paréntesis.
En el Códice Florentino, afirma Portilla (2003), “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones” (p. 73).
La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto” (Olson, 1994/1997: p. 170).
Incorrecto
En el Códice Florentino, afirma Portilla, “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones”. (página 73).
La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto”. (Olson, 1997: p. 170).
En el último ejemplo, adrede he utilizado una obra traducida al español. Se está usando la traducción de 1997, pero la obra fue publicada originalmente en 1994. Omitir este detalle es un error frecuente en la escritura y edición de obras académicas. (Ver artículo “Las referencias de obras traducidas en APA”).
¿Y si hay comillas dentro de las comillas?
En este caso, las palabras que en la publicación original se escribían entre comillas dobles, en la cita textual se escribirán entre comillas sencillas, como una manera de mantener el destacado sin renunciar a la ortotipografía de la cita textual. En las ediciones españolas, en donde se emplean las comillas angulares, se emplean las comillas inglesas, porque habrá suficiente contraste entre unas y otras.
En este escenario, existe un agravante: ¿qué pasa si la palabra entrecomillada en el texto original es, además, la última palabra de la cita que estoy extrayendo? ¿Escribo tres comillas juntas? ¿Dejo un espacio en blanco entre las dos?
En cualquiera de los dos casos se ve mal, eso no se pone en duda. Lo ideal sería extraer la cita de tal manera que jamás una palabra entrecomillada en el texto original sea, a su vez, la última palabra de nuestra cita. Pero si es del todo inevitable, y si no queda nada por hacer, José Martínez de Sousa propone separarlas ligeramente, con medio espacio (no con un espacio completo). Me robo su ejemplo, por ser muy vehemente y claro:
«El Eterno habló a Moisés y dijo: “Habla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Sed santos, porque yo soy santo, el Eterno, vuestro Dios’ ” ».
Desde luego, si me preguntan cómo haría en un libro latinoamericano, sin comillas angulares para citar ese ejemplo, tendría que recomendar usar todas las comillas, incluso las angulares, tal y como se emplea ahí, porque esa es una cita excepcional en sus características.
Ahora bien, en tanto editora y correctora a veces prefiero la otra vía fácil: cambiar la redacción, cambiar la cita, hacer que la cita sea más larga y darle tratamiento de cita larga (sin comillas al inicio y al final de la cita) o cualquier otra modificación mayor que, por eliminar la causa del problema, elimine también el problema. Si nosotros somos los amos y señores de nuestro texto, ¿quién nos impide modificarlo a voluntad? Dilema tienen los correctores de pruebas, quienes no podrían sugerir tan invasiva corrección.
Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). New York: Author.
lunes, 21 de junio de 2010
Recomendaciones bibliográficas: Diccionario Panhispánico de Dudas
Con este artículo, formalmente inauguramos una nueva sección en este blog dedicada a hablar sobre libros indispensables en la biblioteca de un editor y de un escritor. Iniciamos con el Diccionario Panhispánico de Dudas por tratarse de uno de los mayores aciertos de la Real Academia en los últimos años, si bien todavía reconocemos la necesidad de mejorarla y llevarla más lejos de sus actuales alcances.
¿Qué es el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD)?
Este diccionario es una obra de referencia esencial en la biblioteca del editor. A diferencia de un diccionario exclusivamente léxico, como el Diccionario de la Real Academia (DRAE), el DPD atiende directamente las zonas de duda, tanto en el campo léxico, como en la sintaxis, la morfología, la ortografía y, tímidamente, en la ortotipografía.
Un precedente inmediato es la obra de Manuel Seco, quien también se dirigía específicamente a la atención de dudas de la lengua. Lo que hace valioso el DPD es la colaboración de las academias del continente americano y, desde luego, su oficialidad.
¿Qué contiene este diccionario?
Una de sus ventajas es que integra contenidos que antes solamente se encontraban en obras como la Ortografía o la Gramática, pero ordenados alfabéticamente bajo un lema descriptor.
Por ejemplo, en este diccionario podremos encontrar las reglas de uso de las mayúsculas en la entrada “mayúsculas”, los usos de la coma en la entrada “coma”, las reglas de acentuación (tilde) en la entrada “acento” y los múltiples usos sintácticos del pronombre relativo que en la entrada “que”, con remisiones a otras entradas también de interés como “queísmo” y “dequeísmo”.
Entre sus múltiples contenidos, podemos enumerar los siguientes:
- Artículos temáticos: uso de signos ortográficos, sintaxis, abreviaturas, siglas y siglomas…
- Palabras concretas que plantean dudas en aspectos morfológicos: plural, femenino
- Neologismos, extranjerismos, topónimos y gentilicios, latinismos
- Pronombres, adverbios, verbos, artículos, preposiciones…
- Concordancia
- Fenómenos lingüísticos particulares: queísmo, dequeísmo, voseo, leísmo/laoísmo/loísmo
- Tipos de oración: oraciones impersonales y pasiva refleja
- Numerosas construcciones y locuciones
- Voces dudosas: voces similares que se confunden en el uso, voces usadas con sentido impropio, calcos semánticos
- Reglas generales de conjugación verbal
- Listas de abreviaturas, símbolos, nombres geográficos y gentilicios
¿Cómo se usa este diccionario?
A pesar de sus múltiples ventajas, el DPD tiende a intimidar a los usuarios novatos y al público general no especializado en el campo de la lengua que, de repente, quisiera resolver alguna duda. O como me lo dijo alguien una vez: “No uso este diccionario porque nunca logro llegar a lo que busco”.
Sin duda algunos conocimientos de lingüística son deseables para utilizar esta obra, puesto que facilitarán la búsqueda. Habrá más oportunidades de encontrar las recomendaciones para evitar el dequeísmo, si ya se tiene una noción previa de lo que este concepto significa.
Ahora bien, si uno es un principiante, el diccionario mismo le irá proporcionando los conceptos para su uso. Desde mi experiencia, puedo dar las siguientes recomendaciones:
- Saber qué esperar del diccionario. Conviene familiarizarse con el tipo de lemas que incluye, las temáticas que toca y la manera de abordarlas. Bastaría con leer algunas páginas al azar y hacer un análisis de cada entrada. Por ejemplo, si se busca teoría amplia sobre la formación de palabras compuestas y de formación de palabras a partir de un prefijo, será más útil acudir a una obra de gramática (los capítulos de la Nueva gramática de la lengua española en este tema son particularmente profusos). Sin embargo, si específicamente se está buscando información sobre las palabras formadas con el prefijo “auto-”, se podrá consultar ese lema en el DPD.
- Ponerse en los pies del otro. Basta un poco de imaginación y preguntarse, desde la lógica de quienes organizaron el diccionario, ¿en dónde podrían haber situado lo que busco? Por ejemplo, si quiero saber cómo se escribe Navidad (con mayúscula o minúscula), no me aparecerá ninguna entrada “Navidad”, pero sí encontraré ese ejemplo en la entrada “mayúsculas”.
