martes, 2 de noviembre de 2010
Scrivener 2.0 para Mac ya está aquí
Apenas estoy comenzando a navegar entre sus nuevas funciones, pero ya estoy pasándola en grande. El binder o zona de trabajo tiene mejoras para acercarlo más a la mente del escritor: ahora es posible asignarles iconos a las carpetas y se ha añadido una función interesante: las colecciones. Se pueden crear grupos de archivos (por ejemplo, identificar todas las escenas de un determinado personaje) y verlos como grupos separados.
Me encanta la función de referencia rápida (quick reference) porque despliega una ventana flotante con acceso rápido a cualquier documento. Sumado a la ya existente función de dividir pantalla y a las mejoradas capacidades para guardar metadatos de cada archivo (anotaciones, palabras clave, fotografías…), esto hace más versátil el trabajo y la comparación entre documentos, ya sean notas u otras escenas, y el texto que se esté escribiendo en ese momento.
Las capacidades de sincronización y respaldo de Scrivener 2 también son superiores. Con Dropbox y el iPad en mente, hay varias alternativas para tener acceso a un proyecto desde un aparato móvil o desde otra computadora. Los respaldos hechos a carpetas de Dropbox prometen ser más estables que antes. La capacidad de sincronización con carpetas externas se suma a las funciones –como el snapshot– pensadas en escritores paranoicos que no desean perder una sola línea de trabajo.
Queda todavía mucho por explorar en este programa, pero ya tendré ocasión de ir compartiendo mis hallazgos. Por ahora, quede usted en libertad de hacer la prueba por cuenta propia. Diviértase encontrando maneras creativas de aplicar las funciones de un programa diseñado para escribir, no solo para transcribir.
martes, 26 de octubre de 2010
Scrivener: nuevas versiones para Mac y Windows
Desde el 25 de octubre está disponible para descarga la versión beta de Scrivener para Windows. Los usuarios atrevidos o impacientes (incapaces de esperar hasta febrero del 2011 para usar una versión más estable) ya pueden beneficiarse de las habilidades del hermano menor de Scrivener. Sin duda es un hermano y no un gemelo: Scrivener para Windows ha sido diseñado específicamente para esta plataforma, con todas las limitaciones que esto implica. Se mantienen el concepto y las funciones esenciales del programa, pero todavía es más atractivo de emplear en una Mac.
Y para los usuarios de Mac, los fieles seguidores de este programa tendremos la posibilidad de comprarlo o actualizarlo a partir del próximo 1 de noviembre. No obstante, para los impacientes, ya se puede descargar una edición especial de prueba de Scrivener 2.0 para los escritores que participan en el NaNoWriMo (National Novel Writing Month [Mes Nacional de Escritura de Novela]), una maratónica escrituril con el reto de escribir una novela completa de mínimo 50 000 palabras (175 páginas) en un solo mes (es una prueba de cantidad, no de calidad, según declaran sus organizadores).
Scrivener 2.0 y Scrivener para Windows utilizan el mismo formato de archivo; por lo tanto, quienes tengan interés en una solución multiplataforma para escribir, podrán iniciar la experimentación del paso de Mac a Windows y viceversa.
¿Qué espera? No lo piense más y descargue ya este programa esencial para cualquier escritor del siglo XXI. No es publicidad, en serio… Es compartir la mejor solución con la que he cruzado para darle rienda suelta a la creatividad con una herramienta especialmente diseñada para escribir novelas (y no transcribir cartas y memos).
jueves, 23 de septiembre de 2010
Scrivener para Windows: el mejor programa para escritores llega a la PC
El día de ayer, Literature and Latte hizo un anuncio extraordinario: durante dos años, secretamente, se ha estado elaborando una versión de Scrivener que pueda correr en Windows como una aplicación nativa de esta plataforma.
Este esfuerzo de programación es el resultado del esfuerzo de Lee, un escritor y programador australiano quien desarrolló independientemente la versión para Windows, bajo el consentimiento y la retroalimentación de Keith, el programador de Scrivener, y el equipo de Literature and Latte.
El éxito de Scrivener reside en que es un programa para escritores diseñado por escritores. Keith no tenía en mente fundar una compañía de software, sino disponer de una herramienta de escritura hecha a sus necesidades, a su gusto y para su plataforma favorita: Macintosh. Así, tomando sus componentes favoritos de todas las aplicaciones con las que intentó escribir su gran novela de éxito, creó un programa a la medida de su trabajo creativo.
Afortunadamente, para los demás escritores del mundo, Keith no fue egoísta y compartió su pequeña joya. De inmediato encontró adeptos, y ahora este programa se ha convertido en la herramienta por excelencia de muchos de nosotros, escritores y editores que estamos lidiando con personajes, tramas y palabras y no tenemos tiempo para, además de todo, lidiar con procesadores de texto diseñados para escribir memorandos y cartas (en otras palabras, Word).
Los escritores usuarios de Windows han tenido programas similares durante muchos años, décadas ya, pero ninguno alcanza la elegancia, la versatilidad y el refinamiento de Scrivener. Puedo afirmar, sin remordimiento alguno, que he pasado muchas horas probando todos los programas de escritores para Windows, en mi intento por encontrar uno, al menos uno, que fuera tan sencillo y poderoso como Scrivener. Sobra decirlo: no lo encontré.
De ahí que mi entusiasmo por Scrivener sea parecido al de Keith, Lee y todo el equipo de Literature and Latte: no soy una vendedora de software tratando de ganar una comisión (de hecho, no lo hago). Soy una escritora tan enamorada de este programa que solo puedo recomendarlo en cada oportunidad disponible. Es el tipo de hallazgos que uno le cuenta los amigos con una alegría genuina, como quien ha encontrado un maravilloso tesoro y no puede aguantarse las ganas de compartirlo.
Por eso esta noticia es tan maravillosa: ya sea usted un usuario enamorado de su PC y de Windows, o un escritor forzado por las circunstancias a utilizar Windows por alguna razón fuera de su control (como es mi caso, durante algunas horas del día), muy pronto encontrará una herramienta incomparable.
Scrivener para Windows utiliza un formato que será compatible con el nuevo Scrivener 2.0 (ya también a la vuelta de la esquina) y, por lo tanto, será muy sencillo trabajar un mismo proyecto en Mac o en PC.
La versión beta pública estará disponible a partir del próximo 25 de octubre y el programa podrá adquirirse a partir de febrero del 2011. Desde ahora, usted puede ver una demostración en video del programa en la nueva página de Scrivener para Windows.
La licencia costará $40 ($35 con descuento educativo). Este precio es una ganga por la calidad de este programa, pero como dicen otros usuarios de Scrivener, “jamás le diremos a Keith lo que realmente estaríamos dispuestos a pagar”. Por lo tanto, soy de quienes gustosamente paga la licencia como una forma de apoyar al equipo y con la esperanza de que se siga desarrollando activamente Scrivener en los años venideros.
Keith todavía no ha escrito su novela de éxito. Quizás ha descubierto, como otros escritores antes que él, que su verdadera vocación no era escribir novelas, sino darle Scrivener al mundo. En otras palabras, que la escritura elige al escritor. (De todas formas, ¡suerte con esa novela!). ¡Felicidades a Literature and Latte por su nuevo hijo y a todos nosotros, escritores del mundo, que contamos los días para tener Scrivener en la PC!
