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viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!

Faltan todavía algunas horas para la fecha exacta en que Occidente moderno el triunfo de la luz sobre la oscuridad y la esperanza de vida tras los días más oscuros del solsticio. La fiesta cristiana de la Navidad conmemora el nacimiento del Cristo, símbolo de la esperanza y luz del mundo.

Hoy Nisaba no se entretiene en palabras y sintaxis, en reglas y divagaciones sobre la escritura. Hoy nos unimos a la celebración del retorno del sol en su camino hacia la luz y al nacimiento de la buena voluntad en los corazones de la humanidad.

¡Feliz Navidad!


P.d.: y si tenía alguna duda, la Real Academia dictamina que Navidad se escribe con mayúscula, por tratarse del nombre de una festividad religiosa.

martes, 7 de diciembre de 2010

Bienvenida a la nueva ortografía del español

Ya está circulando una lista de los cambios más significativos de la nueva ortografía de la Real Academia Española, desde el pasado 29 de noviembre también avalada por las academias del continente americano.

La nueva ortografía ha sido descrita por sus responsables de la siguiente manera: razonada, amplia y exhaustiva, coherente, simple, moderna, panhispánica e innovadora. Si en verdad logra esta ambiciosa descripción, solo se podrán comprobar cuando la obra esté publicada.


Ochocientas páginas de justificación
Actualmente rige una ortografía de 161 páginas. La publicación que en este momento está en prensa supera, según dicen, las 800 páginas. Sin embargo, no aumenta su tamaño por la cantidad de innovaciones, sino por ofrecer un desglose de los criterios y razones sobre los que se fundamentan las decisiones y por atender áreas grises en donde ninguna publicación anterior había emitido criterio. En este sentido, esperamos con avidez los nuevos capítulos dedicados a las mayúsculas y minúsculas, los nombres propios, las expresiones originarias de otras lenguas y la ortotipografía.

La principal novedad, por lo tanto, no es cuánto modifique el sistema ortográfico español, sino cuánto contribuya a clarificar las escuetas reglas que, hasta la fecha, han dejado vacíos de interpretación y han obligado a gastar horas innumerables (e irrecuperables) en determinar cómo se escribe en nuestra lengua el nombre de tal o cual país o, lo que es peor, si tal palabra lleva o no mayúscula.

La nueva ortografía inclina pero no obliga
Otra novedad que los periodistas difunden de manera absolutista y parcial es la aceptación de que la norma se sugiere pero no se impone. Sin esta condición, difícilmente la Academia Mexicana de la Lengua habría aprobado la pérdida de la tilde en los demostrativos (éste, ése, ésos, aquél, aquéllos…) y en el adverbio solo (antes sólo). Esa academia ha sido, durante el largo debate que precede esta ortografía, la más resistente a este cambio. (Me consta la vehemencia con que los mexicanos defienden estas dos tildes; no me consta el debate académico porque no estuve ahí). El asunto se ha resuelto de una forma salomónica, o dicho en palabras de Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua, “si alguien cree que se va a morir si no le pone el acento a ‘solo’, pues antes de que se muera pues póngale el acento”.

La norma se acepta o se rechaza, pero dentro un rango de acción. Por ejemplo, no puedo, por puro gusto, escribir “zohlo” simplemente porque “la nueva ortografía no es obligatoria”. Si así lo hiciera (que podría estar en todo mi derecho individual), surge la otra pregunta: ¿quién me entendería? La norma cumple una función homogenizadora y contribuye a garantizar la comunicación entre zonas lingüísticas diferentes. En el mundo editorial es imprescindible. Ahora bien, la norma puede ser vertical, elegida y hasta impuesta por una institución; u horizontal, surgida de la selección popular, el gusto de las mayorías y la imposición del uso… Pero en ambos casos, sigue siendo norma.

La nueva ortografía respeta el uso. Por lo tanto, propone una norma y ahora deja en manos de las masas su aceptación en el uso. Habrá que dejar pasar el tiempo para ver cuáles sugerencias de homogenización triunfaron.

El “nuevo” alfabeto castellano
Otra novedad polémica es la supuesta desaparición de dos letras, ahora consideradas dígrafos: la Ch y la Ll. Este es un asunto de coherencia. En la ortografía de 1999 la Ch era denominada dígrafo (sonido representado por dos signos o grafos) y la Ll era denominada letra. Absurdo o errata, no lo sé; pero incoherencia, sin duda.

La ortografía, por definición, es la correcta norma (orto) de los signos escritos (grafía). Por lo tanto, rige la escritura, no el habla. Entronca con aquella por necesidad, en tanto se entienda la escritura como una representación del habla. Pero desde el punto de vista de sistemas de signos, una cosa son los signos orales y otra muy distinta los escritos.

Por lo tanto, lo que indica la nueva ortografía es la lista oficial de signos escritos del alfabeto castellano, no sus combinaciones. Si el alfabeto representase fielmente todos los sonidos de nuestra lengua, no tendríamos 27 signos alfabéticos, tendríamos 50 o 60. No lo sé. Pero siempre recuerdo una conferencia en la que una estudiante de posgrado de la Universidad de Costa Rica distinguía cerca de 17 variantes del fonema /r/ en un zona muy focalizada del Valle Central (mi memoria falla y no recuerdo la cifra exacta, pero eran muchas). No tenemos un signo para cada R distinta. Puesto que el nuestro no es un alfabeto fonético, un solo signo basta para efectos de escritura y de nomenclatura.

Así, la Ch y la Ll no desaparecen del sistema fonológico, solo de la lista oficial de signos alfabéticos únicos. Siguen existiendo pero considerados dígrafos, es decir, signos compuestos por dos letras. Por eso, un amigo mío cuyo apellido comienza con Ch, antes de tener una crisis de identidad, seguirá abreviándolo con la Ch y no con la C y tiene toda la razón en hacerlo. Que una sea letra y la otra sea dígrafo no las hace menos necesarias a las dos, ni menos eficientes en su condición de signo (ya sea simple o compuesto).


En síntesis
La nueva ortografía ayudará a aunar criterios en toda la región hispanohablante; sin embargo, apenas se está iniciando un largo camino de abierta lectura, discusión y reforma. Sin duda dentro de 10 o 15 años aparecerá una nueva ortografía en donde ya se recojan muchos de los criterios que están por emitirse.

Mientras tanto, para quienes batallamos diariamente con la norma de la escritura (no de la oralidad), esta nueva ortografía, con todo y su polémica, será un bálsamo y una gran ayuda. De mi parte, le digo: ¡bienvenida!


domingo, 17 de octubre de 2010

La coma en enumeraciones de cifras decimales

La regla de las enumeraciones es muy sencilla: si los elementos son simples (una sola palabra o concepto), se utiliza coma; si hay dos elementos coordinados, se utiliza punto y coma. Pero ¿qué se hace ante el hipotético caso de una enumeración simple formada por cifras decimales que llevan coma en obras publicadas en español?

En este caso, para evitar ambigüedades de lectura, la enumeración, aunque pueda considerarse simple, recibe el mismo tratamiento que las enumeraciones complejas: se emplea el punto y coma. Esta es una solución de sentido común y una aplicación de la regla: si existe ambigüedad semiótica, se emplean los signos para crear contraste.

Ejemplo:
Los resultados de las operaciones son los siguientes: 6,5; 7,8; 4,25 y 9,32.

Si el sentido común y una interpretación de la regla general no fuesen suficientes, esta es también la recomendación de Javier Bezos en su obra Tipografía y notaciones científicas. El mismo autor añade que esta regla también se aplica en química: “separa series de localizadores que ya han sido separados con comas” (2008: p. 31).


Nota: Gracias a Ana María por apuntar este problema frecuente en las obras de matemática.

domingo, 10 de octubre de 2010

Ortotipografía: coma, punto y coma, punto, dos puntos

Un error frecuente en manuscritos, tesis y hasta publicaciones es la correcta grafía de los signos de puntuación. No me refiero aquí a emplear el signo correcto (afortunadamente, la tecnología sola se encarga de eso, puesto que no debemos de elegir entre varios tipos de comas), sino a saber dónde van los espacios en blanco, junto a qué palabras se escriben y cuántos espacios deben escribirse antes o después.

Este artículo se concentra en cuatro signos de puntuación: coma, punto y coma, punto y dos puntos. Los cuatro comparten las mismas reglas.

Reglas ortotipográficas
  1. Jamás se escribe espacio en blanco antes del signo.
  2. Después del signo siempre se deja un espacio en blanco.
  3. Siempre se deja únicamente un espacio en blanco.
Manuales de mecanografía muy viejos (y de otras latitudes) recomendaban el uso de dos espacios en blanco después de punto y de dos puntos. Una vez escuché una regla apócrifa que incluso dictaba el uso de dos espacios en blanco después de punto y coma. Esta última regla, según comprobé años después, es exclusiva del mundo anglosajón y ya no está vigente.