- Seguir las pistas. Una herramienta esencial en todo diccionario es la remisión. Se le llama así a esas líneas de cruce que todo diccionario debe tener, las pistas que le da al lector al indicarle en qué otras entradas del diccionario podría encontrar lo que busca. En el DPD, esto se expresa mediante una flecha (versión impresa) y un hipervínculo (versión en línea). Así, bajo la entrada “ligustre” veremos “⟶ ligustro”. Por lo tanto, la información se sitúa bajo la entrada “ligustro”, en donde también se explica “ligustre”. El diccionario puede remitir a artículos adyacentes, artículos completamente distintos o incluso a apartados dentro del mismo artículo.
- Leer periódicamente las entradas más extensas. Hay entradas que merecen ser leídas como un buen libro de texto. Las reglas de las preposiciones, los acentos, los fenómenos lingüísticos, el plural, las mayúsculas, la coma… Leerlas le ayudará al corrector a refrescar conocimientos, al editor a conocer reglas que no se imaginaba y al lector general a familiarizarse con los pormenores de la carpintería y mecánica de la lengua.
- Tomar notas. Me gusta llevar mi propia base de datos, organizada por mí, bajo las etiquetas en las que podré localizar luego la información, según mis propios recuerdos y experiencias. Así, cada usuario puede tener su mini DPD, a la medida de sus preguntas frecuentes y usos dudosos. Cada quien utilizará para esto las herramientas más a su gusto: cuaderno de notas, base de datos bibliográficas con apuntes de citas, extractos en documentos de texto o incluso la ayuda de programas para el manejo de bases de datos de investigación, como el DevonThink. El hecho de que el DPD se encuentre libre y gratuito para su consulta en línea facilita esta acción.
¿Por qué me conviene consultar el DPD?
Esta es una obra muy reciente (2005) en donde la Academia comienza a girar sus políticas. Más abierta y tolerante que los diccionarios de hace treinta años, el DPD considera los usos en otras zonas geográficas y tiende a cierta tolerancia. Esto a veces puede volver locos a quienes esperan una obra normativa absoluta, sin ambigüedades; pero nos facilita la vida a quienes creemos en el respeto por la expresión lingüística de cada pueblo.
El DPD da cuenta de criterios nuevos, algunos más tolerantes, en relación con el DRAE, registra algunos usos en el español de América, propone grafías para avanzar hacia la normalización y arbitra en diversos puntos sobre los que no había pronunciamiento previo.
¿Qué cuidados se debe tener en la consulta del DPD?
Cada año que pasa, la obra se desactualiza un poco y conviene, siempre, consultar las obras más recientes (en este momento, la Nueva gramática). Además, muchas de las normas del DPD son en realidad propuestas, no siempre las más felices, y, desde luego, no necesariamente las más aptas para nuestro público y entornos lingüísticos inmediatos. Siempre se necesita del criterio del lingüista y el editor para determinar si se acoge o no la recomendación, especialmente aquellas en donde se detectan contradicciones.
¿Dónde consigo el DPD?
En cada país hay librerías en donde se encuentra esta obra a un precio relativamente accesible para el tipo de obra que es. Pero aun cuando uno disponga de la versión impresa, la versión gratuita en línea (www.rae.es) es una herramienta indispensable, debido a la forma tan veloz en que se consulta y a la posibilidad de copiar y pegar, en nuestra base de datos personal, la información de interés.
viernes, 11 de junio de 2010
Navegador al servicio de la investigación y la escritura
Sin duda investigadores más experimentados habrán encontrado otras maneras de personalizar su navegador. En este artículo compartiré las funciones básicas que encuentro imprescindibles en un navegador web para acompañar mis labores diarias de investigación y escritura.
¿Cuál navegador elegir?
La respuesta depende de varios factores. En primer lugar, la plataforma utilizada. Si se usa Mac, el Safari es el programa más rápido, elegante y estable en su relación con otros programas; pero Firefox funciona bien, aunque mucho más lento y tiende a utilizar demasiados recursos del sistema. En Windows, la mejor opción es Firefox: rápido, completo y con muchos complementos necesarios.
Barra de favoritos
Conviene activar la barra de favoritos, para situar ahí los sitios web que más visitamos. Si bien en los favoritos en general podemos tener cuantas direcciones web queramos, siempre hay un conjunto básico de sitios indispensables a los que necesitamos regresar diariamente. Estos son los que deben ir en la barra. Es conveniente editarles el nombre y dejarlo en la menor cantidad de caracteres posible (entre 3 y 5) para tener más botones en el mismo espacio.
Los motores de búsqueda
Una función esencial para la investigación, la edición y la corrección son los motores de búsqueda, usualmente situados en la esquina superior izquierda, en la barra de herramientas. Tenerlos ahí, para su acceso rápido (sin necesidad de abrir una página web para emplearlos), ahorra tiempo; por lo cual es esencial tener los buscadores que más utilizamos en nuestro diario investigar y corregir.
El Firefox trae algunos buscadores predeterminados, como Google o Wikipedia. Ahí se puede desplegar el menú de todos los buscadores (pulsando el pequeño triángulo negro); al final del menú aparece la opción Administrar motores de búsqueda. Desde ahí se obtienen buscadores adicionales, a través de la página de complementos para Firefox. Recomiendo los siguientes: diccionarios diversos al gusto (Real Academia Española [DRAE], Webster’s, Longman), Enciclopedias (Wikipedia en inglés y español, Reference), Google imágenes, Google Libros y otras bases de datos que puedan ser de utilidad (Amazon, IMDB, eBay).
La limitación de los buscadores de Firefox es que dependen de los complementos que los usuarios hayan subido al sitio. Algunos de estos complementos se desactualizan con el tiempo y dejan de funcionar, como le ocurrió al buscador del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), unos años atrás.
El Safari 5 incluye tres motores de búsqueda predeterminados, pero la solución perfecta es un complemento gratuito llamado Glims. Entre sus muchas funciones de utilidad, una de las que más destaca para el investigador empedernido es la capacidad de añadir cualquier motor de búsqueda, sin necesidad de acudir a un complemento específico. Basta seguir las instrucciones en su sitio web y, al instante, casi cualquier diccionario o base de datos estará disponible a nuestro alcance. De esta manera, se puede añadir una variedad de diccionarios mucho más amplia que en Firefox, por mencionar algunos: DRAE, DPD, WordReference, Merriam Webster, Collins, Online Etimology, Etimo… Con el Glims, prácticamente cualquier sitio web o motor de búsqueda favorito queda al alcance de nuestros dedos.
La única limitación del Glims es que solamente funciona en Mac. Los usuarios de Windows no podrán emplear este complemento y seguramente deberán contentarse con el Firefox.
Gestor bibliográfico
Ya hemos hablado en otro artículo de Zotero, un gestor bibliográfico que funciona como una extensión gratuita del Firefox. No hay –y no habrá, según dicen sus desarrolladores– versión para Safari; pero la extensión corre en Mac y Windows. Si este ha sido el gestor bibliográfico elegido por usted para administrar sus fichas, sin duda querrá instalarla en Firefox y utilizar este programa para navegar. Si ha elegido otros programas, como Sente o Bookends, podrá prescindir de esta función y mantenerse en Safari.