P.d.: Recuerde que también puede visitar el sitio de Scrivener en español para conocer más sobre este programa.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Humor: los periódicos ya no son los de antes
Alguna vez recibí, ya perdido en el olvido, uno de esos mensajes anónimos y masivos de correo electrónico en donde se reseñaban los usos del periódico, como limpiar regueros, envolver platos rotos, embalar objetos, cubrirse de la lluvia…
Este anuncio de la nueva aplicación para iPad es, sencillamente, una manera genial de mostrar esa ruptura de la cotidianidad.
Nota: debido a mis limitaciones técnicas, el video aquí insertado se ve incompleto (falta una parte de la imagen). Dejo el vínculo web directamente a YouTube para su correcta visualización (y disfrute): NewsDay para iPad.
jueves, 29 de julio de 2010
Los "libros mejorados": nuevos modelos de edición electrónica
Este año 2010 está viendo las primeras propuestas de modelos del libro mejorado, alguna de ellas, o acaso todas, se ganará el corazón de los lectores y, con ello, vencerá en las estanterías virtuales.
Por ahora, podemos mencionar dos tipos: el texto con adiciones y el libro cuyo diseño es inseparable de su propuesta de “mejora”.
El texto con adiciones multimediales
Un buen ejemplo es la novela de Nick Cave The Death of Bunny Munro (La muerte de Bunny Munro), publicada por Canongate en 2009. La versión e-book fue especialmente adaptada para ser vista en el iPhone y iPod Touch. Además del texto íntegro de la obra, incluye una banda sonora original, el audiolibro sincronizado con el texto y extractos del texto leídos por el autor.
Esta propuesta sigue siendo tradicional: el texto se entiende como un producto en sí mismo acompañado por otros medios que son accesorios a la historia narrada de manera verbal.
El libro cuyo texto y adiciones son interdependientes
Sin duda la historia reconocerá como pionera la obra The Elements (Los elementos), de Theodore Gray, el primer e-book que saca partido de manera inteligente y elegante de la tecnología introducida por el iPad a la industria del libro.
Mis palabras se quedan cortas ante la demostración del autor en el video promocional. Baste decir que la propuesta de Gray abre posibilidades en el diseño de libros de texto de todas clases. Puedo imaginar un e-book como The Elements pero de aves, o una guía de plantas, o incluso una obra lingüística. [Ya habría querido yo estudiar el alfabeto fonético internacional con los sonidos exactos expresados por hablantes de diferentes zonas, más animaciones tridimensionales de los puntos de articulación en el aparato fonador].
Y para quienes digan que producir este tipo de obras toma tiempo y es costoso, que sí lo es, las cifras de ventas le convencerán de reconsiderar su posición: 75 000 copias vendidas hasta la fecha a través de la tienda de programas de Apple, a un precio de $13.99.
¿Cómo se diseñó The Elements?
Theodore Gray, el autor de esta obra revolucionaria, lleva años coleccionando elementos químicos: metales, rocas, esculturas, partes de aeronaves… cualquier instrumento u objeto que pueda funcionar para comunicar y enseñar mejor lo que es un elemento químico.
Lo que se inició como una sencilla colección se convirtió en una potencial herramienta didáctica. La gran pregunta que se hacía Gray era muy simple: “¿De qué manera comunico esto?”. Esta pregunta lo llevó a experimentar con diversos medios –sitio web, afiche (normal y 3D), libro…– y solamente hasta este año 2010, con la llegada del anticipado iPad, encontró la que le parece la mejor manera, hasta la fecha, de hacerlo. [Después de ver la versión e-book the esta obra, solo nos faltaría estudiar los elementos químicos a través del holodeck de StarTrek].
No digo más. Observe el video y saque sus propias conclusiones.
sábado, 24 de julio de 2010
El avance inminente del libro digital
Una noticia ha conmocionado la industria editorial norteamericana: Amazon anunció que ha vendido más e-books que libros en tapa dura durante el segundo trimestre del año 2010. Las cifras incluyen todos sus e-books, no solamente los vendidos al Kindle, y ha sido confirmada por los editores.
¿Qué sucedió en el año 2010 para cambiar el panorama de la edición de libros electrónicos en tan solo unos meses? La respuesta salta a la vista para quienes hemos seguido las noticias editoriales: el iPad. Apenas en enero de este año, el iPad no tenía nombre, existía solamente en rumores y circulaba en internet como el esperado producto al que, se decía, Steve Jobs no había aprobado todavía porque demandaba “un producto que sirva para algo más que revisar el correo electrónico en la tina”.
Más de tres millones de iPads vendidos después, el impacto en el mercado es ahora tangible. Amazon y Barnes and Noble han reducido casi a la mitad el costo de sus e-readers. Anuncio, quizás inevitable, de que el e-reader como aparato dedicado exclusivamente a la lectura de libros, con sus limitaciones de color (texto gris sobre fondo gris), podría estar destinado a desaparecer.
Al circular entre los foros de usuarios del iPad se pueden leer anécdotas de todas clases. Como media general, basta utilizar el “jueguete” durante media hora para desearlo compulsivamente. Algunos escritores ya están empleándolo como medio de investigación, por su versatilidad para navegar en la Red. Incluso los temores del teclado táctil se han disipado: hay quienes afirman que escriben más rápido en el teclado del iPad y, por eso, lo aman.
Los editores de vanguardia están con las antenas en estado de alerta. Siempre se supo que la llegada del e-book era inevitable, pero todavía no había sido inventado y comercializado el gadget que pudiera revolucionar la industria, como lo hicieron en su época el CD frente al LP, o el MP3 frente al CD. Ahora, con el iPad, se tiene un modelo exitoso que ganó la batalla gracias a su anticipación y logró imponerse a modo de prototipo de lo que será la lectura de libros del futuro.
viernes, 2 de julio de 2010
Lectura digital vs. lectura en papel: primeras pruebas
La llegada del iPad este año al mercado mundial y su impresionante éxito (3 millones de unidades vendidas en tres meses) ya motiva los primeros estudios de usabilidad, especialmente los del equipo de Jakob Nielsen, pionero en el estudio cuantitativo y cualitativo en ese campo.
Nielsen publica los resultados de un estudio sobre la velocidad de lectura en iPad y Kindle. Entre sus resultados más llamativos, está la conclusión de que el libro en papel sigue siendo el favorito de los lectores. Leen más rápido y se sienten más cómodos por el solo hecho de no lidiar con tecnología. Entre el iPad y el Kindle, aunque las diferencias no fueron estadísticamente significativas, lo cierto es que los lectores del iPad leyeron más rápido. Este aparato también tuvo mejores comentarios por su interfaz (porque muestra la cantidad de palabras que falta por leer en un capítulo), aunque los lectores extrañan el número de página desplegado en la pantalla. Los usuarios del Kindle se quejaron del tono gris predominante en la pantalla. La principal queja del iPad fue su peso.
El peor calificado de todos los aparatos puestos a prueba fue la computadora (PC). Los usuarios dijeron que “les recordaba el trabajo” y, por lo tanto, prefirieron cualquiera de los otros medios.
La mayor resolución de pantallas en estos aparatos será un factor determinante, concluye Nielsen, para aumentar la satisfacción del usuario. No obstante, aclara, los aparatos puestos a prueba ya alcanzan un nivel fidedigno de reproducción de la imagen impresa sobre papel.