Si bien los manuales de estilo de las casas editoriales podrían estipular que se utilicen dos espacios después de punto y dos puntos, la tendencia actual es la de dejar únicamente un espacio, debido a los problemas de diseño derivados de trabajar con dobles espacios. En lo personal, considero que el uso de un único espacio después de punto contribuye al equilibrio de la página y a la belleza del libro.

Correcto

Sobre la mesa encontraron libros de todas clases: diccionarios, obras literarias, enciclopedias, obras de referencia y hasta modelos para armar. Ninguno de ellos llamó la atención de la niña, obsesionada como estaba, con su pequeño volumen rojo, perdido para siempre.

Incorrecto

Sobre la mesa encontraron libros de todas clases : diccionarios , obras literarias ,enciclopedias,obras de referencia y hasta modelos para armar.   Ninguno de ellos llamó la atención de la niña, cuyo llanto ya era incontenible;  se había perdido su pequeño volumen rojo , irrecuperable en el abismo.


¿Por qué debo preocuparme de escribir bien los signos?
Se necesita dedicación para encontrar este tipo de errores, pero es el tipo de cuidados que el autor debería empeñar en su texto y no pasar por alto bajo la excusa de que para eso habrá correctores. ¿Por qué no adelantar el trabajo escribiendo bien los signos de puntuación desde el inicio? Ganarán todos: autores, correctores, editores y, sin duda, lectores, al ver llegar a sus manos textos depurados y limpios, con menos posibilidades de error y en plazos más cortos.

sábado, 9 de octubre de 2010

La coma en enumeraciones: vistazo general

Uno de los principales usos de la coma es separar los componentes dentro de una enumeración. Crea la ilusión de aislamiento y, al mismo tiempo, construye una secuencia, un conjunto, una fila ordenada de objetos, personas, ideas… (Esa oración que acaba de concluir existe gracias a esa coma de enumeración). Lo esencial es darle al lector la orden de preparar, en su re-creación del texto, un lugar (una caja, ático, almacén…) en donde va a situar, bajo la misma categoría, una secuencia de conceptos yuxtapuestos unos a los otros que, por el artilugio de la coma, se homologan y democratizan: se les ve como iguales; ya sea por los objetos que describen, por las categorías que introducen o incluso por sus funciones gramaticales.

Vista así la regla, parece muy sencilla. ¿Por qué entonces hay tantos errores en su aplicación? La clave está en los detalles, las combinaciones y las variaciones.

Distinguiremos varios temas y escenarios:

  1. Enumeraciones simples de listados completos con conjunción
  2. Enumeraciones simples de listados completos sin conjunción
  3. Enumeraciones simples de listados incompletos o abiertos
  4. Enumeraciones complejas de listados completos
  5. Enumeraciones complejas de listados incompletos
Finalmente queda el tema de la ortotipografía de la coma, el punto y coma y el punto final, dónde van sus espacios, cuántos espacios llevan y demás minucias.

Puesto que es demasiada información para cubrirla en un único artículo, he decidido fraccionar las explicaciones en varios artículos. Dejo aquí únicamente un cuadro de ejemplos, para quien pueda descifrarlo todo de una mirada minuciosa. Con el fin de hacer más útil la sinopsis, he empleado los ejemplos proporcionados en el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), en las entradas “Coma” y “Punto y coma”. En los ejemplos incorrectos, he variado los problemas posibles, con la esperanza de tener un pequeño catálogo de potenciales errores.

Escenario Correcto Incorrecto
Enumeraciones simples de listados completos Ayer me compré dos camisas, un pantalón, una chaqueta y dos pares de zapatos. Ayer me compré dos camisas, un pantalón, una chaqueta, y dos pares de zapatos.
No le gustan las manzanas, las peras ni los plátanos. No le gustan las manzanas, las peras, ni los plátanos.
¿Quieres té, café o manzanilla? ¿Quieres té café o manzanilla?
Enumeraciones simples de listados completos sin conjunción Llegué, vi, vencí. Llegué vi vencí.
Todo en el valle transmite paz: los pájaros, el clima, el silencio. Todo en el valle transmite paz: los pájaros el clima el silencio.
Enumeraciones simples de listados incompletos (pueden terminar en etcétera o puntos suspensivos) Acudió toda la familia: abuelos, padres, hijos, cuñados, etcétera. (Si no hay punto final, se puede usar la abreviatura: etc.). Acudió toda la familia: abuelos; padres; hijos; cuñados; etc.
Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara... Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara...
Enumeraciones complejas de enunciados completos (con conjunción) Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruiz; el consejero delegado, Pedro García; el vocal, Antonio Sánchez; y el secretario general, Juan González. Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruiz, el consejero delegado, Pedro García, el vocal, Antonio Sánchez, y el secretario general, Juan González. (Cambia el sentido de la oración).
En el armario colocó la vajilla; en el cajón, los cubiertos; en los estantes, los vasos, y los alimentos, en la despensa. En el armario colocó la vajilla, en el cajón los cubiertos, en los estantes los vasos, y los alimentos en la despensa.
En el armario colocó la vajilla; en el cajón, los cubiertos; en los estantes, los vasos; y los alimentos, en la despensa. En el armario colocó la vajilla en el cajón los cubiertos en los estantes los vasos y los alimentos en la despensa.
Enumeraciones complejas de enunciados completos (sin conjunción) Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda; el segundo, por la derecha; el tercero, de frente. Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda, el segundo, por la derecha, el tercero, de frente.
Ortotipografía Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara... Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá , las alfombras ,la lámpara ...

domingo, 26 de septiembre de 2010

Citas textuales: ortotipografía de las citas largas

La definición de cita larga, como vimos en un artículo anterior, es un límite arbitrario establecido según el manual de estilo bibliográfico que se esté utilizando. En APA se sitúa en cuarenta palabras; en MLA, se define como una cita superior a cuatro renglones; Roberto Zavala la traza en cinco renglones (1995: p. 301) y José Martínez de Sousa en más de seis líneas (Martínez, 2007: p. 72). Personalmente preferiría una medida en caracteres, así que recomiendo la propuesta de APA, por ser menos sujeta a cambio que el ancho del renglón o la línea de cada caja tipográfica.

Las citas textuales largas se sacan del discurso principal, no se integran al párrafo, ni están sujetas a su puntuación: se convierten en un párrafo independiente, en donde aplican varios cambios tipográficos.

  1. Ausencia de comillas. En todos los casos, las citas se escriben sin comillas. Los cambios tipográficos dejarán evidencia suficiente para hacerle saber al lector que se encuentra ante palabras ajenas.
  2. Margen. El párrafo se sitúa a una distancia suficiente del margen izquierdo. APA propone “aproximadamente media pulgada” (p. 171), MLA indica una pulgada, Martínez de Sousa señala un sangrado general con el valor de la sangría empleada en el cuerpo de texto principal. El margen derecho se deja intacto, aunque a algunos editores les gusta usar el mismo valor elegido para el margen izquierdo, de manera tal que la cita se ve “centrada” en la página. El efecto final es el de un bloque de texto independiente dentro de la caja tipográfica.
  3. Cuerpo de la letra. APA y MLA no mencionan ningún cambio en el tamaño de la letra; sin embargo, sí es práctica editorial generalizada el disminuir el tamaño de la letra de las citas largas. Así lo corrobora José Martínez de Sousa (2007) y Roberto Zavala (1995) propone, específicamente, un punto menos que el cuerpo del texto.
  4. Separación de los párrafos anterior y posterior. En APA y en MLA no se aplica ningún espacio de separación. En los usos editoriales, en cambio, la cita se separa un renglón o espacio (o un cuadratín, dice Zavala) de los párrafos inmediatamente anterior y posterior a la cita (Martínez, 2008: 454).
  5. Espaciado. Los manuales de APA y MLA indican que el texto de la cita debe escribirse a doble espacio, pero cabe hacer la aclaración de que también indican que todo el manuscrito se escribe a doble espacio. Por lo tanto, la regla puede interpretarse como que la cita llevará un espacio análogo al del cuerpo de texto.
  6. Sangría. MLA, APA, Martínez de Sousa y Zavala coinciden en que una cita larga compuesta por un solo párrafo se escribe sin sangría. No obstante, si se compone de varios párrafos, los siguientes párrafos deberán llevar sangría inicial (Martínez, 2008: 454; Zavala, 1995: 301; APA, 2009: 171). La única excepción la hace el manual de MLA, puesto que en caso de citar dos párrafos o más, recomienda ponerles sangría a todos, siempre y cuando también el primer renglón del primer párrafo de la cita sea, en la fuente, un inicio de párrafo. De esta manera se le indica al lector experto si este es o no un párrafo independiente en la fuente consultada.
  7. Puntuación. A diferencia de lo que se veía en la cita corta, integrada en el texto del autor, en donde el punto se sitúa siempre después de la información parentética, los manuales de APA y MLA proponen que en las citas largas se debe respetar la puntuación de la fuente. Por lo tanto, si la última oración termina con punto final, se coloca este punto antes de la información parentética y luego se coloca otro punto después del paréntesis de cierre (para respetar la regla en español [Diccionario panhispánico de dudas, “paréntesis”, §3.a]; en inglés ese último punto es innecesario).
Otras maneras de dar formato a las citas
Martínez de Sousa menciona que existen otras alternativas editoriales para destacar las citas, no solo la que estamos proponiendo aquí de forma general. Por ejemplo, si el cuerpo de texto está a doble espacio y se elige no reducir el tamaño de la letra de la cita, esta irá a espacio sencillo, sin comillas. O bien, se puede elegir no darle un sangrado especial a la cita, pero siempre deberá ir en un cuerpo menor y distinguible del resto del texto. También existe la posibilidad de no hacer ningún cambio tipográfico del todo. En este caso, las comillas son obligatorias, tanto al inicio del primer párrafo, como de todos los demás párrafos que vengan después, en los que se usan las comillas de seguimiento; es decir, en lugar poner las comillas de apertura al inicio de cada párrafo, se escriben las comillas de cierre (» o ”), para indicar que la cita se inició desde el párrafo anterior y aún no ha terminado (Martínez, 2007: pp. 72-73; 2008: pp. 453-454).