Envío de párrafos o páginas a programas gestores de información
Programas para la gestión, almacenamiento y organización de fragmentos de información, como DevonThink, Evernote y ShoveBox, incluyen algún complemento para el navegador, tanto para Firefox como para Safari. Conviene asegurarse de tenerlos instalados para enviar la información rápidamente. Los usuarios de Mac también pueden hacerlo a través de los servicios, aunque en mi experiencia personal, los botones son la manera más rápida de capturar la información de páginas web.
Lectura en pantalla completa
Esta función la incluye la nueva versión de Safari 5 (apenas anunciada al mundo esta misma semana) y, con esto, se sitúa a la vanguardia de los navegadores para quienes debemos leer artículos académicos de cierta extensión. El programa automáticamente identifica si se encuentra ante un “artículo” y activa el botón lector a la derecha del campo de la dirección URL, en la parte superior del navegador. Cuando se pulsa este botón, el artículo pasa a primer plano, con un tipo de letra muy refrescante, sobre un fondo blanco (independientemente del color original de la página) y aislado del resto de la página por dos bandas grises translúcidas a los lados que, de paso, esconden todo lo que pueda estar en la pantalla. Esta manera de leer es sin duda más agradable y descansada para la vista; sin mencionar que contribuye a mejorar la concentración.
Sincronización con otros equipos
Un complemento indispensable es XMarks, disponible para Firefox y Safari, para Mac, Windows y Linux. Esta aplicación gratuita sincroniza todos los navegadores de un mismo equipo (el Safari con el Firefox) y todos los navegadores del mismo usuario en diferentes computadoras (la computadora de la casa y la del trabajo, por ejemplo), gracias a un servicio web en donde se almacenan los favoritos (bookmarks).
Otra de las ventajas del XMarks es que se mantiene como un respaldo permanente y actualizado de nuestra actividad con el navegador. Con esta aplicación, siempre será posible recuperar las direcciones guardadas, en caso de pérdida o de traspaso a una computadora nueva. Los favoritos también se pueden ver desde una página web, en caso de querer accederlos desde una computadora ajena.
Guardado de la sesión anterior
Una función muy útil para investigar es guardar los tabs o pestañas vistas la última vez que el navegador estuvo abierto. De esta manera, se puede continuar una búsqueda al día siguiente, exactamente en donde la dejamos, sin perder tiempo recuperando páginas o incluso tratando de recordar cuáles fueron las páginas visitadas. El Firefox es el más eficiente en esta función, aunque el Glims se la añade también al Safari.
En síntesis
El navegador web del investigador debe tener a la mano todo lo que este necesite: páginas web de acceso frecuente, diccionarios, bases de datos, captura de información, gestor bibliográfico (si se ha elegido esta opción), lectura cómoda, facilidad para recuperar la búsqueda del día anterior y sincronización. Con estas recomendaciones, personalizadas al gusto, el navegador se convierte en una herramienta cómoda y poderosa que vale la pena utilizar.
miércoles, 21 de abril de 2010
Cómo citar Wikipedia en APA
En vista de esta circunstancia, un sitio complementario de consulta indispensable es el blog de la American Psychological Association, en donde sus expertos responden a las dudas más frecuentes emergidas de un manual todavía incompleto.
La respuesta oficial de APA
Timothy MacAdoo, apegado al manual, responde que para citar Wikipedia debe seguirse el modelo 30 (APA, 2009: 205), titulado “Entry in an online reference work, no author or editor”.
Este es el ejemplo:
Psychology. (n.d.). In Wikipedia. Retrieved October 14, 2009, from http://en.wikipedia.org/wiki/Psychology
Atención a los detalles: la entrada no se escribe entre comillas (como ordena el manual para la lista de referencias, aunque sí debe escribirse entrecomillado si se cita en el cuerpo del texto), después de la preposición “en” no hay dos puntos y la URL (dirección web) se escribe sin subrayar y sin punto final. Al respecto del punto final, en otro lugar, el manual de APA dice (traduzco): “No añada un punto después de la URL, para prevenir la apariencia de que el punto forma parte de la URL. Este no es un problema de estilo, sino de recuperación” (p. 192).
Pero el punto más polémico de todos es la fecha: el ejemplo recomienda “n.d”, es decir, “no date”; en español, “sin fecha” o “s. f.”.
¿Por qué sin fecha?
Los lectores de ese blog le preguntan a McAdoo, pasmados, el porqué de esta determinación, bajo argumentos tan sensatos de que el “n.d.” debería reservarse como último recurso para publicaciones de las que realmente no conocemos la fecha y de que es obligación de quien cataloga o refiere proporcionar aunque sea una fecha aproximada (aunque sea el siglo, dicen, si es lo único que tenemos). Después de todo, Wikipedia guarda registro de todos los cambios realizados, con pelos y señales, incluyendo, al final de la página, la última fecha de modificación.
La respuesta del experto no fue satisfactoria: la fecha entre paréntesis se refiere año de publicación, y este criterio no es compatible con el de “fecha de modificación”.
Desde luego, para quienes trabajamos en entornos académicos, apegarse a un manual no debería impedirnos cumplir nuestra obligación: proporcionar información acertada sobre la verdadera fecha de creación de los materiales referidos. Esta necesidad es particularmente imperiosa en la era de los cambios frenéticos de Internet: necesitamos saber, con toda exactitud, qué versión está siendo citada, y para eso la misma Web nos da todas las herramientas necesarias.
La fecha de recuperación no basta
Como bien apuntan otros comentaristas del blog citado, la fecha de recuperación es insuficiente, por sí sola, para conocer la última versión de un artículo, porque una entrada puede ser modificada por diferentes editores varias veces en el mismo día.
Por eso, los lineamientos que la propia Wikipedia ha publicado en su sitio web en inglés para citar sus contenidos, proponen anotar el nombre completo de la enciclopedia (no el abreviado), consignar la fecha de última modificación del artículo, añadir la hora de consulta a la fecha y emplear el enlace permanente de la entrada.
He aquí un ejemplo, en inglés:
Psychology. (2010, March 16). In Wikipedia, The Free Encyclopedia. Retrieved 19:58, March 17, 2010, from http://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Psychology&oldid=350190310
¿Dónde está el enlace permanente?
El enlace permanente o permanent link es un hipervínculo que nos dirigirá siempre, sin excepción, a la versión exacta de la página tal y como fue vista en el momento de ser consultada. Basta con buscar en la columna izquierda de enlaces de cualquier entrada de Wikipedia. Es la única manera de lograr que autor y lector se encuentren en el espacio cibernético a pesar de las distancia en el tiempo. El lector podrá viajar al pasado al texto exacto que parafraseaba el autor que está leyendo.
¿Cómo castellanizamos la regla?