Sin duda, el iPad y cualquier tablet tienen muchos retos de usabilidad antes de capturar para siempre a los lectores del buen libro de papel.
domingo, 20 de junio de 2010
Evernote: notas gratis, multiplataforma y sincronizadas
Una de las actividades primarias de todo proceso de investigación, edición y escritura es la captura de notas para toda clase de propósitos. Ya se trate de guardar una página web, copiar un párrafo, anotar una idea para desarrollarla más tarde, llevar una bitácora o crear listas de cotejo y pendientes, siempre necesitamos de alguna herramienta para mantener la vida y la escritura organizadas.
Hay una gran variedad de programas para este fin. Le dedicamos el artículo del día de hoy al Evernote, debido a tres ventajas que lo hacen el favorito para compartirlo:
- Es gratuito.
- Existe en versiones para Mac, Windows y teléfonos móviles.
- Se sincroniza a través de la web, por lo cual es accesible desde cualquier computadora con un navegador; o bien, desde dos o más computadoras en donde la aplicación haya sido instalada para su respectiva sincronización.
¿Cómo se instala?
El Evernote tiene dos componentes: sitio web y aplicación. La aplicación se descarga de manera gratuita y se instala como cualquier otro programa. Para hacer uso de sus funciones de sincronización, es necesario crear una cuenta en el servidor de sus desarrolladores. Se otorga un espacio básico de 50 MB; si el usuario excede esta capacidad, puede optar por un plan de pago con mayor capacidad. Para una persona que está iniciando con el programa, y sobre todo si la mayoría de sus notas son de texto, la cuenta gratuita será más que suficiente para sus necesidades.
¿Cómo funciona?
El usuario crea “libretas” y “notas”, según sus necesidades y preferencias. Cada libreta puede tener una cantidad ilimitada de notas. Las notas pueden crearse de dos maneras: desde la propia aplicación (notas de texto y de video) o desde el navegador web. El programa convenientemente instala un botón de captura en los navegadores, como Firefox y Safari.
En las preferencias del programa se puede asignar una libreta principal, una libreta para captura de notas web y todo lo concerniente a la apariencia (tipo y tamaño de la letra). Las ventanas pueden organizarse de varias maneras (como lista, iconos, hacia la derecha o abajo); basta pulsar los botones de “vista” y elegir el más adecuado para uno.
El programa incluye un motor de búsqueda y admite la asignación de etiquetas a cada artículo para facilitar su localización.
¿Para qué puede emplearse?
Los usos del programa dependen de la creatividad y necesidades del usuario.
Para mí, una de las funciones favoritas es la creación de listas de pendientes y listas de cotejo. Utilizo, para esto, una combinación del formato de párrafo con viñetas (bullets) y le añado, a cada ítem, una casilla de control de tareas. El programa introduce una especie de botón cuadrado, ligeramente tridimensional, el cual automáticamente añade una marca o “palomita” (✓) si se pulsa sobre la casilla.
Otros usos para los que el programa puede servir:
- Llevar registro de tareas realizadas, bitácoras, listas de eventos asociados a un proyecto.
- Crear notas de pendientes.
- Anotar datos de contacto de personas asociadas a proyectos específicos.
- Guardar borradores de actas, síntesis de reuniones y otras actividades administrativas dentro de cada proyecto.
- Guardar artículos, textos y fotografías para ser revisados posteriormente.
- Tomar notas rápidas y guardar ideas de escritura para desarrollar después (cuentos, artículos, libros…).
- Llevar un diario (si no se tiene otra aplicación más adecuada para este propósito).
- Tener acceso a la información guardada en la aplicación desde varias computadoras (p. ej., casa y oficina).
- Tener acceso a la información guardada en la aplicación desde el teléfono móvil o celular (iPhone y iPod Touch, Android, BlackBerry, Palm Pre, Sony Ericsson X, Windows Mobile).
Algunas personas incluso emplean la aplicación para guardar sus claves (o pistas de las claves), números de serie de programas adquiridos, inventarios y otra gran cantidad de notas que usualmente no caben en otra clase de aplicaciones.
El uso del programa dependerá, por lo tanto, de preguntas como “¿qué necesito tener accesible desde este programa?”, “¿qué utilidad puede tener para mí la sincronización?”, “¿qué clase de información podría colocar ahí?”, “¿tengo otras aplicaciones que cumplan las mismas funciones?”.
El Evernote es una ayuda para la vida diaria, pero requiere de una mente organizada detrás. Reflejará únicamente lo que su usuario decida. Conózcalo, instálelo, pruébelo y, si llena alguna necesidad en su vida, úselo. Herramientas como esta contribuyen a aumentar la productividad y mantener la motivación gracias a la sensación de logro que nos da ver, en retrospectiva, nuestros éxitos y labores cumplidas.
viernes, 11 de junio de 2010
El libro de texto del futuro
En enero del 2010, todavía no se veía con claridad cuándo se iba a realizar un cambio masivo de las tecnologías del libro impreso al libro digital. En ese momento los e-readers dominantes del mercado eran gadgets monofuncionales, casi todos en blanco y negro, con tinta electrónica y en una babel de formatos. Samir Katar, en su artículo “iPad Revisited: 5 Topics for Publishers to Consider”, llama la atención sobre el hecho notable de que dos meses tras el anuncio al mundo del iPad, y dos millones de unidades vendidas después, ningún editor puede pasar por alto los cambios que se avecinan en la edición digital.
Katar indica que ya algunos analistas han comenzado a ver en el iPad el libro de texto del futuro. ¿Y por qué no? Más cómodo y práctico de tener dentro del aula que incluso una computadora de 8 pulgadas, con pantalla a todo color, muy pronto con multitasking, con visor para todo tipo de recursos audiovisuales y textuales (el maestro puede tener un repositorio en “la nube” con presentaciones de diapositivas, fotografías, videos… ¡lo que quiera!, todo accesible desde los iPad con su conexión inalámbrica), con posibilidades para escribir a mano (con un sencillo lápiz adicional que se adquiere por $15) y hacer dibujos y con un teclado táctil para la toma de notas más complejas y hasta para hacer trabajos en clase que se enviarían directamente al correo del docente, antes de que suene el timbre. Algunos usuarios del iPad han reportado que luego del shock inicial del teclado táctil, de hecho les gusta más que los teclados físicos tradicionales (escriben más rápido, según dicen).
Muchas instituciones, dice Katar, como el Instituto de Tecnología de Illinois, la Universidad Seton Hall, la Universidad George Fox y la Universidad Cristiana Abilene, ya han comprado iPads para miembros de su equipo docente y sus estudiantes. Estas instituciones se destacan por haber hecho experimentos con la integración de iPhone y iPod Touch en sus clases.
Cita Katar un estudio realizado en Princeton, en el cual se valoraba el uso del Kindle DX. El resultado resaltaba algo que el sentido común también nos dice: el subrayado, las anotaciones, los post-it y hasta doblar las páginas forman parte de la apropiación cognitiva que el estudiante realiza del texto. Ninguna “nueva tecnología” tendrá éxito hasta que sea capaz de reproducir esta experiencia básica y consubstancial a la lectura en papel.