Estas corresponden a variantes que a menudo encontramos en alguna publicación, pero cada vez se ven en menor cantidad.

La elipsis o supresión de texto en una cita
Sobre este tema tan complejo ya habíamos publicado varios artículos. Remito a su lectura, porque complementa la ortotipografía de las citas textuales y, sin duda, es necesario tomar en cuenta esas normas durante la escritura de obras académicas:

En síntesis
Si bien conviene revisar las reglas del manual bibliográfico al que uno debe apegarse (ya se trate del manual de una casa editorial o de una normativa bibliográfica, como las de Chicago, APA y MLA), la atención a los detalles hará que las citas bibliográficas de nuestra obra académica sean al mismo tiempo funcionales, precisas, exactas y elegantes.

Se deben evitar vicios como destacar todo el párrafo especial al escribirlo entre comillas o con negrita, cursiva u otra familia tipográfica. La elegancia está en la simplicidad tipográfica.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.
a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
        
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.

Citas textuales: ortotipografía de las citas cortas

Las citas cortas se escriben con las mismas características tipográficas del cuerpo de texto principal: en redonda, con el mismo cuerpo de letra, con la misma fuente. Un error usual es aplicar cursiva o negrita a la cita. Incluso hay quienes varían la fuente de la letra.

Quizás exista algún manual de estilo bibliográfico en el mundo que sugiera el uso de la cursiva en las citas textuales. De todas maneras, habría que evitar el doble destacado: si se usan comillas, ¿para qué cursivas? Si se usan cursivas, ¿para qué comillas? No obstante, en este último caso, ¿cómo sabe el lector inequívocamente que es una cita textual y no una idea que el autor quiere destacar?

Por esas razones, la única marca tipográfica para indicarle al lector que está a punto de iniciar o finalizar una cita deben ser las comillas dobles. Se emplean las de apertura (“) o cierre (”), según se sitúen al inicio o al final de la cita. Si el texto se publica para el territorio español, se emplearán las comillas de codo, cuadradas o españolas: « ». [Sabemos bien que la Real Academia Española y José Martínez de Sousa (2008: 332-335) consideran incorrecto el uso de las comillas inglesas o voladitas, por ser un anglicismo tipográfico. Sin embargo, quienes vivimos en el medio editorial latinoamericano no podemos luchar contracorriente cuando la práctica es completamente ajena a la norma: aquí es tan usual y correcto usar las comillas inglesas, como lo es en España usar las comillas españolas].

Las comillas de apertura se separan por medio de un espacio en blanco de la palabra que las antecede; pero van unidas y yuxtapuestas a la primera palabra de la cita textual. La misma regla se aplica a las comillas de cierre, pero inversamente: las comillas se unen a la última palabra de la cita textual y se separan de la palabra siguiente por medio de un espacio; a menos que vayan seguidas de un signo de puntuación.


Correcto
Recuerdo a tu abuela diciendo “más vale el diablo por viejo que por diablo”, cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.

Incorrecto
Recuerdo a tu abuela diciendo“ más vale el diablo por viejo que por diablo ” , cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.


El lugar de la referencia bibliográfica
Existen varios escenarios posibles para situar la referencia bibliográfica de una cita corta. En general, deben seguirse algunas normas en las que los manuales suelen coincidir:

  1. Si el nombre del autor se está mencionando como parte de la redacción del texto y antecediendo la cita textual, justo inmediatamente después del apellido, entre paréntesis, se coloca el año de la publicación. Luego se anota la cita, entrecomillada y, después de las comillas, entre paréntesis, se escribe el número de página respectivo. En sistema APA, debe antecederse por la abreviatura de página (p.). Después del paréntesis no se escribe ningún signo, a menos que se trate de la puntuación propia de la oración.
  2. Si el nombre del autor no se menciona antes, toda la información parentética se escribe, como es usual, en el paréntesis al final de la última palabra de la cita, después de las comillas, separado por un espacio en blanco de las comillas, sin punto en medio. El punto se sitúa al final de la información parentética (si ahí termina la oración) y nunca antes del paréntesis.
Ejemplos correctos de aplicación APA
En el Códice Florentino, afirma Portilla (2003), “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones” (p. 73).
La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto” (Olson, 1994/1997: p. 170).

Incorrecto
En el Códice Florentino, afirma Portilla, “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones”. (página 73).
La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto”. (Olson, 1997: p. 170).


En el último ejemplo, adrede he utilizado una obra traducida al español. Se está usando la traducción de 1997, pero la obra fue publicada originalmente en 1994. Omitir este detalle es un error frecuente en la escritura y edición de obras académicas. (Ver artículo “Las referencias de obras traducidas en APA”).


¿Y si hay comillas dentro de las comillas?
En este caso, las palabras que en la publicación original se escribían entre comillas dobles, en la cita textual se escribirán entre comillas sencillas, como una manera de mantener el destacado sin renunciar a la ortotipografía de la cita textual. En las ediciones españolas, en donde se emplean las comillas angulares, se emplean las comillas inglesas, porque habrá suficiente contraste entre unas y otras.

En este escenario, existe un agravante: ¿qué pasa si la palabra entrecomillada en el texto original es, además, la última palabra de la cita que estoy extrayendo? ¿Escribo tres comillas juntas? ¿Dejo un espacio en blanco entre las dos?

En cualquiera de los dos casos se ve mal, eso no se pone en duda. Lo ideal sería extraer la cita de tal manera que jamás una palabra entrecomillada en el texto original sea, a su vez, la última palabra de nuestra cita. Pero si es del todo inevitable, y si no queda nada por hacer, José Martínez de Sousa propone separarlas ligeramente, con medio espacio (no con un espacio completo). Me robo su ejemplo, por ser muy vehemente y claro:

«El Eterno habló a Moisés y dijo: “Habla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Sed santos, porque yo soy santo, el Eterno, vuestro Dios’ ” ».

Desde luego, si me preguntan cómo haría en un libro latinoamericano, sin comillas angulares para citar ese ejemplo, tendría que recomendar usar todas las comillas, incluso las angulares, tal y como se emplea ahí, porque esa es una cita excepcional en sus características.

Ahora bien, en tanto editora y correctora a veces prefiero la otra vía fácil: cambiar la redacción, cambiar la cita, hacer que la cita sea más larga y darle tratamiento de cita larga (sin comillas al inicio y al final de la cita) o cualquier otra modificación mayor que, por eliminar la causa del problema, elimine también el problema. Si nosotros somos los amos y señores de nuestro texto, ¿quién nos impide modificarlo a voluntad? Dilema tienen los correctores de pruebas, quienes no podrían sugerir tan invasiva corrección.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008).
Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008).
MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). New York: Author.

Citas textuales: citas cortas y largas

En la escritura para el medio académico, la cita textual es uno de los panes de cada día. Forma parte de toda investigación que se respete, ya sea con fines expositivos o didácticos. No obstante, abunda la incertidumbre respecto a su correcta grafía y formato. Cabe la aclaración de que si la universidad, la escuela o el docente de un curso han girado la directriz de seguir al pie de la letra algún manual de estilo bibliográfico (APA, Chicago, MLA, Vancouver, Harvard, etc.), el escritor o editor deberá remitirse antes que nada a ese manual y revisar su normativa.