La expresión “retrieved from” es traducida por la quinta edición en español como “recuperado el”, seguido por la fecha, ejemplo: 8 de mayo de 2009 (APA en español, 2001: 269).
Finalmente, nos queda el tema de la puntuación de la oración. Los autores del manual de APA pueden quedar satisfechos con argüir problemas de exactitud más allá de lo que denominan “estilo”. En mi caso, haciendo un esfuerzo por no atropellar la lengua en el cumplimiento de las exigencias de de la era de Internet, prefiero emplear un separador semiótico que me permita indicarle al lector, sin la menor duda, cuáles componentes gráficos del texto forman parte de la dirección y cuáles no. Para esto, se encierra la dirección electrónica entre dos antilambdas, una de apertura y otra de cierre: < >; de tal manera que ahora sí puedo emplear el punto final de la oración, y respetar la correcta ortografía de nuestra lengua.
Resultado final
La consulta de un artículo originalmente consultado en español (no traducción; recordemos que si se consulta una obra en otra lengua distinta de la del autor o traducida, aplican reglas adicionales), quedaría así:
Artículo. ([año], [día] de [mes] [fecha de última modificación]). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el [día] de [mes] de [año] a las [00:00] de <enlace permanente: URL completa, incluido el http://>.
La hora debería citarse utilizando el sistema de notación de 24 horas, para que sea más sintético, preciso y universal. Desde luego, los corchetes aquí empleados deberían eliminarse por completo de una bibliografía final, así:
Bibliografía. (2010, 21 de abril). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 21 de abril de 2010 a las 17:17 de <http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Bibliograf%C3%ADa&oldid=36312255>.
Lista de referencias
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la american psychological association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition]. Trad. Maricela Chávez, Gloria Padilla, Mayra Inzunza, Alcyone S. A. de C. V., José Alberto Jiménez. México/Bogotá: Manual Moderno (Obra original publicada en 2001).
American Psychological Association (2009). Publication manual of the American Psychological Association (6th ed.). Washington, D.C.: Author.
sábado, 17 de abril de 2010
Zotero: bibliografías eficientes, gratuitas, sincronizadas y multiplataforma
Tiene las siguientes ventajas, nada despreciables:
- Un manejo bastante adecuado de los campos bibliográficos. Por ejemplo, es posible indicar que un «autor» es en realidad un «editor» o «coordinador» y el programa creará la entrada bibliográfica correctamente con ese dato; y añadir un traductor. Sin embargo, no contempla la inclusión del año original de publicación, necesario en obras clásicas, de más de un siglo y en traducciones (cosa que sí se puede hacer en Sente).
- Creación de entradas aunque no se disponga de página web o PDF, solamente llenando los campos de información.
- Capacidad para adjuntar archivos PDF.
- Captura de páginas web, con la creación automática de los metadatos respectivos. Aún así, conviene siempre revisar la información recopilada, porque puede llevar errores de diversa índole: ortografía, adjudicación de campos, etcétera.
- Integración, por medio de un plug-in o extensión, con Word y OpenOffice; y con drag and drop a cualquier aplicación abierta (aunque cuando la referencia se pasa así, hay limitaciones de formato).
- Multiplataforma. Es, en realidad, una extensión del Firefox, por lo cual puede utilizarse indistintamente en Mac, Windows y Linux.
- Sincronización. Si el usuario crea una cuenta en el sitio web de Zotero, podrá sincronizar cuantas computadoras quiera con la misma base de datos, aun si una de estas corre Windows y la otra es una Mac o tiene sistema Linux.
- Bibliotecas compartidas. Es posible crear colecciones públicas, ya sea total o parcialmente abiertas, o visibles solo por invitación. Esta es una herramienta útil para trabajar en colaboración con otras personas o miembros de un equipo.
- Reconoce archivos en formato BibTex y otros formatos de bases de datos bibliográficos, con lo que podemos importar nuestras bibliotecas ya creadas en otros programas, por ejemplo, para compartirlas o tenerlas disponibles fuera de la computadora de la casa.
Cuando la instalación ha sido exitosa, en el procesador de textos aparecerá una barra de herramientas con varios botones directamente vinculados a Zotero: insertar referencia, insertar bibliografía, modificar bibliografía, etcétera. Así, cuando uno quiere insertar una referencia, pulsa el botón respectivo. Una ventana de diálogo nos lleva de inmediato a Zotero para elegir la fuente; ahí podremos incluso indicar el número de página, en caso de tenerlo. Una vez aprobado todo, inserta la referencia, entre paréntesis, según el formato seleccionado. Para crear la lista de referencias, se pulsa el botón de insertar bibliografía y automáticamente, en tiempo real, van apareciendo las fuentes completas conforme las referencias se van insertando en el documento.
Así, de una manera muy sencilla, se va logrando un texto listo para publicación, siempre y cuando la base de datos esté completa, haya sido correctamente digitada e incluya todos los datos pertinentes. En el sitio web de Zotero prometen que es incluso saltar de un estilo bibliográfico a otro durante el proceso de escritura además, desde luego, de poder elegir entre modelos bibliográficos diversos, al menos los más utilizados.
Entre sus desventajas encontramos que nos obliga forzosamente a trabajar con Word u OpenOffice, programas que algunos escritores ya hemos dejado atrás.
No obstante, si su flujo de trabajo debe realizarse forzosamente con los procesadores de texto tradicionales, en plataforma Windows o dependiendo íntegramente de software libre, definitivamente Zotero es su mejor opción.
Cómo hacer una bibliografía con Sente
Comparto aquí la experiencia que he tenido con el programa hasta el momento, aunque estoy segura de que otros usuarios con más experiencia podrán compartir maneras todavía más eficientes de trabajar.
Una de las ventajas de Sente, por encima de las aplicaciones gratuitas limitadas a Word y OpenOffice, es su integración con cualquier procesador de texto o programa que emplee lenguaje RTF. Por esta razón, se puede emplear bien con Scrivener, Nisus Writer, Word y Pages. Su integración con Mellel es todavía mayor, una ventaja para quienes prefieren ese programa (mientras que la integración con Nisus es incipiente, comparada con la que este programa ha logrado con Bookends).
Las otras funciones en que Sente destaca son el excelente manejo de los campos bibliográficos y de notas o citas para el documento. Desde luego, también incluye un poderoso motor de búsqueda, la posibilidad de crear listas inteligentes y la organización de la base de datos a la medida del usuario, mediante colecciones de todo tipo.
Además de la información bibliográfica propiamente dicha, se pueden vincular adjuntos a cada referencia, especialmente útil para incluir documentos en PDF.
También contempla la posibilidad de incluir páginas web, con campos para la hora de recuperación del archivo que, como sabemos, debe incluirse en la lista de referencias.
Paso 1
Crear en Sente una base de datos en donde se colocará toda la información bibliográfica. Es conveniente crear una sola gran base de datos, puesto que la versión actual no permite combinar bases de datos distintas para escanear documentos. Los desarrolladores han prometido que versiones futuras ya tendrán esta función.