Desde luego, el iPad tiene potencial y todavía no ha alcanzado su máximo desarrollo, ni es capaz de reproducir esas sencillas experiencias que acompañan la lectura del estudiante. Afortunadamente, con dos millones de usuarios activos y aumentando, también hay una gran presión para mejorarlo y rápidamente, por la vía de actualización y diseño del software, de manera que aun cuando el iPad está apenas en su primera generación, dentro de unos meses los usuarios tendrán muchas más alternativas sin necesidad de cambiar su hardware.
¿Es acaso el iPad el prototipo del libro de texto del futuro? Habrá que esperar, pero ciertamente, es quizás el primer aparato con las características mínimas para avanzar en esa dirección.
lunes, 7 de junio de 2010
Computadora o computador
Esta es una pregunta no poco frecuente y su respuesta depende, a su vez, de otra pregunta: ¿para qué zona geográfica se escribe, publica o habla?
En el campo de la lengua no existen zonas seguras de normativa unívoca e imperturbable. En su lugar, hay muchas zonas de influencia, algunas de confluencia y, la mayoría, de incertidumbre.
El caso de computador y computadora responde a una realidad cultural, un imaginario que no puede normarse desde una silla peninsular (me disculpan los sabios académicos) sin tomar en cuenta a sus pares de otras latitudes hispanoparlantes.
La historia del desarrollo de ambos vocablos está documentada y no voy a reiterarla aquí. Recomiendo, en cambio, la lectura del artículo de Joaquín Segura, en la Página del Castellano, “Reflexiones en torno a los vocablos computador y ordenador”.
En síntesis, en España triunfó el nombre ordenador, “aparato que ordena la información” mientras que en América predominó el concepto de “aparato que computa o hace cómputos”.
Tal vez por la influencia de ordenador, la competencia en España se dio entre dos vocablos masculinos: ordenador y computador, como advierte Segura en el artículo referido.
No obstante, en América la historia ha debido ser distinta, porque una búsqueda en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la Real Academia, una base de datos para analizar estadísticamente ejemplos de uso, vemos que computadora está muy extendido en buena parte del continente americano, incluso en países prominentes por su industria editorial, como México y Argentina.
El uso del vocablo computador, por su parte, es mínimo en América y además parece ir en descenso. En cuanto a ordenador, su uso está localizado en el español peninsular, con porcentajes de aparición inferiores al 1% en cualquiera de los demás países.
Al respecto, aclara el DPD:
computador -ra. ‘Máquina electrónica capaz de realizar un tratamiento automático de la información y de resolver con gran rapidez problemas matemáticos y lógicos mediante programas informáticos’. Estas formas son las usadas mayoritariamente en el español de América, por influjo del inglés computer. Según las zonas, existen distintas preferencias: en la mayoría de los países de América se prefiere el femenino computadora, mientras que el masculino computador es de uso mayoritario en Chile y Colombia. En España se usa preferentemente el término ordenador, tomado del francés ordinateur.Otros detalles que podemos tomar en cuenta para tratar de comprender el imaginario detrás de la elección del masculino o del femenino es a qué remite cada uno: computador es un sistema; computadora es una máquina.
Así, la respuesta a una pregunta tan unívoca y segura como “¿cuál es la forma correcta?” no tiene una sola respuesta. En España, Chile y Colombia, seguramente sea más comprensible y natural decir “el computador” (y en España, se preferirá siempre el ordenador). Pero en los demás países de América, cada pueblo dirá lo suyo. En el mío (Tiquicia de mis amores), decimos, escribimos y sentimos computadora. Así sabemos cuándo se pone caprichosa y cuándo está de buenas.
¿Para quién habla, escribe y publica usted? ¿Habita un universo imaginario de computadoras o de computadores? El público y su universo mandan.
Referencias bibliográficas
Real Academia Española. Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. <http://www.rae.es>.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.
Segura, J. (n.d.). Reflexiones en torno a los vocablos “computador” y “ordenador”. El castellano.org. La página del idioma español [Página web]. Recuperado el 15 de mayo de 2010, from <http://www.elcastellano.org/ordenado.htm>.
domingo, 16 de mayo de 2010
El símbolo del escritor contemporáneo
Cada época tiene un símbolo cliché que representa al escritor según la herramienta que emplea: un cálamo, un stylo, una pluma, una máquina de escribir… ¿Cuál es “la pluma” del escritor de hoy?
La manzanita de Apple se filtra ya, discreta, en películas de cine cuyos personajes son escritores. Dos que recuerdo, sin mucho esfuerzo: Carrie, de Sex and the City (2008) y la escritora interpretada por Diane Keaton en Something’s Gotta Give (2003). El caso de Sex and the City es particularmente llamativo. En el sitio web de la película se puede visitar “la MacBook de Carrie”. Se crea la ilusión de entrar al escritorio de Carrie, chatear con sus amigas, ver sus notas y calendario…
Siempre que veo una marca reconocida en una película de Hollywood, no puedo evitar un pensamiento irónico: “¿cuánto pagó la compañía para estar ahí?”.
Sin embargo, incluso Hollywood tiene que ocultar sus huellas y hacer parecer la publicidad como la elección natural del personaje, a partir de los usos que ya la cultura ha ido imponiendo y de los estereotipos que la audiencia puede reconocer con facilidad. Y, en nuestros tiempos, la MacBook se ha ido convirtiendo en la elección natural de cualquier escritor.
Esto, lo aclaro, lo dice una escritora que no está recibiendo dinero alguno por promocionar la marca (¡qué desperdicio!), sino por el reconocimiento de que un escritor que se respete anda con una MacBook debajo del brazo.
¿Las razones? Una computadora portátil, sin importar la marca, es la mejor amiga de un escritor: hay una intimidad al escribir en un instrumento que se puede poner en el regazo, llevar a la mesa, situar en un café, o incluso usarla en el círculo de amigos con quienes hace uno su “taller literario”. Un cuaderno hace todo eso, es verdad, pero sin las ventajas de la era digital en cuanto a capacidad para corregir sin esfuerzo, regresar sobre lo escrito y buscar cualquier palabra clave en cualquier documento creado, sin importar la fecha o el lugar en donde haya sido colocado. Y la máquina de escribir… no solo es tan rígida como el cuaderno y mucho más pesada, además es ruidosa (aunque para quienes nos iniciamos escribiendo uno de esos símbolos de otra época, eso también tiene su mística).
¿Y una MacBook? Si solo dijera Scrivener, ya tendría razones suficientes para convencer a un escritor de usar Mac. Pero si este escritor es, además, investigador, editor, tiene un blog o es periodista, seguramente la Mac tendrá un conjunto de herramientas muy elegantes y eficientes: programas de gestión de bibliografías, artículos y citas, como Sente y Bookends; de organización de la información, como DevonThink; de toma de notas, creación de esquemas y fichas, organización del trabajo y muchas funciones adicionales, como el Circus Ponies Notebook; de creación de líneas de tiempo, como BeeDocs Timeline y Aeon Timeline (un programa todavía en versión beta pero diseñado para escritores); de construcción de genealogías, como el MacFamily Tree; de gestión de blogs y diarios, como MacJournal; de procesadores de texto especializados en escritura técnica, como Mellel; de gestión de la biblioteca, como Delicious Library y otras tantas alternativas gratuitas y de pago.
Y si solo mencionáramos los programas con la función de escritura en pantalla completa, una de las maravillas de la tecnología contemporánea, ya la lista es interesante de por sí. Además de WriteRoom, diseñado exclusivamente para cumplir esa función, tenemos Ulysses (el pionero) y Scrivener, Nisus Writer Pro (único procesador de textos con esa función personalizable), MacJournal y hasta el DevonThink.