Sin embargo, la experiencia demuestra que muchas instituciones y docentes tienen una relación difusa con estos manuales y, al final, descansan sobre una especie de tradición oral con poca o ninguna consideración ortotipográfica.

Puesto que el tema es complejo en sus minucias, lo abordaremos a través de una serie de artículos que proporcionen lineamientos válidos para la edición de documentación académica en español. Se ha utilizado como referencia los lineamientos de los manuales de la American Psychological Association (APA), en su sexta edición, y de la Modern Language Association (MLA), en su tercera edición. Se complementa la información con la obra de José Martínez de Sousa Ortografía y ortotipografía del español actual, en su segunda edición.


¿Qué es una cita textual?
Una cita textual es la reproducción exacta y fiel de las palabras de una fuente, ya sea oral o escrita. La cita únicamente consiste en esas palabras fielmente reproducidas. La información de la fuente, de dónde se toma y demás coordenadas bibliográficas forman lo que denominamos referencia; es decir, es la información parentética que indica de dónde se toma la cita textual.

Cuando las ideas del autor no se reproducen textualmente y son modificadas de manera sustancial en su redacción, estamos ante una paráfrasis. Ahí no es necesario aplicar ninguna ortotipografía adicional (el texto mantiene las características formales del cuerpo de texto principal) y únicamente se requiere especificar la referencia.

Cuando es necesario introducir alguna modificación en la cita textual, se indicará por medio de corchetes ([ ]). La ortografía original de la cita también debe respetarse, en cuanto a sus mayúsculas y minúsculas.

Una cita textual puede iniciarse en cualquier parte del discurso, no necesariamente en el inicio de la oración, y finalizará ahí en donde sea pertinente.

La cita textual también puede interrumpirse o fraccionarse para acomodarla a la redacción del autor, según convenga; siempre y cuando se delimite, de manera visible y clara para el lector, en dónde comienzan y terminan las palabras del autor citado.

Ejemplos válidos

San Agustín afirma en sus Confesiones que “El llanto es gustoso y dulce a los desventurados y afligidos”.

“El llanto”, afirma san Agustín en sus Confesiones, “es gustoso y dulce a los desventurados y afligidos”.


Dos normas gráficas según la extensión de la cita
Una de las características que más produce vacilación en la ortotipografía de las citas textuales es el hecho de que el formato varía según se trate de una cita corta o de una cita larga.

La frontera entre lo que se considera “corto” o “largo” es arbitraria y por eso el escritor de obras académicas debe continuamente referirse a su manual de cabecera. El manual de la APA sitúa la frontera en una extensión de cuarenta palabras; el manual de la MLA propone una extensión de cuatro renglones.

Dicho de otra manera, las citas menores de cuarenta palabras (APA) o cuatro renglones (MLA) se escriben de una manera y las que superen esa cantidad se escriben de otra.

Las particularidades de cada una las veremos en artículos separados.


Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.        

martes, 21 de septiembre de 2010

Ortotipografía: los signos de interrogación y exclamación

La capacidad humana de hacerse preguntas y de asombrarse ante el mundo es una de las claves de la evolución y el aprendizaje. Por la misma razón, hemos creado signos para representar estas dos modalidades de pensamiento en la escritura. Sin embargo, con mucha frecuencia escucho dudas reiteradas sobre cómo se utilizan, cuándo se escriben y cuáles son sus reglas ortotipográficas.

En lo que a los signos de interrogación y exclamación concierne, las convenciones varían de una lengua a otra. Por esa razón, aquí nos concentraremos en las normas del español.

¿Cuáles son los signos de interrogación y exclamación?

Los signos de interrogación son esas hoces que terminan en un punto, con las que hemos enmarcado el subtítulo de este apartado: ¿ ?. Los de admiración se distinguen porque se forman con una línea recta, terminada en punto: ¡ !. Como acabo de mostrar, existen dos tipos: uno de apertura y uno de cierre. Es incorrecto situar el signo de cierre en la posición de apertura o a la inversa:

Correcto

¿Me prestas tu libro de cohetes?

Incorrecto

?Me prestas tu libro de cohetes?

¿Siempre se necesita escribir el signo de apertura?

Sí, siempre y cuando estemos escribiendo en español. En español, en el habla, es posible transformar la misma oración (con idéntica estructura sintáctica) en una pregunta o en una exclamación, gracias al poder de la entonación, que en la escritura representamos por medio de signos: Vas a ir al cine no es lo mismo que ¿Vas a ir al cine? o, incluso, que ¡Vas a ir al cine!; en cada caso hay un matiz de significado diferenciador.

Necesitamos el signo de apertura para indicarle al lector el punto exacto de la enunciación en donde se produce el cambio de significado.

¿Por qué a veces se escribe signo de puntuación detrás del signo y a veces no?

Los signos de interrogación y admiración tienen valor de punto final, siempre y cuando no vayan seguidos de una coma o de un punto y coma. Por lo tanto, la adecuada puntuación de la frase dependerá, en primera instancia, de la intención del escritor y, en segunda, del juego de signos, mayúsculas y minúsculas de la oración.

Uno de los casos en donde más se presta a confusión es en la enumeración de preguntas después de dos puntos. La elección entre una alternativa y otra dependerá del tipo de idea que se desee transmitir. Los siguientes son dos ejemplos correctos de puntuación con los signos de interrogación:

Ejemplo 1

La humanidad se ha formulado numerosas preguntas cruciales a través de su historia: ¿cuál es la clave de la vida?, ¿existen poderes superiores que determinen los designios humanos?, ¿cómo se justifica el gobierno de los pocos sobre los muchos?, ¿hasta qué punto se puede dejar el poder en manos de los pueblos?

Ejemplo 2

La humanidad se ha formulado numerosas preguntas cruciales a través de su historia: ¿Cuál es la clave de la vida? ¿Existen poderes superiores que determinen los designios humanos? ¿Cómo se justifica el gobierno de los pocos sobre los muchos? ¿Hasta qué punto se puede dejar el poder en manos de los pueblos?

Nótese que en ningún caso se emplea el punto, porque el signo de interrogación ya tiene valor de punto. Lo que sí procede es dejar un espacio en blanco entre una oración y otra. En cambio, si se toma la decisión de separar las preguntas por medio de comas, el signo de interrogación pierde su valor de punto final y, por lo tanto, la siguiente oración debe iniciar con minúscula.

¿En qué estriba la diferencia entre una manera de escribir la secuencia y la otra?

Es una cuestión de estilo, de tono de voz, por así decirlo. Un punto supone una pausa mayor, una separación más tajante entre una expresión y otra, un ritmo más cadencioso que obliga a lanzar la idea y hacer un silencio. La enumeración por medio de comas nos dice que todas las preguntas son, en el fondo, la misma pregunta; que forman parte de una secuencia, que están ligadas entre ellas. No queremos que el lector las separe, sino que las una.

¿Se escribe espacio antes o después del signo?

El signo debe escribirse sin espacio de separación entre la palabra a la cual está asociado. Así, el signo de apertura irá junto a la primera palabra de la oración y el signo de cierre estará junto a la última palabra de la oración:

Correcto:

¿Vas a llegar tarde esta noche?

Incorrecto:

¿ Vas a llegar tarde esta noche ?

Tampoco se debe pegar el signo a otras palabras que no sean las señaladas.

Correcto:

Tu tía ya llegó. ¿Está listo el café?

Incorrecto:

Tu tía ya llegó.¿ Está listo el café?

En este último ejemplo, también conviene destacar que los signos de interrogación y exclamación únicamente tienen valor de punto cuando están en posición final de oración. Por lo tanto, las oraciones que le antecedan deben llevar sus respectivos signos de puntuación.

Casos en que las preguntas o exclamaciones no llevan signos

Dentro de la redacción se dan casos especiales en donde el hablante siente que se formula una pregunta, pero no precisan los signos respectivos. Esto ocurre cuando la pregunta está integrada en el discurso y no formulada como una oración interrogativa.

Ejemplo:

La maestra pregunta si los niños trajeron la tarea.

Para que esta oración fuese interrogativa, tendríamos que modificar la redacción, por ejemplo así:

La maestra pregunta: “¿Trajeron la tarea?”.

En síntesis

Las reglas de los signos de admiración e interrogación son sencillas:

  1. Siempre deben escribirse los signos de apertura y de cierre.
  2. El signo tiene valor de punto en posición final de palabra, siempre y cuando no le siga otro signo de puntuación (coma, punto y coma, dos puntos).
  3. El signo debe ir junto a las palabras respectivas de apertura y de cierre de la oración que enmarca, sin espacio de separación respecto a estas, pero con un espacio que lo separe de las otras oraciones adyacentes.
  4. Se debe valorar la sintaxis de la oración para discernir cuándo procede escribir los signos.