Paso 2
Crear el vínculo entre la referencia y el procesador de texto. Esto se puede hacer mediante dos formas:
- comando + y inserta la referencia en el procesador de texto. Este método tiene el inconveniente de que si hay dos procesadores de texto compatibles al mismo tiempo, lo insertará en aquel que aparezca primero en su lista.
- drag and drop desde la ventana de Sente hasta el procesador de texto. En este caso, hay que tomar en cuenta tres tipos de paso entre Sente y el procesador:
- drag and drop: entrada bibliográfica completa. Ejemplo: Corominas, J. (2005). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (3.a ed.). Gredos.
- drag and drop + command: hipervínculo a Sente. Ejemplo: sente:/Bibliograf%C3%ADa+total/Corominas+2005
- drag and drop + option: referencia entre llaves para crear la bibliografía posteriormente. Ejemplo: {Corominas 2005}
Si queremos incluir la lista de referencias, antes de proceder al último paso, hay que escribir, entre llaves, la palabra bibliography, en el lugar en donde queremos situarla, de esta manera: {Bibliography}.
Paso 3
Cuando hayamos terminado de redactar nuestro documento y queramos proceder a realizar la versión final para su publicación, mientras tenemos el documento abierto en el procesador de texto, vamos a Sente > file > scan document. Se abrirá en ese momento una ventana de diálogo para verificar el documento, seleccionar el estilo bibliográfico y elegir la ruta de destino para la versión final; seguidamente, el programa escaneará el archivo y dará un informe de todas las referencias encontradas.
Si estamos de acuerdo, Sente creará un duplicado del documento original, con el mismo nombre y, entre paréntesis, el nombre del estilo bibliográfico seleccionado. Veremos un duplicado exacto de nuestro artículo, salvo que ahora en donde antes había llaves, veremos las referencias bajo el formato seleccionado, tal y como esperamos verlas en la publicación definitiva; y en donde hayamos situado la bibliografía, encontraremos una lista íntegra de todas las obras consultadas y que hayan estado citadas en el texto.
Para un mejor desempeño del formato final, conviene programar Sente a nuestra medida, manipulando el uso de mayúsculas y minúsculas, colocando adecuadamente la información en los campos bibliográficos e, incluso, creando estilos bibliográficos modificados para incluir una puntuación correcta en castellano o la traducción de algunos datos automáticamente insertados. Si hemos realizado esto de manera adecuada, el margen de error en la bibliografía final será mínimo, aunque se recomienda siempre una revisión exhaustiva, si el objetivo último es una publicación.
La fantasía del investigador: bibliografías en un clic
En el artículo anterior mencionamos la imperiosa necesidad de mantener excelentes hábitos de recopilación de datos bibliográficos. Y cuando digo «excelentes», implícitamente le añado «obsesivo-compulsivos», «paranoicos» y «extra precavidos», todo para evitar un intolerable dolor de cabeza cuando estemos contra el tiempo, cumpliendo plazos de entrega y ya listos para ingresar en la cadena de producción editorial o de la academia.
Tras unos meses de experimentación, puedo decir con mucho alivio que existe una manera diferente de trabajar, pero esta requiere de cierta planificación, previsión y, sobre todo, deseos de hacer las cosas bien desde el principio.
El primer paso será seleccionar una herramienta informática para la administración de la base de datos bibliográfica. Como ya se ha mencionado antes en este blog, hay programas de pago de excelente calidad, como el Sente (Mac), el Bookends (Mac) y el Endnote (Mac y PC). Pero también hay gran variedad de herramientas gratuitas. En esta entrada de Wikipedia hay una comparación de los diversos programas y sus posibilidades.
Una vez elegido el programa, lo más temprano que se pueda en el proceso de investigación o de escritura inicial, el siguiente paso será crear la base de datos bibliográfica e irla completando poco a poco. La información será ingresada una única vez; pero, si se ha hecho bien, se podrá utilizar cuantas veces lo desee el usuario, en cuantos artículos, tesis o libros escriba. Por lo tanto, la creación de la base de datos debe ser nuestra prioridad, ya que será de utilidad durante muchos años y escritos por venir.
Una vez que se ha comenzado a escribir, según el programa que se haya elegido, se comienzan a integrar las referencias bibliográficas dentro del texto (en el procesador de textos). Cada programa funciona de manera distinta, pero el resultado es el mismo: al final logramos obtener un documento con sus referencias completas, con una bibliografía generada automáticamente desde el programa y con el formato bibliográfico de nuestra elección, a partir de la gran cantidad de alternativas que estas aplicaciones ofrecen.
Si estos sencillos pasos se han seguido durante todo el proceso de investigación y de escritura, el día antes de la fecha de entrega, solamente estaremos preocupados por revisar la redacción y cualquier gazapo en la bibliografía, pero no estaremos volviéndonos locos recuperando datos faltantes o leyendo de pies a cabeza los manuales de estilo bibliográfico para tratar de entender cuál es la manera correcta de anotar los datos de referencia.
Desde luego, es muy recomendable que el escritor académico maneje correctamente el manual del estilo de citación que está empleando, para que pueda verificar el formato que el software aplicará de manera automática; pero, sin duda, este método reducirá considerablemente el tiempo dedicado a crear las listas de referencias bibliográficas, reducirá el margen de error y le ayudará a presentar trabajos más profesionales con menor esfuerzo.
viernes, 16 de abril de 2010
Investigador precavido... publica buenas bibliografías
Uno de los errores frecuentes durante esta etapa es ser poco exhaustivos con la información bibliográfica. Meses, hasta años después, cuando ya hemos pasado muchas horas escribiendo y estamos listos para remitir el original a su publicación, o cuando un editor o corrector lo tiene en sus manos con la responsabilidad de lograr una bibliografía que tenga sentido, notamos los vacíos y apuros en los que nos metieron nuestros desordenados hábitos de acopio de datos.
Para evitar estas situaciones incómodas y ahorrar muchas horas en tratar de recuperar la información bibliográfica correcta, conviene tomar nota de todos los datos que podríamos necesitar después.
La lista no es muy extensa:
- Autor (nombre y apellidos)
- Nombre de la obra
- Editorial
- Ciudad de publicación
- País de publicación (algunos sistemas lo piden en caso de duda o ambigüedad)
- Editorial
- Edición (a menos que sea la primera)
- Página consultada
La respuesta es sí: toda la información pertinente para lograr una bibliografía completa debe ser tomada en cuenta y anotarse de una manera o de otra cuando llegue el debido momento.
Si no encontramos un autor en la cubierta, no debemos rendirnos tan fácilmente. Hay que buscar si hay un editor o coordinador del proyecto, en cuyo caso este aparecerá en el campo de «autor» con la anotación, entre paréntesis, de que este es un editor o un coordinador. Y aun cuando no haya, en apariencia, ningún editor o coordinador, habrá algunos casos en que la editorial puede fungir como autor y asumir esta responsabilidad.