Los editores y periodistas no necesitan que alguien los convenza para saber por qué necesitan una Mac: con una industria de la edición dominada por esta plataforma, y por programas como los paquetes de diseño de Adobe, la respuesta se hace evidente.
Así, no por su forma externa sino por la variedad de aplicaciones que hoy día existen para transformar una Mac en la caja de herramientas más completa que un escritor puede soñar, la MacBook es la nueva “pluma” del escritor.
¿Cuánto tiempo durará la computadora portátil como el símbolo del escritor? ¿Acaso los teléfonos sofisticados, el mismo iPhone o el iPad tienen potencial para reemplazarla o complementarla? Esas son preguntas abiertas en un mundo de cambio frenético. Por eso, si tiene curiosidad por ver la evolución de los símbolos del escritor, la próxima vez que vaya al cine, ponga atención y observe los detalles. Si el personaje es escritor, ¿qué usa para escribir?
miércoles, 28 de abril de 2010
DropBox: la magia del respaldo en la nube
Después de esta anécdota nada feliz y de otras tantas experiencias personales, no queda más que sumarse a la paranoia del respaldo en la era digital. Hay muchas maneras de perder la información que creíamos salvaguardada: un disco duro que falla sin previo aviso, un virus maligno, un terremoto, una inundación, un incendio, un robo desafortunado, un bebé travieso… Por esta razón es necesario tener siempre un mínimo de tres respaldos, uno de ellos, si es posible, en un lugar que esté a salvo de las catástrofes físicas de nuestro entorno inmediato. Esto nos lleva a la pregunta: ¿cómo hacemos respaldos de manera eficaz, rápida y sin pérdida de tiempo?
Y si, además, tenemos la condición de laborar parte de nuestro tiempo diario en dos computadoras distintas, una en la casa y otra en el trabajo, por ejemplo, ¿cómo podemos tener una cierta información disponible en ambas locaciones? No duplicados de las carpetas que se van haciendo distintas unas de otras sino la misma información, simultáneamente actualizada en tiempo real.
Antes de Dropbox mi manera de sincronizar documentos entre mi computadora de la casa y la de la oficina, así como mis discos de respaldo, era llevándolos y trayéndolos en una memoria USB o comparando los archivos. Esto deja de ser práctico en poco tiempo: hay que recordar cuál es la última versión del documento y cuidarse de no borrarla accidentalmente. Comencé a valorar el uso de programas de sincronización de respaldo, pero aun así esto implica un paso extra en una función que debería realizarse minuto a minuto, sin alterar la rutina diaria.
Entonces apareció Dropbox y cambió mi opinión respecto a los instrumentos de sincronización de la Web 2.0.
Dropbox es una aplicación de escritorio, que instala una carpeta dentro del disco duro de la computadora. Así, una vez instalado, no es necesario hacer nada más que colocar los documentos de trabajo dentro de esa carpeta y editarlos ahí, si así lo preferimos. La aplicación se encarga de sincronizar automáticamente toda la información de la carpeta con un sitio en la Web, en donde realiza una copia exacta de los archivos que hayamos modificado, sin requerir un paso adicional para hacerlo. Este sitio puede accederse de dos maneras: desde una página web, si estamos en una computadora ajena, o desde la aplicación del Dropbox que podemos instalar en otra computadora de nuestro uso personal, aunque no sea de la misma plataforma que la anterior. Este programa funciona perfectamente en Linux, Macintosh y Windows. (¿No es acaso una maravilla?). Si tenemos el programa instalado en computadoras diferentes, estas se sincronizarán automáticamente con solo iniciar la computadora y tener conexión a internet.
Además de las carpetas para uso privado, podemos crear una carpeta pública, ya sea para cualquier usuario de la Web o únicamente visible con clave y por invitación. Los documentos situados en esa carpeta podrán ser accedidos por nuestros colaboradores desde cualquier computadora y plataforma, en cualquier momento.
El servicio tiene una capacidad gratuita de 2 GB que se puede ampliar hasta a 8 GB, mediante la recomendación a amigos y otros pasos indicados en el sitio web. El servicio de pago puede elegirse entre dos alternativas: 50 GB por $9 mensuales, o $100 GB por $19.99 mensuales.
Sin embargo, para muchos de nosotros, 8 GB es suficiente para tener un lugar seguro en donde guardar un tercer o cuarto respaldo (dos nunca es suficiente) de nuestros archivos más delicados y compartir nuestros archivos en proceso de elaboración.
La imbatible tecnología del libro
Sistema operativo
Y lo complementamos con este otro video, realizado por leerestademoda.com, que destaca las ventajas de la tecnología del libro.
Book
domingo, 18 de abril de 2010
Audiolibros en la mar
¿Qué hace uno cuando se enfrenta a una situación de confinamiento? Muy sencillo: entretenerse. Así, esta joven no renunció a la lectura (ni a la escritura, gracias a Twitter), y a pesar de embarcarse (literalmente) en una aventura que uno podría haber creído incompatible con la imagen de una persona leyendo libros (en papel), se las ingenió para encontrar la manera de mantenerse ligada al mundo de la palabra, gracias al formato del libro para ser escuchado.
Esta divertida noticia de domingo por la tarde es un recordatorio de que la lectura no está muerta y, gracias a tecnologías tan novedosas y populares como iPod, quizás está más viva que nunca. En cuanto a Katie, ¡felicidades por la hazaña!
http://www.nacion.com/2010-04-18/Mundo/UltimaHora/Mundo2339189.aspx
viernes, 12 de marzo de 2010
Entre dos mundos: ¿por qué me conviene sincronizar?
Pues bien, tres pequeñas aplicaciones cambiaron eso para siempre. La primera es DropBox. Lo que este programa hace es casi milagroso: crea una carpeta en el disco duro de mi computadora personal y lo vincula a un espacio web privado. En una sincronización que parece instantánea, los archivos son una exacta réplica los unos de los otros. Una vez hecho este primer paso, se procede a instalar la aplicación en la otra computadora, la computadora en la que pasamos la otra parte de nuestro tiempo, de nuestra vida (la del trabajo, por ejemplo) y ahí se crea, también en el disco duro, una réplica de esa carpeta que se sincronizará con la información almacenada en la página web. Cualquier emergencia o descalabro de información se podrá resolver rápidamente gracias al respaldo en la web, también accesible desde un navegador, sin necesidad de instalar el programa.
Esto es casi milagroso. En lugar de estar pasando a una llave maya, tengo carpetas verdaderamente compartidas, comunes, accesibles a la distancia. Esto me evita no tanto el simple traspaso, como el enorme gasto de energía y esfuerzo que me toma tratar de averiguar cuál es la última versión, estar renombrando los documentos y tantos miles de detalles que vienen detrás de estar tratando de sincronizar «a pie» o «a mano» unas carpetas con otras (sumados a los riesgos derivados: perder archivos, borrar la versión más reciente de forma accidental, olvidar hacer el respaldo, reemplazar la versión nueva con la vieja por accidente…).