En cuestiones de signos de interrogación y exclamación, la buena ortografía garantiza la comunicación más allá de las fronteras, las costumbres y las diferencias culturales.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Negrita, cursiva, comillas: evitar el doble subrayado

Un error frecuente en tesis y documentos de autores noveles o nunca editados es el uso del doble subrayado o doble destacado. Por subrayado no me refiero aquí a utilizar una línea debajo de la palabra, como se estilaba de manera estándar antes del uso de las computadoras, es decir, este tipo de subrayado. Me refiero, en cambio, a la necesidad de emplear más de un signo tipográfico para destacar una palabra u oración dentro del discurso escrito.

Existen varios métodos tipográficos para subrayar, destacar o mostrar que algo es distinto de alguna manera de las palabras que tiene a su alrededor. El subrayado propiamente dicho (método propio de las máquinas de escribir) casi no se emplea en la actualidad, gracias a la existencia de la cursiva y la negrita. Las comillas, ya sean americanas (“ ”) o angulares, de codo o españolas (« ») también cumplen una función tipográficamente diferenciadora: aíslan la palabra y en algunas ocasiones hasta le dan su propio tono de voz, por así decirlo. También se puede optar por las VERSALES o las VERSALITAS, y solo en casos justificados, la mayúscula inicial.

Sin embargo, en el esfuerzo del escritor por hablar a través de los signos y por mostrar las diferencias entre una palabra y las que la rodean, ocurre el error de subrayar mediante dos o más signos tipográficos.

Pongamos un ejemplo clásico: las obras literarias, cinematográficas y artísticas (con algunas excepciones, según la convención que se siga) se escriben generalmente en cursiva. Es una convención que han adoptado diversos sistemas editoriales y bibliográficos, como Chicago, APA, Cambridge y hasta la misma Real Academia Española (RAE). La encontramos incluso en las recomendaciones de las obras de maestros editores como José Martínez de Sousa y Roberto Zavala.

Usemos una película de moda, de una sola palabra: Avatar. Hay quienes podrían caer en la tentación de escribir: Avatar, “Avatar”, “Avatar” y, en algún caso extremo, “Avatar”, en donde mediaría inclusive un cambio de fuente.

El mismo problema aplica para las citas textuales. Las citas inferiores a 40 palabras (límite de APA) se escriben entre comillas, dentro del texto. Sobra ponerlas en cursiva. Las citas más grandes se destacan mediante márgenes diferentes y un tipo de letra más pequeño. Sobran cursivas y comillas: los márgenes y el tamaño bastan para saber, de buenas a primeras, que estas no son palabras del autor.

El escritor, ya sea de tesis o libros, deberá preguntarse –ojalá antes de comenzar a escribir y, en definitiva, antes de remitir su manuscrito a valoración– cuáles son las convenciones editoriales a las que deberá apegarse para publicar (así se trate de hacer público su trabajo a través de una biblioteca, de internet o en forma de libro impreso). Si es una tesis, deberá averiguar, en su facultad o universidad, a cuál sistema bibliográfico deberá apegarse y adquirir el manual correspondiente, en donde este tipo de detalles aparecen estipulados. Si escribe para una editorial, deberá solicitar el manual de estilo de la casa o pedir ayuda de su editor.

Pero aun si se escribe en soledad, para uno mismo, la norma de la lengua es clara: únicamente se necesita destacar una vez. Lo demás sobra y se vuelve grito tipográfico.

Por eso, antes de sobrecargar su página escrita con signos que se acumulan unos sobre otros, recuerde la regla de nunca aplicar doble subrayado.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Entonces: la coma hace la diferencia

En matemáticas, abunda el uso de entonces con el valor de por lo tanto. Se emplea para indicar una relación causal entre una razón y otra. Muy a menudo esto se ver reforzado por su uso dentro de una construcción abierta por una oración condicional: “Si tal condición se cumple, entonces…”. Cuando vemos la oración de esta manera, no produce mayores inquietudes ortográficas. Sin embargo, la duda sobreviene cuando el adverbio entonces encabeza una línea u oración y, más todavía, cuando aquello que le sigue no es una expresión lingüística, sino matemática, como una fórmula. En esos casos, vemos expresiones tales como

        Entonces

        [fórmula]

y sobreviene la pregunta: ¿cómo se escribe el entonces? ¿Lleva algún signo después? ¿Lleva coma o dos puntos?

¿Qué valor semántico tiene entonces?

Entonces es una palabra versátil. Según su posición en la oración puede tener dos funciones semánticas (y sintácticas en sus resultados) completamente distintas: adverbio o conector. Esta es la clave de la coma.

¿Cuándo es adverbio y cómo se escribe?

Los adverbios, por definición, son aquellas palabras “ad verbum”, junto al verbo. En tanto adverbio, indica una relación de temporalidad; es decir, señala cuándo se ha realizado la acción. Veamos un ejemplo:

        Entonces usábamos vestidos largos.

En estos dos casos, entonces nos dice cuándo está ocurriendo la acción del verbo. Lo comprendemos mejor si lo vemos en su contexto íntegro:

Las fiestas eran suntuosas, por aquel año de 1875. Entonces usábamos vestidos largos, guantes y abanicos.

Queda ahora claro el valor semántico de entonces: remite a una coordenada temporal. Podríamos reemplazarlo por en aquel entonces, en esa época, en aquellos años, en esos días… El reemplazo no necesariamente sería estilístico, sino una prueba de corrección: si puedo hacer la sustitución y la frase todavía tiene el mismo sentido que antes (o ligeramente similar), puedo afirmar que se trata del adverbio de tiempo.

¿Cuándo se convierte en conector?

El vocablo entonces abandona su identidad como adverbio cuando pasa a cumplir una función distinta en el discurso: conecta dos estados, dos relaciones, dos condiciones. Por ejemplo, pasa a indicar una relación de causalidad entre una condición y otra: “si la Tierra no está en el centro, entonces el Sol no gira alrededor de la Tierra”.

Tomemos el ejemplo usado para el adverbio, pongámosele la coma y veamos la diferencia:

Entonces, usábamos vestidos largos.

La sola presencia de la coma remite la imaginación a otra condición. El uso del vestido largo, en este caso, es la consecuencia de un evento previo, no de un tiempo previo. Veamos el nuevo contexto de esta ficción:

Las mujeres eran recelosas de los extraños. La represión sexual había producido un morbo incontenible por la expresión de la piel. Parecía necesario, a todas luces, ocultar el cuerpo. Entonces, usábamos vestidos largos a modo de coraza protectora contra las miradas lascivas.

La frase cambiaría de sentido si se reemplazara el entonces por en aquella época. Sin embargo, lo conserva si reemplazo la palabra por otras expresiones, como por lo tanto, en consecuencia…

Entonces… ¿dónde va la coma?

Cuando entonces tiene valor de conector y se escribe al inicio de la oración, siempre debe llevar coma. Volviendo al ejemplo en los textos de matemática, se escribiría así:

Entonces,

[fórmula]

Cuando forma parte de una construcción condicional, se respetará la sintaxis de estas expresiones. Por ejemplo,

Si vamos al cine, entonces no es necesario llevar la bolsa del supermercado.

En síntesis

Los editores saben que gran parte de su oficio consiste en unificar. Quienes carecen de entrenamiento en lingüística pueden llegar a pensar en la unificación como un asunto estrictamente formal: “siempre que aparezca tal palabra, se escribirá de tal manera”. Esto podrá ser cierto para aspectos ortotipográficos, más cercanos al mundo de lo gráfico que a lo semántico.

No obstante, en cuestiones de comas, el signo gráfico tiene una razón de ser más allá de la escritura de un grafo que, a muchos, les puede parecer estorbo: es una guía de sentido, es un indicador del significado, es un instrumento para clarificar la relación entre los elementos del discurso dentro de la unidad mínima de la oración.

Una coma no se pone o se quita por estrictos criterios de unificación per se. Es un problema de comunicación, no de estética visual o de unidad gráfica.

Lista de obras consultadas

Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Madrid: Autor, “Entonces”.

Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe, “Coma”, §1.3.

Real Academia de la Lengua y Asociación de Academias Americanas (2010). Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, §17.9i, §30.12h, §30.13a.

Agradecimiento

Este artículo se originó en la inquietud y las conversaciones con Vanessa V.

domingo, 16 de mayo de 2010

Las comillas de este blog

Cuando inicié este blog, estaba, simultáneamente, estrenando mi nueva computadora. En esos primeros días de mucha ignorancia, cuando busqué en el teclado las comillas voladitas o americanas (“ ”) fallé en encontrarlas al primer intento. En su lugar, cuando empleaba las comillas, automáticamente aparecían las comillas de codo o comillas españolas (« »).