Si estamos consultando una enciclopedia, no deberíamos conformarnos con anotar el nombre de la obra. También debemos tomar nota de la cantidad de tomos y volúmenes que tenga, cuál de todos estamos consultando y si los artículos o capítulos tienen autoría. Muchas enciclopedias tienen un carácter casi antológico y los créditos de sus partes y artículos están claramente delimitados. En estos casos, vale la pena tomar nota del autor de la «parte» consultada porque luego deberemos incluirlo en la lista de referencias.
En cuanto a las obras traducidas, tampoco estamos muy acostumbrados a añadir los datos de título original, año original de publicación y nombre del traductor.
Algunos diccionarios no consignan del todo el nombre de sus editores o coordinadores, pero la editorial pasa a ser la entidad colectiva que asume la responsabilidad de la obra. Es distinto el Diccionario de uso del español de Vox al de Editorial SM, aunque ambos tienen un nombre muy similar. Por lo tanto, la mejor manera de lograr una bibliografía sin confusiones es situar la editorial en la posición del autor y así indicar, sin equívocos, a cual equipo editorial se le debe la obra.
En el caso de las revistas, más vale tomar toda la información posible: año, volumen, número, fecha de publicación, páginas del artículo (no solo las páginas consultadas, sino de cuál página a cuál página, dentro de la publicación, se extiende el artículo).
Otros casos también complejos son las obras más o menos viejas (anteriores a la estandarización internacional) en donde no siempre hay una editorial o un editor; en estos casos, solo por si se necesitara, anotemos también la imprenta, porque esta es la información que podríamos consignar.
¿Y si del todo no localizamos un año, una ciudad de publicación, una editorial o imprenta? En ese caso, no cometamos el error de nada más dejar el dato en blanco. Escribamos, sin reserva y de manera explícita, que la obra consultada no tiene pie de imprenta o fecha; de manera que luego, cuando estemos armando la lista de referencias, no tengamos la menor duda de que ahí nos corresponderá escribir, por ejemplo, s. f. (sin fecha).
Si estamos consultando un archivo de fuentes primarias, lo más conveniente es tomar nota de todo; porque luego deberemos consignar la información de maneras especiales, indicando por ejemplo el folio, el tomo, la caja o cualquier dato que al lector le pueda servir para volver a encontrar el documento si así lo quisiera.
En cuanto a las referencias digitales, páginas web, versiones electrónicas de artículos de revistas que también existen en formato impreso, hay también que anotar toda la información que sea posible acopiar, incluyendo, en el caso de las páginas web, la fecha de consulta y, en algunos casos extremos, la hora de consulta (para aquellos sitios con actualizaciones continuas, como Wikipedia). No basta con tomar nota de la URL.
En general, es mejor que la información sobre y no que falte, para que al final no tengamos que andar sobre nuestros pasos, tratando de recuperar los datos que podríamos haber obtenido desde el principio con solo demorar unos minutos más y tomar nota de los detalles.
viernes, 12 de marzo de 2010
Entre dos mundos: ¿por qué me conviene sincronizar?
Pues bien, tres pequeñas aplicaciones cambiaron eso para siempre. La primera es DropBox. Lo que este programa hace es casi milagroso: crea una carpeta en el disco duro de mi computadora personal y lo vincula a un espacio web privado. En una sincronización que parece instantánea, los archivos son una exacta réplica los unos de los otros. Una vez hecho este primer paso, se procede a instalar la aplicación en la otra computadora, la computadora en la que pasamos la otra parte de nuestro tiempo, de nuestra vida (la del trabajo, por ejemplo) y ahí se crea, también en el disco duro, una réplica de esa carpeta que se sincronizará con la información almacenada en la página web. Cualquier emergencia o descalabro de información se podrá resolver rápidamente gracias al respaldo en la web, también accesible desde un navegador, sin necesidad de instalar el programa.
Esto es casi milagroso. En lugar de estar pasando a una llave maya, tengo carpetas verdaderamente compartidas, comunes, accesibles a la distancia. Esto me evita no tanto el simple traspaso, como el enorme gasto de energía y esfuerzo que me toma tratar de averiguar cuál es la última versión, estar renombrando los documentos y tantos miles de detalles que vienen detrás de estar tratando de sincronizar «a pie» o «a mano» unas carpetas con otras (sumados a los riesgos derivados: perder archivos, borrar la versión más reciente de forma accidental, olvidar hacer el respaldo, reemplazar la versión nueva con la vieja por accidente…).
El segundo programa que ha pasado a ocupar un lugar preferido en mi lista es el Evernote. La aplicación en sí es casi modesta si la comparamos con DevonThink o incluso con NoteBook (de Circus Ponies); sin embargo, tiene unas características que la hacen invaluable: versiones tanto para Macintosh como para PC y sincronización indolora. Así las cosas, la ventaja del Evernote es que puedo instalarlo en dos computadoras de plataforma distinta, una Mac y una PC, por ejemplo, y también mediante una página web que sirve como punto intermedio, sincronizar ambas computadoras. Así, las notas y listas de pendientes que escribo en la computadora del trabajo están disponibles en mi computadora de la casa de manera inmediata, sin mayores traspasos ni pérdidas de tiempo en respaldos de ninguna clase, sin ningún esfuerzo adicional. Las puedo seguir modificando y alterando, actualizando y cumpliendo y, a la mañana siguiente, cuando regrese al trabajo, ahí estará toda la información actualizada, según la última versión de la noche anterior.
La tercera de estas aplicaciones bendecidas por la sincronización es Zotero. Aplicaciones como Sente, Bookends y Endnote son mucho más eficaces administradores bibliográficos, pero todas son aplicaciones de pago y, las dos primeras, solo existen para Macintosh. ¿Qué hacen los usuarios de PC y qué hacemos quienes solo podemos tener Mac en nuestra casa y no en el trabajo? Esta aplicación es un excelente «plan B», una ayuda para disponer de una herramienta de investigación que además se integra bien con Word y OpenOffice. Zotero, exactamente igual que las dos aplicaciones anteriores, puede sincronizar varias computadoras con la misma base de datos, gracias a la intermediación de un sitio de almacenamiento en línea, también accesible como página web.
Estos tres programas son gratuitos y proporcionan una cantidad básica de espacio de almacenamiento en la red también gratuito. Si el usuario siente que el espacio es muy poco, puede optar por un plan de pago para ampliar la capacidad de almacenamiento.
Así, en síntesis, la capacidad de sincronización, la posibilidad de sincronizar varias computadoras (tantas como queramos), ya sean Macintosh o PC, y el hecho de ser aplicaciones gratuitas, hace que estas sean tres herramientas invaluables que pueden transformar la manera de utilizar la red para quienes piensan que internet es solamente navegar y enviar correos electrónicos.
domingo, 7 de marzo de 2010
Puntos suspensivos: omisión de texto al final de la cita
En caso de que sean obligatorios o la obra tenga un carácter erudito que obligue a la precisión, para ser consecuentes con la fidelidad de la transcripción, deberíamos acoger el criterio de Martínez de Sousa, quien aclara que cuando la cita no finaliza en signo de final de oración (punto, puntos suspensivos, admiración, interrogación), ese signo debería eliminarse (para que no quede suelto) y reemplazarse por un espacio seguido de puntos suspensivos entrecorchetados. Pero en este caso, para mantener la unidad de la edición, también debería optarse por encorchetar los puntos suspensivos que se pongan para indicar omisión al inicio de una cita. (Debe hacerse la advertencia: si la obra tiene muchas citas, se verá recargada, exagerada la cantidad de signos empleados para decir que la frase está inconclusa).
