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sábado, 18 de diciembre de 2010

¿Por qué se necesita la norma editorial?

La nueva ortografía del español ha levantado mucha polémica. La solución, fortuita o no, ha sido echar lo que a los oídos de un audiencia acostumbrada a seguir órdenes ha sonado como un balde de agua fría: la norma es opcional. Cada hablante decidirá si la sigue o no.

Esto ha dejado a muchos en la incertidumbre: “¿Cómo puede ser opcional una regla? ¿Y ahora cómo se hacen las cosas?”. Cuando la adecuada reflexión no acompaña esta clase de afirmaciones, se corre el riesgo del caos. Si ninguna regla es “obligatoria”, ¿para qué estudiar gramática? ¿Para qué hacer el esfuerzo de aplicar un estándar? ¿Para qué necesito conocer la diferencia entre un adjetivo y un pronombre, si de todas maneras importa poco la forma en que los escriba? Y si ahora todo es correcto, ¿por qué la editorial me pide que haga las cosas de una cierta manera…?

La ortografía y las normas gramaticales son un instrumento necesario para garantizar la comunicación. No escribimos para nosotros; escribimos porque tenemos la necesidad de comunicar algo: tenemos algo que decir y no es suficiente gritarlo al viento y conformarse con su desvanecimiento en el aire. Las palabras emitidas a través de la oralidad son efímeras y bellas en su trágica e inevitable desaparición y en los límites de su alcance. La voz llega hasta donde llegue el sonido. La onda expansiva tiene un final. Y aun cuando la tecnología de las comunicaciones ha cambiado esta condición, igual desaparecen una vez finalizada la transmisión. Por eso escribimos. Por eso sentimos la necesidad de dejar, literalmente, una marca en el mundo. Una huella tangible y visible cuya permanencia se extienda más allá de nuestro periodo vital. La escritura es un medio para mantener la ilusión física de la eternidad…

Un lugar común, nada nuevo digo, excepto traer la atención sobre el hecho incuestionable de que escribo para ser leído por otro, por alguien distinto a mí. ¿Y cuáles son las consecuencias de este hecho desde el punto de vista editorial? Si quien lee el texto carece del código para descifrarlo, el acto mismo de la lectura es imposible. Y aun las palabras más bellas escritas en piedra se desvanecerán y perecerán en la sombra de los tiempos, si se convierten en signos sin código, en formas sin contenido.

La norma editorial se encarga de mantener un código estable, común y difundido entre todos los lectores para garantizar el acceso a los contenidos del texto. La ortografía, la ortotipografía e incluso la gramática son instrumentos para mantener la estabilidad de los signos gráficos que hacen posible la comunicación textual. La gramática también existe en la oralidad: las oraciones tienen sintaxis, la posición de las palabras contribuye a desentrañar su significado.

En el texto escrito la sintaxis y la morfología por sí mismas son insuficientes; necesitan de signos gráficos que las hagan evidentes y reproduzcan apenas algunas de las variaciones significantes de la voz. Por ejemplo, ¿cómo se escriben un tono, un énfasis, una pausa? Un ejemplo típico del español es la tilde: un signo gráfico modificador (ni siquiera alcanza el estatus de letra) para indicar una diferencia en la entonación. Ni hablar de los gestos, totalmente ausentes del texto escrito, si no es mediante la descripción.

Una editorial, cualquiera que sea su especialidad, es una empresa de comunicación cuya finalidad principal es publicar textos escritos que serán difundidos entre una amplia audiencia. El tiraje mínimo es de 500 ejemplares (aunque ya se hacen tirajes aún menores) y un best seller puede llegar a vender millones de copias, no solo en el pináculo de su éxito sino a lo largo del tiempo (long seller). Y cada copia, ya lo sabemos, pasará por muchas manos en su larga vida, que puede alcanzar siglos.

En consideración a esos lectores incontables redactamos, seguimos y aplicamos las normas editoriales. No nos motiva el interés de estar constantemente dictando órdenes y creando reglas. Nos interesa mantener un código generalizado y ampliamente difundido que garantice el éxito del acto de lectura. Nuestros libros se publican para ser leídos y esa es razón suficiente para hacer el máximo esfuerzo por publicar textos legibles y comprensibles por toda la audiencia. Esa es la función de la norma.

Así, la nueva ortografía de la Real Academia Española y las Academias Americanas es opcional; pero las editoriales seguirán necesitando sus estándares de publicación y esos, para los colaboradores de esas editoriales, no son opcionales: son un gesto de amor y un acto de responsabilidad hacia sus lectores.

martes, 7 de diciembre de 2010

Bienvenida a la nueva ortografía del español

Ya está circulando una lista de los cambios más significativos de la nueva ortografía de la Real Academia Española, desde el pasado 29 de noviembre también avalada por las academias del continente americano.

La nueva ortografía ha sido descrita por sus responsables de la siguiente manera: razonada, amplia y exhaustiva, coherente, simple, moderna, panhispánica e innovadora. Si en verdad logra esta ambiciosa descripción, solo se podrán comprobar cuando la obra esté publicada.