Fue a partir de esa incapacidad técnica que las comillas españolas se convirtieron en el estándar en este blog, aun cuando poco tiempo después encontré las diversas maneras de poner comillas en mi teclado.

Ahora, unos ocho meses después de haber iniciado la quijotada de Nisaba, me veo en la necesidad de admitir que estoy en un contexto editorial en donde las comillas americanas son la norma.

Por lo tanto, a partir de hoy, todas las comillas en los artículos de este blog serán comillas americanas. Aunque pareciera incoherente cambiar la norma editorial del blog sobre la marcha y, con eso, romper la vieja regla de “pinche pero parejo”, la realidad es que ninguna norma puede estar por encima de las necesidades impuestas por el devenir y las circunstancias. Rectificar no solo quiere decir corregir, sino trazar un nuevo rumbo según las necesidades del momento.

domingo, 9 de mayo de 2010

Equívocos y reglas de las abreviaturas con letras voladitas

Uno de los casos de consulta más frecuentes es la correcta grafía de las abreviaturas por contracción cuya letra o letras finales se escriben de forma volada. Palabras como número, primero, doña y afectísimo se abrevian, respectivamente, n.o, 1.o, D.a, af.mo.

La corrección de abreviaturas, aun cuando se ve sencilla, suele complicarse en su diaria implementación, debido a lo extraña que le parece al lector su grafía y a la ambigüedad con que se ha tratado la normativa en la documentación académica, pocas veces orientada a la desambiguación ortotipográfica. Por lo tanto, en la práctica, se producen equívocos ante los que debemos estar alerta y contrarrestar con la aplicación de unas sencillas reglas.


Regla 1: el punto es necesario

La mayoría de las personas escribe n° (ahí hay dos vicios tipográficos, como veremos en la segunda regla), y se extrañan de la indicación del corrector de añadir el punto inmediatamente después de la n. A veces las pruebas van y viene hasta tres veces hasta que, con mucha paciencia, se saca del estante el libro de autoridad, se le muestra al colaborador por qué se solicitó la corrección y se le pide que observe muy de cerca la existencia del punto que, hasta ese momento, su cerebro había hecho el mayor esfuerzo por invisibilizar.

¿Por qué el punto debe escribirse? José Martínez de Sousa, en su Ortografía y ortotipografía del español actual, proporciona dos excelentes razones. En primer lugar, porque es una abreviatura propiamente dicha y no cualquier otro tipo de abreviación, como un símbolo o una sigla. En segundo lugar, porque dada su similitud, si no se emplea la abreviatura en casos como 1.o, existe el riesgo de que se confunda con el signo de grado (2008: 192).


Regla 2: el circulito es una letra, no una bolita

El segundo error en la aplicación de esta abreviatura es el empleo del signo de grado (°) en lugar de una letra o voladita, que se obtiene en el procesador de textos al aplicar la función de superíndice, con un cuerpo de letra de menor tamaño: (o). Esto se considera error tipográfico, aun cuando serán pocos los lectores con el entrenamiento visual para hacer la distinción (fenómeno que no nos exime a los editores de hacer bien nuestra labor).

Ahora bien, el lector entrenado sabrá reconocer la diferencia: 1° se lee «un grado»; mientras que 1.o se lee «primero».

Según este criterio, también sería incorrecto el fenómeno tipográfico inverso: emplear la función de superíndice para indicar el signo de grado. El signo de grado es un caracter especial que se inserta en el texto. En computadoras Macintosh se encuentra con la combinación opción 8 (tecla para el número 8). En Windows, varía según el teclado, pero usualmente hay alguna tecla en donde está situado, en alguna combinación con mayúscula o alt. En caso de no encontrarlo, siempre se puede acudir a la función de insertar símbolo, en el procesador de textos.


Regla 3: la letra debe concordar con la palabra abreviada

Dada la confusión señalada en la regla anterior, muchas veces encontraremos textos en donde la abreviatura con terminación masculina se emplea indistintamente (y casi siempre con el signo de grado en lugar de la o), aun cuando se esté abreviando una palabra femenina o en plural, o su terminación sea otra. Así, es incorrecto escribir: llegó en 1° lugar. La forma abreviada correcta sería: llegó en 1.er lugar (aunque en este caso, el corrector también podría sugerir que se emplee la palabra completa y no una abreviatura, por razones de estilo).

Si la palabra abreviada es femenina terminada en -a, la letra voladita debe ser una a. Si la palabra abreviada está en plural, las letras voladitas deben expresar ese plural: M.a (por María), af.mos (por afectísimos).


En síntesis, tenemos tres reglas que deberán cumplirse siempre: el punto, la función de superíndice y la concordancia en género y número. Así obtendremos abreviaturas tipográfica y semióticamente correctas.


Bibliografía consultada
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
––––– (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.

sábado, 20 de marzo de 2010

Ortotipografía de la raya en oraciones parentéticas

La ortotipografía de la raya suele producir dudas. Este es uno de los casos en que la tecnología de autocorrección de los procesadores de texto, para colmos, estorba más que ayudar.

Si nos apegamos a las reglas de la Real Academia Española, raya existe solo es una, según la define el Diccionario panhispánico de dudas como «un trazo horizontal (—) de mayor longitud que el correspondiente al guion (-), con el cual no debe confundirse».

Esta raya es el signo que tradicionalmente se emplea en nuestra lengua para abrir los diálogos de los personajes dentro de una novela u o obra ficcional. Aparece al inicio del párrafo, antes de cualquier palabra del personaje, y debe escribirse al final de las palabras del personaje para indicar que estas han terminado y que, cualquier cosa que esté después, es un comentario del narrador. Según la ortotipografía académica estricta, ese segundo signo es también una raya, de la misma longitud que la de apertura del diálogo.

Sin embargo, editores de obras en habla española, desde hace varias décadas, han empleado un signo gráfico de longitud intermedia entre la raya y el guion: (–) para diferenciar, semióticamente, las oraciones parentéticas dentro de párrafos y los comentarios del autor, distintos de las palabras de los personajes. Mientras esta no sea una regla en firme adoptada por la Academia, queda a gusto de los editores, siempre bajo la norma de aplicarla de manera sistemática en toda la obra escrita, editada o revisada.

Ahora bien, independientemente de cuál raya se emplee, hay reglas comunes que deben seguirse para las rayas de las oraciones parentéticas. Programas como el Microsoft Word incluyen una función automática de corrección que no está adecuadamente programada de acuerdo con las normas ortotipográficas castellanas. Por esa razón, al «corregir» produce dos errores (horrores) ortotipográficos: a) cierra la frase parentética con un guion de menor longitud que la raya de apertura; b) elimina uno de los espacios en blanco obligatorios que deben separar las rayas de la oración principal; y c) elimina la raya de cierre cuando va seguida de punto final. Estas correcciones ocurren como resultado de aplicar reglas ortotipográficas propias de lengua inglesa y no de lengua española.

Así, desde el punto de vista de la grafía, autores, correctores y editores deben vigilar siempre por el cumplimiento de los siguientes detalles:


  1. La raya de apertura debe tener una longitud idéntica a la raya de cierre.

  2. La raya de apertura y de cierre se escriben pegadas (sin espacio en blanco) a la primera y última palabra del enunciado parentético, respectivamente.

  3. La raya de apertura y de cierre se escriben separadas por un espacio en blanco de las palabras de la oración principal dentro de la cual se inscriben.

  4. Si lo que le sigue a la raya parentética de cierre es un signo de puntuación, se omite el espacio entre la raya y el signo.

  5. La puntuación de la oración debe abarcar la frase entre rayas; por lo tanto, no se escriben signos de puntuación antes de la raya de apertura, puesto que esta depende semánticamente de la palabra o frase inmediatamente anterior.

  6. Aunque la raya de cierre vaya seguida de punto final, debe escribirse antes del punto; no se elimina.

Oraciones parentéticas: ¿comas, rayas o paréntesis?

Hay aspectos de la escritura más difíciles de explicar y corregir que otros. Uno de ellos es la selección de la grafía más adecuada y correcta para las oraciones parentéticas. Una oración parentética es aquella se intercala dentro de una oración mayor, introduciendo una aclaración o una digresión. Se puede escribir de tres maneras distintas: entre comas, entre rayas o entre paréntesis, según el grado de divergencia que tenga en su relación con la oración principal.

Hay algunas reglas de uso, claro está, pero su formulación gramatical resulta limitada. Roberto Zavala la enuncia de esta manera: la raya se utiliza «Cuando se interrumpe momentáneamente un enunciado para intercalar una frase aclaratoria cuyo sentido no se aparta mucho de la oración principal» (1995: 307).