Con respecto a la inclusión de los signos de puntuación finales de la cita, hay divergencia de criterios. Martínez de Sousa indica que no deberían suprimirse, de modo que siempre sepamos si esa es la última palabra de la oración o quedó texto sin citar (2007: 75).
En la práctica, debido a la complejidad de las citas, a menudo combinadas con otros signos como las comillas, la estricta inclusión del punto del texto citado a veces recarga la transcripción, puesto que se yuxtapone visualmente al punto de cierre de oración que puede aparecer detrás de las comillas; además de que le da al lector una falsa sensación de cierre cuando la frase o párrafo dentro del que se coloca la cita todavía no ha terminado (únicamente han terminado las palabras transcritas, pero no necesariamente la idea que está exponiendo el autor).
Puntos suspensivos: omisión de texto al inicio de la cita
Para estos casos, el Diccionario Panhispánico de Dudas indica una norma particularmente interesante: introducir un espacio en blanco entre los tres puntos suspensivos y la primera palabra de la cita, como un instrumento para indicarle al lector que estos puntos suspensivos corresponden a una omisión textual y no, como podría pensarse, a un signo colocado ahí por el autor original de la cita.
Como editora y como lectora, considero que esta es una norma sensata y me ayuda a identificar, sin ambigüedades, qué indica ese signo tipográfico.
Ahora bien, ya más como editora, creo que conviene siempre hacerse una pregunta necia: ¿realmente se necesitan esos puntos suspensivos? Si somos estrictos con el razonamiento, una cita, por su propia naturaleza, es siempre un texto inconcluso (a menos que sea un microcuento de un párrafo; pero esas serán las excepciones, no la norma). La cita siempre comienza en otro lugar, proviene de un pensamiento previo y concluirá muy lejos del fragmento que ha sido seleccionado. Esta pregunta es válida también para los puntos suspensivos finales. Entonces, el editor deberá mirar el texto con mucho cuidado e interrogar finamente al autor a través de sus signos (como lo hará cualquier lector en su casa): ¿realmente esos puntos suspensivos le agregan algo al texto, semióticamente hablando? ¿No son, acaso, un simple vicio de escritura copiado de textos que al autor le parecieron elegantes o chic? ¿En verdad es necesario introducir la ensoñación de los puntos suspensivos para que el lector se pierda en ellos y tome la cita como un fragmento que capta del aire, incompleto?
La respuesta a estas preguntas dependerá, forzosamente, de la percepción de quien las haga, del contexto de la cita dentro de la obra y, claro, de la naturaleza de la obra por publicar. Unas ideas personales al respecto: en obra literaria o filosófica es posible encontrar más excusas y «contextos adecuados» para esos puntos suspensivos iniciales. En obras académicas, científicas o didácticas, en cambio, sobran y se convierten en un peso innecesario; especialmente si hablamos de obras de más de 300 páginas plagadas de citas.
Por lo tanto, siempre que usted se encuentre (como autor, editor o corrector) unos puntos suspensivos al inicio de la cita, antes de simplemente añadir el espacio recomendado por el DPD, pregúntese primero: ¿realmente se necesitan? Y, sin misericordia, elimine todos los que sobren; de manera tal que solamente se conserven aquellos cuyo aporte semiótico sea lo suficientemente poderoso para hacer la diferencia en la lectura.
Algunas normas
Para efectos prácticos, conviene siempre estar al tanto de las normas al respecto, según diferentes criterios:
- Real Academia Española: avala el uso para los casos en que se quiere dejar muy en claro que la reproducción de la cita no se hace desde el inicio del enunciado (DPD, «puntos suspensivos», 2.h).
- Normativa bibliográfica del APA: indica que no deben utilizarse nunca, excepto en el caso específico en que su uso prevenga una interpretación errónea del texto (2001: 135).
- José Martínez de Sousa: comenta que puede eliminarse sin consecuencias, puesto que el iniciar la cita con una letra minúscula es indicador suficiente para saber que esa no es la primera palabra del párrafo u oración (MELE 3: 75).
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Original work published 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.
martes, 16 de febrero de 2010
Ortotipografía: ponencias, conferencias, foros y videoconferencias
El Manual de estilo de lengua española sigue siendo una de las obras de referencia más completas. José Martínez de Sousa incluye las entradas de conferencias y ponencias en donde proporciona la información básica para tomar estas decisiones editoriales.
Debemos distinguir entre dos tipos de actividades: las exposiciones individuales o colectivas en donde una persona o un pequeño grupo de personas emite un discurso, imparte una conferencia, da a conocer resultados de sus investigaciones e intercambia con sus pares puntos de vista diversos sobre el mismo tópico. Entran, bajo esta categoría, las conferencias y videoconferencias universitarias, las ponencias o comunicaciones en congresos y atividades afines, y las actividades también llamadas foros o conversatorios, en donde varios académicos conversan sobre un tema, bajo la guía de un moderador.
Este tipo de ponencia o conferencia se escribe con letra redonda, entre comillas y con todos sus adjetivos y sustantivos en minúscula. En otras palabras, se le da un tratamiento muy similar al de los artículos de revista. Un ejemplo, tomado del MELE 3, es el siguiente:
"Los diccionarios del siglo XX", ponencia en el Institut Universitari de Lingüística Aplicada de la Unversidad Pompeu Fabra, de Barcelona.
A veces los mismos nombres de conferencia y foro se aplican a actividades de mayor envergadura, en donde personalidades o figuras destacadas se reúnen durante una cierta cantidad de días a tratar asuntos de su competencia. Este tipo de actividades recibe el mismo tratamiento que los congresos: sus nombres se escriben con letra redonda y mayúscula inicial para todos sus adjetivos y sustantivos. Es el caso del Foro de las Américas o la Conferencia de Ginebra.
Nota para usuarios de APA
Si estamos construyendo una lista de referencias según la normativa de APA (American Psychological Association), y la estamos siguiendo de manera ortodoxa y rigurosa, es necesario tomar nota de un detalle: el manual de la quinta edición en español recomienda utilizar las comillas para ponencias, conferencias y artículos de revistas cuando se citan dentro del texto, pero las elimina en la lista final de referencias. ¿Por qué esta arbitrariedad? No conozco la respuesta. Como editora, me parecería más coherente mantener la convención de comillas dentro de texto y dentro de la lista de referencias.