El segundo programa que ha pasado a ocupar un lugar preferido en mi lista es el Evernote. La aplicación en sí es casi modesta si la comparamos con DevonThink o incluso con NoteBook (de Circus Ponies); sin embargo, tiene unas características que la hacen invaluable: versiones tanto para Macintosh como para PC y sincronización indolora. Así las cosas, la ventaja del Evernote es que puedo instalarlo en dos computadoras de plataforma distinta, una Mac y una PC, por ejemplo, y también mediante una página web que sirve como punto intermedio, sincronizar ambas computadoras. Así, las notas y listas de pendientes que escribo en la computadora del trabajo están disponibles en mi computadora de la casa de manera inmediata, sin mayores traspasos ni pérdidas de tiempo en respaldos de ninguna clase, sin ningún esfuerzo adicional. Las puedo seguir modificando y alterando, actualizando y cumpliendo y, a la mañana siguiente, cuando regrese al trabajo, ahí estará toda la información actualizada, según la última versión de la noche anterior.
La tercera de estas aplicaciones bendecidas por la sincronización es Zotero. Aplicaciones como Sente, Bookends y Endnote son mucho más eficaces administradores bibliográficos, pero todas son aplicaciones de pago y, las dos primeras, solo existen para Macintosh. ¿Qué hacen los usuarios de PC y qué hacemos quienes solo podemos tener Mac en nuestra casa y no en el trabajo? Esta aplicación es un excelente «plan B», una ayuda para disponer de una herramienta de investigación que además se integra bien con Word y OpenOffice. Zotero, exactamente igual que las dos aplicaciones anteriores, puede sincronizar varias computadoras con la misma base de datos, gracias a la intermediación de un sitio de almacenamiento en línea, también accesible como página web.
Estos tres programas son gratuitos y proporcionan una cantidad básica de espacio de almacenamiento en la red también gratuito. Si el usuario siente que el espacio es muy poco, puede optar por un plan de pago para ampliar la capacidad de almacenamiento.
Así, en síntesis, la capacidad de sincronización, la posibilidad de sincronizar varias computadoras (tantas como queramos), ya sean Macintosh o PC, y el hecho de ser aplicaciones gratuitas, hace que estas sean tres herramientas invaluables que pueden transformar la manera de utilizar la red para quienes piensan que internet es solamente navegar y enviar correos electrónicos.
martes, 2 de marzo de 2010
¿Por qué escuchar audiolibros?
¿Qué me motivó a escuchar un libro en lugar de leerlo «como Dios manda»? Una circunstancia práctica: las largas y vacías horas de mis cotidianos viajes en autobús. Es casi imposible, sin mencionar peligroso para la vista, leer dentro de un vehículo en movimiento. Así, viajes que rondan al menos una hora diaria se convierten en «tiempos muertos», a lo sumo aprovechables para maldormir.
Así, tras toda una jornada de dura labor, mis ojos están demasiado agotados para abrir la página de cualquier libro, por interesante que este sea. Mi mente, sin embargo, todavía está en pleno funcionamiento y con todas sus funciones en un cierto estado de alerta. Al cambiar el medio también se cambia el sentido de ingreso de la información. En lugar de la vista, el oído (sin el riesgo de dañar la retina por el movimiento del autobús) se convierte en el instrumento ideal para volver a activar las funciones de la imaginación y la recreación simbólica.
De esta manera, el tiempo que podría haber transcurrido sin consecuencias ni ganancias se transforma en una hora ansiada, un momento de íntima re-creación (tanto en su sentido de ‘pasar un buen rato’, como en el acto de ‘crear nuevamente’) y, sobre todo, un tiempo de lectura; auditiva, sí, pero lectura al fin y al cabo.
Hay otras razones adicionales para «leer» audiolibros: practicar una lengua extranjera, adquirir nuevo vocabulario, almacenar información en el estrato subconsciente… Incluso en el campo de la educación a distancia tiene aplicaciones tan prácticas como tener un hálito de contacto humano a través de la voz de otra persona. Cada usuario tendrá sus razones. Usted, ¿ya tiene las suyas?
domingo, 28 de febrero de 2010
Del "libro electrónico" al "libro" a secas
Ahora bien, si hacemos un recorrido histórico por los procesos tecnológicos del libro y observamos las etapas y pasos que fueron llevando del predominio de una tecnología a otra, nos daremos cuenta de que se necesita mucho más que una innovación tecnológica para alcanzar la sustitución de la tecnología anterior por la nueva. El cambio es integral, no es estrictamente tecnológico. También existen factores sociales, culturales y hasta simbólicos. Las siguientes son algunas de mis consideraciones sobre el tema:
- El libro no solamente es una palabra con un significado o un referente concreto: es un ámbito del discurso desde el cual lo vinculamos a prácticas, costumbres, redes simbólicas, intercambios y esferas de la cotidianidad y de la cultura1.
- El cambio tecnológico no ocurre por sí mismo, como resultado exclusivo de las nuevas propiedades físicas del objeto, sino dentro de su esfera del discurso, de la sociedad y de la cultura.
- Para que una nueva tecnología pueda reemplazar plenamente a la anterior, debe cubrir las principales necesidades culturales, sociales y simbólicas que la otra ofrecía (incluidas las de carácter emotivo), así como proporcionar algún valor agregado que pueda suponer la preferencia de un objeto sobre el otro.
- La sustitución tecnológica no ocurre en el corto plazo, de manera automática ni como resultado de una única innovación2.
- Ninguna sustitución tiene por qué ser absoluta. Cabe admitir la posibilidad de usos alternativos para cada tecnología y comportamientos sociales híbridos3.
Asumiendo que ninguna catástrofe natural obligará a la humanidad a prescindir de la tecnología, es posible suponer que algún día no será necesaria la distinción entre libros electrónicos y libros a secas; puesto que los lectores del futuro no se imaginarán un libro que no sea electrónico. Sin embargo, para que eso pueda llegar a ocurrir, el nuevo libro deberá ser capaz de asumir plenamente toda la herencia simbólica, cultural y arquetípica de su predecesor y, además, ofrecer algo nuevo, algo que lo convierta en un producto par excellence, irrenunciable, sin el que sería imposible leer. Una tecnología, en fin, que ocupe plenamente el lugar del libro en el imaginario colectivo y personal de quienes leen.
1 Una definición clásica del libro sería aquella “que asocia indisolublemente un objeto, un texto y un autor” (Chartier, 2000: p. 19). Los más atrevidos se refieren al libro de maneras un poco más abiertas, por ejemplo, como “práctica”, es decir, “(una colección de actividades sociales, artísticas y económicas) y no un ‘objeto’” (Doctorow, 2004) o como “forma de intercambio” y “modo de temporalidad”, un punto de apoyo que “crea espacio a partir del tiempo” (Hesse, 1998: p. 32). En estos casos, aún así, predomina la idea de que un libro es, esencialmente, un medio y un objeto para comunicar sentidos (los sentidos portados por la escritura en él contenida). En mi tesis de maestría exploré algunos de los muchos objetos y discursos que confluyen en el vórtice discursivo de libro, como el libro-objeto, el libro-texto y el libro-medio de comunicación. Para eso, véase Murillo (2006).
2 Al códex le tomó más de cuatro siglos imponerse al rollo y, aún así, no alcanzó su expresión plena sino hasta mil años después, cuando todos los factores tecnológicos, así como las redes sociales de producción y distribución de sus materiales, habían madurado lo suficiente como para permitir la innovación introducida por la imprenta y dar como resultado el libro en su sentido moderno.