El Diccionario panhispánico de dudas amplía un poco más: «Los incisos entre rayas suponen un aislamiento mayor con respecto al texto en el que se insertan que los que se escriben entre comas, pero menor que los que se escriben entre paréntesis» (2005: «raya», 2.1).

Sin embargo, cuando estamos en medio de un proceso creativo, redactando, ordenando ideas, creando un texto (o bien, durante un proceso de edición, un vivo ejemplo de lectura activa), las reglas no deben ser un conjunto normativo cerrado e inamovible que repetimos de memoria. Las reglas son un impulso interiorizado, vivo y pertenecen al orden de la expresión de las ideas a través de la lengua escrita como forma.

Desde ahí, ¿cómo se aplica la norma? El arte de escribir radica en sentir, desde la médula, la sutileza del lenguaje. Así, la decisión creativa de elegir (o dejar pasar) las comas, las rayas o los paréntesis para las oraciones parentéticas depende enteramente de la percepción subjetiva que autor o editor tienen del grado de interrupción del discurso.

La raya en un diálogo nos muestra dos reinos de enunciación distintos: la enunciación del personaje que habla y la enunciación de la voz que narra al personaje. Esto nos da una pista, un indicio: la oración parentética es una interrupción del pensamiento, una divagación, una divergencia, una flecha que dirige hacia otro lugar.

Si es apenas una breve explicación, va entre comas. En cambio, si es una interrupción del argumento, si es una ironía, si es una llamada de atención, si es la voz del narrador volviéndose hacia el lector e interpelándolo directamente (del modo que lo hace el pintor de las meninas de Velázquez), entonces la raya será una excelente opción.

Y si se trata de un susurro, de una anotación al margen, de una palabra silenciosa pero que debe hacerse visible, según lo que sienta el escritor que deba decir, el paréntesis o el corchete pueden ser su elección. El paréntesis es también el lugar reservado para esa información obligatoria pero extradiscursiva, como las referencias.

Una oración explicativa que no divaga ni se aleja de la oración principal, para colmos corta, si se escribe entre guiones, no hace más que interrumpir innecesariamente la lectura, convertirse en piedra de tropiezo. En cambio, unos guiones correctamente empleados llevan a lector a donde debe llegar, lo orientan, le ayudan a interpretar la oración. Sabe que si los elimina por un momento, podrá ver la oración original; luego, mentalmente, vuelve a yuxtaponer ambos enunciados paralelos y es capaz de escuchar el susurro del texto, la voz del otro que se encierra entre las rayas y le dice, por un instante: «piense también en esto, que usted no sabe pero que tal vez adivina…».

domingo, 7 de marzo de 2010

Puntos suspensivos: omisión de texto al final de la cita

Los puntos suspensivos al final de una cita siempre indican que falta texto por mencionar. Al igual que los de inicio, al lector le puede quedar la interrogante: ¿estaban ahí, en el texto original, o fueron puestos ahí por quien ha decidido transcribir el texto? Martínez de Sousa e incluso Manuel Seco los ponen entre corchetes. La RAE los deja sin signos adicionales: ni espacio en blanco, ni corchetes, ni paréntesis. El manual de APA recomienda no utilizarlos jamás, de modo que se elimina el problema de cómo deberían escribirse. Esta última es, quizás, la recomendación más sensata y más sencilla para mantener limpieza y unidad editorial.

En caso de que sean obligatorios o la obra tenga un carácter erudito que obligue a la precisión, para ser consecuentes con la fidelidad de la transcripción, deberíamos acoger el criterio de Martínez de Sousa, quien aclara que cuando la cita no finaliza en signo de final de oración (punto, puntos suspensivos, admiración, interrogación), ese signo debería eliminarse (para que no quede suelto) y reemplazarse por un espacio seguido de puntos suspensivos entrecorchetados. Pero en este caso, para mantener la unidad de la edición, también debería optarse por encorchetar los puntos suspensivos que se pongan para indicar omisión al inicio de una cita. (Debe hacerse la advertencia: si la obra tiene muchas citas, se verá recargada, exagerada la cantidad de signos empleados para decir que la frase está inconclusa).

Con respecto a la inclusión de los signos de puntuación finales de la cita, hay divergencia de criterios. Martínez de Sousa indica que no deberían suprimirse, de modo que siempre sepamos si esa es la última palabra de la oración o quedó texto sin citar (2007: 75).

En la práctica, debido a la complejidad de las citas, a menudo combinadas con otros signos como las comillas, la estricta inclusión del punto del texto citado a veces recarga la transcripción, puesto que se yuxtapone visualmente al punto de cierre de oración que puede aparecer detrás de las comillas; además de que le da al lector una falsa sensación de cierre cuando la frase o párrafo dentro del que se coloca la cita todavía no ha terminado (únicamente han terminado las palabras transcritas, pero no necesariamente la idea que está exponiendo el autor).


Puntos suspensivos: omisión de texto en medio de la cita

En la escritura académica, el caso más frecuente (y obligado de indicar) de omisión textual dentro de una cita es la ausencia de palabras, frases o hasta párrafos dentro de la cita.

La mayoría de los editores prefieren, para estos casos, encerrar los puntos suspensivos entre corchetes (paréntesis cuadrados) y jamás entre paréntesis. Defienden esta postura José Martínez de Sousa y Miguel Ángel Guzmán (citado por el manual del APA en español), y Roberto Zavala Ruiz (2008) comenta que los corchetes son los favoritos de las editoriales, un cuando a veces se reserven para obras académicas o eruditas. La RAE (a través del DPD) avala tanto el uso de puntos suspensivos dentro de paréntesis como de corchetes, si bien prefiere el uso de los corchetes.

Personalmente, me adhiero a la preferencia de los editores: los puntos suspensivos deben ir acompañados, para no generar ambigüedad y, de preferencia, que sea por corchetes, que indican una intromisión en el texto por la «mano criminal» de quien lo cita.


Omisión de una sola palabra o frase

Si el texto omitido es de una palabra o una frase solamente, procede simplemente reemplazar ese texto por el signo gráfico respectivo: «En efecto, estábamos bajando al refectorio cuando escuchamos unos gritos […]. Guillermo se apresuró a apagar la lámpara». Conviene respetar la puntuación original (en este caso, el punto después de los corchetes), de manera que el texto conserve su lecturabilidad.


Omisión de más de un párrafo

Si el texto omitido obliga a un salto de párrafo o se omite un párrafo completo o más, los puntos suspensivos encorchetados deberán «flotar» en la cita, para indicar la omisión de un fragmento de considerable tamaño.

Pegándonos a las paredes, llegamos hasta la puerta que daba a la cocina, y comprendimos que el ruido venía de afuera, pero que la puerta estaba abierta. Despés las voces y las luces se alejaron, y alguien cerró la puerta con violencia. Era un gran tumulto, preludio de algo desagradable. A toda prisa volvimos a atravesar el osario, llegamos de nuevo a la iglesia, que estaba desierta, salimos por la puerta meridional, y divisamos un ir y venir de antorchas en el claustro.
[…]
Se presentó el Abad, y Bernardo Gui, a quien el capitán de los arqueros informó brevemente de los hechos.

José Martínez de Sousa cita, en adición a la anterior, propone otra alternativa para indicar este tipo de omisión (2007: 74-75.
Si lo que se suprime es un párrafo entero o más de uno, se puede indicar de varias maneras: si la cita está entre comillas latinas, a continuación del último final de párrafo se coloca un igual entre espacios, después los puntos encorchetados, seguidos de otro igual entre espacios y el texto del párrafo siguiente:
        [cita] = […] = [cita];
se usa el mismo signo si se trata de un párrafo como si son dos o más los suprimidos; si la cita se dispone aparte y en cuerpo menor.
Cuando la cita creada a partir de textos tomados de varios párrafos es demasiado corta, Martínez de Sousa ofrece una alternativa elegante:
El texto citado se dispone tal como aparezca en el original, con sus mismos puntos y aparte. Sin embargo, si la cita es corta y la introducimos en nuestro párrafo entre comillas latinas, el punto y aparte no se indica haciendo un punto y aparte efectivo, que daría al escrito un aspecto bastante chocante, sino poniendo un signo igual (=) (o incluso una doble pleca: ||) en el lugar que debería ocupar el texto que omitimos; irá precedido de punto y espacio y le seguirá espacio antes de continuar con el texto de la cita:
        [cita]. = [cita].
Si el texto subsiguiente no es el comienzo del párrafo que sigue, es señal de que hemos omitido parte del comienzo de este párrafo porque tampoco nos interesa. En este caso, la parte omitida se sustituye por puntos encorchetados, y la grafía queda así:
        [cita]. = […] [cita].

¿Y si hay demasiadas omisiones en una misma cita?