El APA contempla dos escenarios bibliográficos para una conferencia o ponencia, ya que esta podría haber sido publicada en una memoria o bien podría haber quedado inédita. Copio textualmente los ejemplos proporcionados, en inglés.
Caso 1: ponencia que forma parte de las actas publicadas del congreso o simposio
Deci, E. L. & Ryan, R. M. (1991). A motivational approach to self: Integration in personality. En R. Dienstbier (Ed.), Nebraska Symposium on Motivation: Vol. 38. Perspectives on motivation (pp. 327-288). Lincoln, EE. UU.: University of Nebraska Press.
El nombre del simposio o congreso, siguiendo las normas de correcto español, irá con mayúscula inicial en todos sus adjetivos y sustantivos. La cursiva que vemos en este ejemplo se aplica porque corresponde al título de una obra publicada, no al simposio o congreso propiamente dicho.
Con respecto a la anotación del país, en otra parte del mismo manual se dice que es opcional (aunque aparezca continuamente en los ejemplos), según si la ciudad es lo suficientemente conocida y no hay riesgo de ambigüedad. Si la región, estado, provincia o país de publicación forma parte del nombre de la universidad que aparece como sede o como editora, tampoco debe repetirse en la localidad del editor, cuando se trata del mismo lugar.
Caso 2: Contribución no publicada para un simposio
Lichtestein, K. L., Johnson, R. S., Womack, T. D., Dean, J. E. & Childers, C. K. (1990, junio). Relaxation therapy for polypharmacy use in elderly insomniacs and non insomniacs. En T. L. Rosenthal (Presidente), Reducing medication in geriatric populations. Simposio efectuado en la reunión del First International Congress of Behavioral Medicine, Uppsala, Suecia.
La normativa APA recomienda que se incluya el mes de realización del evento, además del año.
Cabe observar en este ejemplo tomado del manual de APA en español que en el proceso de traducción ha faltado seguir las reglas para obras en lengua distinta de la publicación; por eso vemos el nombre del simposio y de la ponencia en inglés, pero traducen al español la frase «simposio efectuado en la reunión del...». Esto, en mi opinión, es una errata de la edición de ese manual que resulta de complejo proceso de adaptar ejemplos pensados en una lengua para un manual que se publica en otra. Al respecto, conviene seguir los lineamientos de los que ya hablamos en un artículo anterior.
Bibliografía consultada
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la american psychological association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Obra original publicada en 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
lunes, 1 de febrero de 2010
Las referencias de obras traducidas en APA
El formato bibliográfico APA es uno de los más utilizados en muchas áreas científicas fuera de la psicología, especialmente en las ciencias sociales. Por moda o uso irreflexivo, cosa que no someteremos a análisis en este artículo, una de las dificultades de su aplicación es la generalizada ignorancia sobre sus pormenores. Muchos académicos se limitan a consultar resúmenes que circulan en internet, traducidos por alguien más e interpretados a su manera. Pocos adquieren el manual, ya sea en inglés o en español, y una gran cantidad de ellos hacen caso omiso de algunas de sus recomendaciones.
Una de estas recomendaciones es lo relativo a las obras traducidas. Por obra traducida me refiero a aquellas obras que consultamos en otra lengua distinta de la original. Una bibliografía académica que se respete debería darle al investigador serio todo cuanto necesita para contextualizar correctamente la información bibliográfica. En otras palabras, tan importante es el año de la traducción (la edición que está consultando) como el año original de la publicación; así como su nombre en la lengua original, especialmente para aquellos casos en que la traducción experimenta un cambio radical. Pensemos, por ejemplo, en que no es lo mismo decir “Frazer, 2005” que “Frazer, 2005, originalmente publicado en 1898”; el caso de La rama dorada de James Frazer.
Yo misma, durante muchos años, creí que el APA no contemplaba una normativa para incluir este tipo de información bibliográfica. Me equivocaba.
Si tomamos la traducción al español de la quinta edición del manual de APA (2001), podemos ver en la página 251, en el ejemplo 31, las directrices para la referencia de un libro que no se encuentra en español. Tenemos varios escenarios. Cada uno tiene sus pequeños detalles de orden de la información y ortotipografía de sus componentes. En este aspecto, las normas de APA se complementan con las observaciones de José Martínez de Sousa, en el Manual de la lengua española, en donde se especifica que “cuando el título está en una lengua extranjera y la obra no se ha traducido, se puede añadir una traducción española entre corchetes” (2007: 96).
Caso 1: consulta de traducción de una obra originalmente publicada en otra lengua:
Kuhn, T. S. (1971). La estructura de las revoluciones científicas (Agustín Contín, trad.). México: Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1962).
Caso 2: consulta de una obra en su lengua original, diferente de la lengua del investigador, con traducción existente en la lengua del investigador:
Kuhn, T. S. (1962). The Structure of Scientific Revolutions [La estructura de las revoluciones científicas]. Chicago: The University of Chicago Press.
Caso 3: consulta de una obra en su lengua original, diferente de la lengua del investigador, sin traducción existente en la lengua del investigador:
Schriver, K. A. (1997). Dynamics in document design [La dinámica en el diseño de documentación]. New York: John Wiley & Sons.
El observador acucioso habrá notado ya la diferencia de uso entre las cursivas del título entre corchetes, que le indican al investigador versado si la obra existe o no traducida al castellano.
Estas consideraciones se aplican también a los artículos de revistas; según APA, simplemente se añade entre corchetes la traducción.
Nombre del traductor
Según la sexta edición de APA (2009: 204), el nombre del traductor debe incluirse entre paréntesis después del nombre de la obra. La referencia parentética dentro del texto debe incluir los dos años, el de la publicación original y el de la edición utilizada, en orden de antigüedad, como puede verse en el ejemplo (caso 1).
Referencia parentética de obras traducidas
Puesto que una obra traducida tiene dos años de publicación distintos, uno de su primera edición en lengua original y el de la edición que se está consultando, el manual de APA (2006: 204) indica que deben consignarse ambos años, de la siguiente manera: (Kuhn, 1962/1971). La edición original se consigna en primer lugar. Si es una obra clásica, además hay que incluir las abreviaturas trad. o vers. (para versión), según sea el caso: (Platón, trad. 1985).
¿Cómo se traduce “original work”?
El manual del APA en inglés utiliza la leyenda “Original work published 1962”. La traducción al español realizada por Manual Moderno lo traduce literalmente como “Trabajo original publicado en 1962”. Han elegido hacer una traducción demasiado literal, en mi opinión. La palabra obra es la traducción más correcta para work en este contexto.
Lista de referencias
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association (Maricela Chávez, Gloria Padilla, Mayra Inzunza, Alcyone S.A., Alberto Jiménez, trads.). (2.a ed.). México/Bogotá: Manual Moderno. (Obra original publicada en 2001).
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association [Manual de publicaciones de la American Psycological Association]. (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Nota de actualización
Este artículo fue corregido y actualizado el día 22 de junio de 2010, para eliminar errores de interpretación sobre la norma APA en lo concerniente a la referencia de traducciones y para añadir información nueva.