Ochocientas páginas de justificación
Actualmente rige una ortografía de 161 páginas. La publicación que en este momento está en prensa supera, según dicen, las 800 páginas. Sin embargo, no aumenta su tamaño por la cantidad de innovaciones, sino por ofrecer un desglose de los criterios y razones sobre los que se fundamentan las decisiones y por atender áreas grises en donde ninguna publicación anterior había emitido criterio. En este sentido, esperamos con avidez los nuevos capítulos dedicados a las mayúsculas y minúsculas, los nombres propios, las expresiones originarias de otras lenguas y la ortotipografía.

La principal novedad, por lo tanto, no es cuánto modifique el sistema ortográfico español, sino cuánto contribuya a clarificar las escuetas reglas que, hasta la fecha, han dejado vacíos de interpretación y han obligado a gastar horas innumerables (e irrecuperables) en determinar cómo se escribe en nuestra lengua el nombre de tal o cual país o, lo que es peor, si tal palabra lleva o no mayúscula.

La nueva ortografía inclina pero no obliga
Otra novedad que los periodistas difunden de manera absolutista y parcial es la aceptación de que la norma se sugiere pero no se impone. Sin esta condición, difícilmente la Academia Mexicana de la Lengua habría aprobado la pérdida de la tilde en los demostrativos (éste, ése, ésos, aquél, aquéllos…) y en el adverbio solo (antes sólo). Esa academia ha sido, durante el largo debate que precede esta ortografía, la más resistente a este cambio. (Me consta la vehemencia con que los mexicanos defienden estas dos tildes; no me consta el debate académico porque no estuve ahí). El asunto se ha resuelto de una forma salomónica, o dicho en palabras de Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua, “si alguien cree que se va a morir si no le pone el acento a ‘solo’, pues antes de que se muera pues póngale el acento”.

La norma se acepta o se rechaza, pero dentro un rango de acción. Por ejemplo, no puedo, por puro gusto, escribir “zohlo” simplemente porque “la nueva ortografía no es obligatoria”. Si así lo hiciera (que podría estar en todo mi derecho individual), surge la otra pregunta: ¿quién me entendería? La norma cumple una función homogenizadora y contribuye a garantizar la comunicación entre zonas lingüísticas diferentes. En el mundo editorial es imprescindible. Ahora bien, la norma puede ser vertical, elegida y hasta impuesta por una institución; u horizontal, surgida de la selección popular, el gusto de las mayorías y la imposición del uso… Pero en ambos casos, sigue siendo norma.

La nueva ortografía respeta el uso. Por lo tanto, propone una norma y ahora deja en manos de las masas su aceptación en el uso. Habrá que dejar pasar el tiempo para ver cuáles sugerencias de homogenización triunfaron.

El “nuevo” alfabeto castellano
Otra novedad polémica es la supuesta desaparición de dos letras, ahora consideradas dígrafos: la Ch y la Ll. Este es un asunto de coherencia. En la ortografía de 1999 la Ch era denominada dígrafo (sonido representado por dos signos o grafos) y la Ll era denominada letra. Absurdo o errata, no lo sé; pero incoherencia, sin duda.

La ortografía, por definición, es la correcta norma (orto) de los signos escritos (grafía). Por lo tanto, rige la escritura, no el habla. Entronca con aquella por necesidad, en tanto se entienda la escritura como una representación del habla. Pero desde el punto de vista de sistemas de signos, una cosa son los signos orales y otra muy distinta los escritos.

Por lo tanto, lo que indica la nueva ortografía es la lista oficial de signos escritos del alfabeto castellano, no sus combinaciones. Si el alfabeto representase fielmente todos los sonidos de nuestra lengua, no tendríamos 27 signos alfabéticos, tendríamos 50 o 60. No lo sé. Pero siempre recuerdo una conferencia en la que una estudiante de posgrado de la Universidad de Costa Rica distinguía cerca de 17 variantes del fonema /r/ en un zona muy focalizada del Valle Central (mi memoria falla y no recuerdo la cifra exacta, pero eran muchas). No tenemos un signo para cada R distinta. Puesto que el nuestro no es un alfabeto fonético, un solo signo basta para efectos de escritura y de nomenclatura.

Así, la Ch y la Ll no desaparecen del sistema fonológico, solo de la lista oficial de signos alfabéticos únicos. Siguen existiendo pero considerados dígrafos, es decir, signos compuestos por dos letras. Por eso, un amigo mío cuyo apellido comienza con Ch, antes de tener una crisis de identidad, seguirá abreviándolo con la Ch y no con la C y tiene toda la razón en hacerlo. Que una sea letra y la otra sea dígrafo no las hace menos necesarias a las dos, ni menos eficientes en su condición de signo (ya sea simple o compuesto).


En síntesis
La nueva ortografía ayudará a aunar criterios en toda la región hispanohablante; sin embargo, apenas se está iniciando un largo camino de abierta lectura, discusión y reforma. Sin duda dentro de 10 o 15 años aparecerá una nueva ortografía en donde ya se recojan muchos de los criterios que están por emitirse.

Mientras tanto, para quienes batallamos diariamente con la norma de la escritura (no de la oralidad), esta nueva ortografía, con todo y su polémica, será un bálsamo y una gran ayuda. De mi parte, le digo: ¡bienvenida!