3 Esto podemos verlo en ejemplos tales como la radio. Se temió, en los albores de la era de la televisión, que esta la sustituyera plenamente. En cambio, tenemos usos especializados con audiencias que van de un medio a otro, según sus circunstancias y preferencias. Los únicos medios completamente sustituidos han sido aquellos que, por sus características, caen en la obsolescencia, como es el caso del telégrafo. Incluso la Internet, con su multimedialidad, no ha sustituido a ninguno de los medios de los que ella misma participa (radio, televisión, impresos), sino que se ofrece como alternativa para quienes, por circunstancias especiales, no pueden acceder a los medios tradicionales (por ejemplo, el tico que quiere ver el partido de fútbol transmitido por un canal de televisión costarricense, pero desde Alemania).
Lista de referencias
Chartier, R. (2000). El orden de los libros. Lectores, autores, bibliotecas en Europa entre los siglos XIV y XVIII (Traducido por V. Ackerman). Barcelona: Gedisa.
Doctorow, C. (2004), Ebooks: Neither E, Nor Books. Paper for the O’Reilly Emerging Technologies Conference, February 12, 2004, San Diego, CA. Consultado el 14 agosto 2008, en <http://www.craphound.com/ebooksneitherenorbooks.txt>. También se puede consultar la edición en español, trad. de Javier Candeira en el sitio de José Antonio Millán <http://jamillan.com/doctorow.htm>.
Hesse, C. (1998). “Los libros en el tiempo. El Futuro del libro”. En Nunberg, G. (comp.), ¿Esto matará eso? (Traducido por I. Núñez Aréchaga), (pp. 25-40). Buenos Aires: Paidós.
Murillo Fernández, J. (2006). “Todos saben qué es un libro”, o… ¿no? Análisis arqueológico de los discursos del libro desde el (pre)texto de cinco informes finales de encuestas sobre “hábitos de lectura”, Costa Rica, 1979-2004. Tesis de Maestría Académica presentada ante la Maestría en Comunicación de la Universidad de Costa Rica.
domingo, 14 de febrero de 2010
¿Es posible editar para todos los hispanohablantes?
Tomemos, como ejemplo, el español. Nací en Costa Rica, un país al que llegan, de alguna manera, influencias de muy diversas procedencias. Así, he leído libros editados en casi cualquier país de habla hispana: México, El Salvador, Colombia, Argentina, España... nunca me he sentido incapaz de leerlos, aunque ciertamente me daba algo de risa encontrarme un «Oye, tío» en alguna traducción española de una obra de Isaac Asimov. Aclaro: en Costa Rica, tío es y siempre será el hermano de mi madre, nadie más; el otro sería «mae», pero no es nada elegante para incluirlo en una traducción literaria, mucho menos de Asimov.
Así, la edición que traspasa fronteras se ve obligada a hacerse preguntas y tomar decisiones. El editor de obras técnicas tiene la responsabilidad de procurar textos que cumplan con ciertos requisitos básicos: comunicabilidad, ¿se tiene éxito en la comunicación texto-lector?; lecturabilidad, ¿se puede leer fluidamente, sin tropiezos en el camino?; naturalidad, ¿se siente cómodo el lector con el texto?; claridad, ¿el texto se entiende tal cual, sin equívocos? Aclaro que estos son requisitos propios de la edición técnica porque ahí donde un manual de uso o un texto didáctico requieren de una comunicación eficaz, transparente, clara, sencilla, directa y unívoca, la comunicación literaria puede aspirar a producir ambigüedad, pluralidad, multidireccionalidad, deliberada oscuridad y, sobre todo, múltiples posibilidades interpretativas.
Así, en teoría, todo parece muy sencillo y abstracto. El problema es cuando un texto invadido por vocablos y giros de la vida cotidiana quiere traspasar las fronteras de una latitud a otra. Tomo, como ejemplo, una obra enfocada en la incorporación de recursos tecnológicos en los procesos de enseñanza-aprendizaje. ¿Qué clase de dificultades léxicas podríamos encontrar ahí?, se puede preguntar el editor. Estas son solo algunas: España, ordenador / América, computadora (no computador, como tienden a pensar algunos); España, pizarrón / América, pizarra; España, plumón / América, marcador (Costa Rica, pilot); España, ordenador de sobremesa / América, computadora de escritorio... (profundizo en eso... a mí me dicen «ordenador de sobremesa» y me imagino «¿una computadora para usarla después de tomar café, en la mesa...?»).
De repente, una obra perfectamente escrita en español, o eso creemos, se vuelve Babel... y eso sin mencionar términos no tecnológicos, como enojo/enfado, que son exactamente lo mismo salvo que en América preferimos enojo y en España, aunque se entiendan las dos y el DRAE recomiende la primera, los españoles hablan siempre, en su vida cotidiana, de enfado (aclaro que no sé si esa es una afirmación universal, para toda la Península o solo para algunas regiones); o las diferencias que tenemos en el uso de ser y estar.
Así, la revisión de una obra escrita en una latitud para ser publicada en otra puede incluir un trabajo complejo de adaptación/traducción. La decisión de cuánto elijamos traducir dependerá, ciertamente, de los editores y el grado de compromiso que tengan con sus lectores. Un vocablo perfectamente normal en una región puede producir extrañeza, rechazo o hasta risa cuando aparece en un texto pensado para ser leído en otro lugar. Se puede convertir en una piedra de tropiezo, un estorbo en la lectura, un factor distractor que desconcentra y desconcierta al lector. Es ese factor clave el que subyace en las decisiones del editor, y no una simple gana de adaptar por adaptar, o de corregir por corregir.
sábado, 13 de febrero de 2010
Devonthink: una herramienta para la investigación
Sin embargo, desde el punto de vista práctico, también es una etapa llena de hojas sueltas, cuadernos caóticos, fichas acumuladas unas sobre otras, archivos inmanejables, fotocopias indistinguibles, libros en todos los estantes y, ahora en la era digital, carpetas y subcarpetas (directorios y subdirectorios) que se pierden en la selva de nuestro disco duro. A los libros y notas de antaño, agregamos páginas web (más de las que nuestra libreta de direcciones puede manejar sanamente) y gran variedad de artículos digitales.
¿No sería acaso un sueño tener toda esa información organizada y organizable, buscable, hipervinculada, fácil de recuperar y lista para utilizar en nuestros proyectos de escritura?
Hace unas semanas trajimos a este blog la propuesta de flujo de trabajo de Kerry Magruder, en un artículo sobre la escritura de textos académicos. En ese momento, no había puesto a prueba, personalmente, el DevonThink, que él recomendaba, pero comencé a encontrarlo como una herramienta preferida por otros escritores, muchos de ellos usuarios de Scrivener. Ahora sé por qué a tantas personas les gusta tanto: es precisamente el tipo de programa para quienes amamos esa etapa previa de la investigación y necesitamos un método para conservar, de un modo accesible y práctico, hasta las más pequeñas piezas de nuestro rompecabezas.
Agostino, uno de nuestros lectores, ha dejado un comentario muy completo sobre las capacidades de búsqueda de este programa. Me tomo la libertad de citarlo: «Devonthink es un aplicación muy potente, cuya particularidad es un motor de búsqueda semántica exclusivo, que resulta muy efectivo para encontrar información entre material heterogéneo y moderadamente desordenado. Digo “moderadamente” porque su mecanismo de Inteligencia Artificial tiene en cuenta también la ubicación de las cadenas de búsqueda, con lo cual la ordenación del material documental es altamente recomendable».
Otra ventaja del DevonThink es que puede importar prácticamente toda clase de archivos: textos, pdf, audio y video... y puede crear documentos de texto plano, rtf y notas. Se pueden crear réplicas de los archivos, de modo que aparezcan en varias carpetas al mismo tiempo, e hipervínculos entre ellos, para que todo esté cruzado y accesible desde cualquier lugar.
Algo que me encanta de cualquier programa dirigido a escritores es el modo de pantalla completa; DevonThink también incluye esta herramienta para quienes amamos la escritura sin distracciones, aun si solo estamos tomando notas personales e ideas preliminares (desde luego, para escribir propiamente, Scrivener sigue siendo el mejor).
Otra función especialmente útil, además de la capacidad de importar páginas web con todos sus contenidos, es la opción de importar un sitio web completo. Si bien se advierte no intentar descargar toda la Wikipedia a la base de datos, muchas veces nos topamos con sitios web que, página a página, son necesarios para nuestra investigación; pero tomar notas de todas ellas o incluso importarlas una a una es una tarea lenta que, algunos impacientes como yo, terminamos por declinar. DevonThink ofrece una alternativa: traérselo completo para una lectura reposada, tomar notas a gusto y tener las referencias completas cuando se necesiten, directamente en nuestro ordenador, ya fuera de la caótica nube de la red.
Otra ventaja de las bases de datos de DevonThink es que, una vez creadas, estarán disponibles para todos los proyectos de escritura que vayamos a emprender en el futuro. ¿Cuántas veces nos ha ocurrido encontrar un tema de investigación para un artículo y, con los años, darnos cuenta de que se nos convirtió en una tesis, tres artículos y varios proyectos de libros, todo con el mismo tema como base? DevonThink es ideal para mantener toda esa gran base de datos, de la que solo pasaremos a nuestros proyectos de escritura puntuales aquella información (notas, referencias, artículos) estrictamente pertinentes para cada uno de ellos.
DevonThink tiene varias opciones (personal, profesional y oficina), según el presupuesto y necesidades del usuario, y dispone de descuento académico para estudiantes y docentes de instituciones educativas. Sin duda, esta es una gran alternativa para quienes necesitamos de algo más que una colección de papeles y fichas en nuestro archivo de investigación.
viernes, 29 de enero de 2010
El iPad: un e-reader de ensueño
Muchos han calificado el nuevo iPad de «iPhone gigante» o «iPhone con esteroides», no sin algo de razón, porque sigue los mismos principios y diseño de su primo mayor (en edad). Hay quejas debido a la ausencia de una cámara integrada de video, el soporte para animaciones flash, a la carencia de capacidad multitasking o correr varios programas al mismo tiempo y, en mi caso, el tamaño de la memoria integrada (por mi experiencia con mi lector mp3, 16 a 32 gigas apenas alcanzan para lo indispensable). Hasta ahí los inconvenientes; porque en el resto de su propuesta, este producto es broche de oro para cerrar esta primera década del siglo XXI.
El iPad es el primer e-reader (lector de libros electrónicos) que cumple con todos los requisitos que, en mi opinión, tendrían el potencial para hacer un cambio masivo hacia la lectura de libros en dispositivos electrónicos, de la misma manera que el iPod cambió la manera de escuchar música, años atrás.
En un artículo sobre el tema de los libros electrónicos, que escribí un par de años atrás, luego de hacer una extensa revisión de todos los dispositivos disponibles en ese momento (Sony Reader, Kindle, iLiad, etc.), llegaba a la conclusión de que ninguno de ellos tenía la capacidad de revolucionar la experiencia de lectura con la suficiente potencia para rediseñar el mercado editorial. ¿Por qué me atrevía a hacer esta afirmación? Mi lógica es sencilla: la experiencia de lectura es la clave. Mientras leer un libro de papel sea, en todos los sentidos, una experiencia más cómoda, práctica, divertida y barata que leerlo en formato electrónico, no habrá manera de reemplazar el códice de papel como tecnología por excelencia del libro.
Los e-reader que nos ha proporcionado la industria hasta el momento, aun cuando han logrado encantar a sus privilegiados compradores, tenían problemas desde el punto de vista de la experiencia de lectura. Quizá los más evidentes eran el color y la salida visual: todo en blanco y negro, con un diseño que podía ir de lo paupérrimo a lo medianamente agradable, con opciones limitadas para la selección de tipografías y cambio de tamaño, con pocas o ninguna fotografía..., en fin, una serie de detalles que hacían abismal la diferencia entre un e-reader y un libro.
En relación con la tecnología en sí, había todavía detalles sin resolver: la babel de formatos, la incapacidad para mostrar archivos PDF en tamaño completo (dada la gran cantidad de libros en PDF que circulan en tamaños carta y A4), la navegación e interfaz del propio aparato (desde botones, como el Kindle, hasta pantallas parcialmente táctiles que solo respondían a un «lapicero» especial). Cualquier operación de lectura requería de varios pasos para acciones que en el libro de papel son automáticas, como darle la vuelta al libro (para ver una fotografía horizontal, por ejemplo) o, lo principal en la lectura de libros, pasar la página.
Otro inconveniente, a mi parecer, de los e-reader de esa primera generación (como podríamos llamarlos ahora) es el costo versus las capacidades del aparato. El precio mínimo que debe pagar el consumidor por un lector de estos es de $300 y puede alcanzar los $700, para un aparato con almacenamiento limitado, procesadores matemáticos lentos y, sobre todo, su única funcionalidad: leer libros. Un e-reader no puede hacer nada más que eso. Esto obliga al lector a llevar en su mochila un kit que, al final de cuentas, sale caro, es incómodo y hasta pesado para su espalda: una agenda electrónica (como el Palm), un lector mp3, una notebook y un e-reader. El iPad tiene el potencial para reemplazar a los cuatro; esta sustitución será inminente cuando, en algunos años, la memoria interna y la conectividad de puertos sea mejorada y llevada un paso más lejos.
Así, el iPad finalmente hace aquello que lectores empedernidos y usuarios de nuevas tecnologías, como yo, hemos soñado en un e-reader: un producto capaz de resolver todas nuestras necesidades de uso cuando estamos fuera de casa y lejos de nuestra computadora principal, y, al mismo tiempo, proporcionar una experiencia de lectura que sí pueda competir con la deliciosa sensación de leer un libro.
Así, el iPad, además de tener la interfaz de lectura de libros electrónicos más rica, elegante y estéticamente bien resuelta que se ha sacado al mercado hasta ahora, permite navegar en internet, escuchar música, ver películas, administrar agendas, correr cualquier aplicación de las varias decenas de miles ya disponibles en la tienda de Apple y, una de mis favoritas, tomar notas y escribir documentos de texto con un teclado virtual casi de tamaño real. ¿No es un sueño hecho realidad? Y si esto fuera poco, el iPad me permite entretenerme de muchas maneras: cientos de miles de juegos; aplicaciones para dibujar, literalmente, con los dedos y cualquier otra funcionalidad que algún programador haya querido añadirle al aparato por la vía de la creatividad informática.
En resumen, este es el nuevo gadget de mi lista de deseos y, por primera vez en este siglo, el primero con la capacidad de transformar la experiencia cotidiana de lectura y, con ella, la industria editorial completa.