En lo personal, prefiero el empleo de los corchetes flotantes, aunque con una advertencia: si el texto está recargado y hay demasiadas omisiones, la publicación se afeará y el lector se sentirá perdido entre tantos fragmentos. En ese caso, es mejor recomendarle al autor que redacte de nuevo, utilice el método de la paráfrasis o que redacte su propio párrafo integrando, en donde corresponda, los fragmentos de mayor conveniencia.

Al final, por encima de la corrección ortotipográfica, nuestro verdadero fin es lograr un texto fluido, fácil de leer y amigable para el lector; y hay muchas maneras de lograrlo mientras se consigna la correcta autoría de las ideas, sin caer en la enfermedad de citar textualmente todo cuanto nos encontramos.


Referencias bibliográficas
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Original work published 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.
Zavala Ruiz, R. (2008). El libro y sus orillas (3.a ed.). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Puntos suspensivos: omisión de texto al inicio de la cita

Quizás uno de los usos más frecuentes de los puntos suspensivos para indicar omisión de texto es, precisamente, al inicio de las citas. Los autores parecen encontrarlos elegantes y sutiles; les hace pensar que evocarán en el lector la sensación de pasado, de texto que ha comenzado en otro lugar, de ideas que no se iniciaron en esa palabra sino muy atrás.
Para estos casos, el Diccionario Panhispánico de Dudas indica una norma particularmente interesante: introducir un espacio en blanco entre los tres puntos suspensivos y la primera palabra de la cita, como un instrumento para indicarle al lector que estos puntos suspensivos corresponden a una omisión textual y no, como podría pensarse, a un signo colocado ahí por el autor original de la cita.
Como editora y como lectora, considero que esta es una norma sensata y me ayuda a identificar, sin ambigüedades, qué indica ese signo tipográfico.
Ahora bien, ya más como editora, creo que conviene siempre hacerse una pregunta necia: ¿realmente se necesitan esos puntos suspensivos? Si somos estrictos con el razonamiento, una cita, por su propia naturaleza, es siempre un texto inconcluso (a menos que sea un microcuento de un párrafo; pero esas serán las excepciones, no la norma). La cita siempre comienza en otro lugar, proviene de un pensamiento previo y concluirá muy lejos del fragmento que ha sido seleccionado. Esta pregunta es válida también para los puntos suspensivos finales. Entonces, el editor deberá mirar el texto con mucho cuidado e interrogar finamente al autor a través de sus signos (como lo hará cualquier lector en su casa): ¿realmente esos puntos suspensivos le agregan algo al texto, semióticamente hablando? ¿No son, acaso, un simple vicio de escritura copiado de textos que al autor le parecieron elegantes o chic? ¿En verdad es necesario introducir la ensoñación de los puntos suspensivos para que el lector se pierda en ellos y tome la cita como un fragmento que capta del aire, incompleto?
La respuesta a estas preguntas dependerá, forzosamente, de la percepción de quien las haga, del contexto de la cita dentro de la obra y, claro, de la naturaleza de la obra por publicar. Unas ideas personales al respecto: en obra literaria o filosófica es posible encontrar más excusas y «contextos adecuados» para esos puntos suspensivos iniciales. En obras académicas, científicas o didácticas, en cambio, sobran y se convierten en un peso innecesario; especialmente si hablamos de obras de más de 300 páginas plagadas de citas.
Por lo tanto, siempre que usted se encuentre (como autor, editor o corrector) unos puntos suspensivos al inicio de la cita, antes de simplemente añadir el espacio recomendado por el DPD, pregúntese primero: ¿realmente se necesitan? Y, sin misericordia, elimine todos los que sobren; de manera tal que solamente se conserven aquellos cuyo aporte semiótico sea lo suficientemente poderoso para hacer la diferencia en la lectura.

Algunas normas
Para efectos prácticos, conviene siempre estar al tanto de las normas al respecto, según diferentes criterios:
  1. Real Academia Española: avala el uso para los casos en que se quiere dejar muy en claro que la reproducción de la cita no se hace desde el inicio del enunciado (DPD, «puntos suspensivos», 2.h).
  2. Normativa bibliográfica del APA: indica que no deben utilizarse nunca, excepto en el caso específico en que su uso prevenga una interpretación errónea del texto (2001: 135).
  3. José Martínez de Sousa: comenta que puede eliminarse sin consecuencias, puesto que el iniciar la cita con una letra minúscula es indicador suficiente para saber que esa no es la primera palabra del párrafo u oración (MELE 3: 75).
Referencias bibliográficas
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Original work published 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.

Puntos suspensivos: omisión de texto en citas

Con mucha frecuencia encuentro, durante mis correcciones, un mal empleo de las convenciones para expresar la ausencia de fragmentos dentro de una cita textual. Este es uno de los aspectos que cada casa editorial debe normar específicamente, puesto que existen varias alternativas posibles, todas correctas. Quienes escriben desde el mundo académico, también deben considerar las normas de manuales de estilo bibliográficos que estén empleando, que también se pronuncian al respecto de estos detalles.
¿Por qué es necesario indicar la ausencia de palabras, frases o párrafos en una cita textual? La respuesta es sencilla: honestidad. El lector tiene derecho a conocer, exactamente y sin la menor duda, las palabras exactas que están siendo tomadas de otro autor. De igual manera, para no lesionar los derechos de propiedad intelectual, es derecho de cualquier autor del mundo ser citado de manera precisa, según sus propias palabras y no una adaptación realizada a conveniencia de alguien más.
Para el lector acucioso, conocedor de las convenciones de lectura, los signos que le indican la omisión de texto pueden ser de gran utilidad. ¿Qué tal si aquella cita textual le resulta de interés? ¿Qué tal si adivina algo más, algo que necesita para su propia investigación, detrás de aquella omisión? ¿Qué tal si quiere citar, a su vez, el mismo texto? La mayoría de los investigadores ni siquiera se preguntan si la cita original está mal, simplemente la toman porque confían en su editor y en el autor del texto en donde aparece. De ahí que la responsabilidad de garantizar la precisión ortotipográfica sea todavía mayor.

¿Cómo se indica la omisión de un texto?
Para indicar la ausencia de algún fragmento dentro de una cita se emplean los puntos suspensivos; pero, ¡cuidado!, no basta con poner puntos suspensivos y desentenderse del asunto.
Uno de los argumentos básicos para evitar el uso de los puntos suspensivos a secas es que, si somos lectores cuidadosos, será pertinente hacernos una pregunta sencilla, pero de grandes consecuencias: ¿cuáles de estos puntos suspensivos los puso quien transcribió la cita y cuáles estaban en la obra original? Para evitar esta ambigüedad, existen alternativas sígnicas.
Sin embargo aquí procede hacer otra advertencia: no es lo mismo indicar omisión de texto al inicio, en medio o al final del texto citado. También es necesario indicar si el texto omitido consiste en unas pocas palabras dentro del mismo párrafo o si se está construyendo una cita nueva con fragmentos de párrafos diferentes.
Cada uno de estos casos los estudiaremos en artículos independientes del blog, para facilitar su consulta y analizarlos en su caso particular.

lunes, 22 de febrero de 2010

Ortotipografía: Primera/Segunda Guerra Mundial

Una pregunta que continuamente se nos hace a los correctores es cómo se escriben los nombres de las dos guerras que marcaron la historia de la primera mitad del siglo XX.

Antes de que aconteciera la Segunda Guerra Mundial, la primera también era conocida como la Gran Guerra. Este último sintagma, cuando se está empleando de esa manera y con ese significado específico, se escribe con mayúscula, según advierte José Martínez de Sousa en el Manual de Estilo de la Lengua Española (MELE 3).

La polémica viene cuando nos referimos a cada una de estas dos guerras por separado: la que aconteció entre 1914 y 1918, y la que se produjo entre 1939 y 1945.

Según Martínez de Sousa (2007a, 2007b), tanto la primera como la segunda de estas guerras deben escribirse con minúscula inicial. En su opinión, la mayúscula no se justifica porque su nombre no constituye un nombre propio en sí, sino que consta de dos adjetivos y el sustantivo guerra. O como lo aclara la Wikilengua, «es un nombre puramente descriptivo y no propio (fue guerra, fue mundial y fue la segunda de ellas). La equiparan, por tanto, con guerras púnicas o guerras napoleónicas».

Sin embargo, a esta regla debe contraponérsele otra vigente en español, dictada por la Real Academia Española (RAE) y seguida por otros manuales de estilo: los nombres de términos y eras históricas se escriben con mayúscula.

Con base en este criterio, nos encontramos una tendencia mayoritaria a considerar estas dos guerras como acontecimientos históricos con nombre propio y que, por lo tanto, se escriben con mayúscula inicial. Entre quienes defienden esta postura, podemos citar el Diccionario Panhispánico de Dudas (RAE), el Libro de estilo de ABC y el Libro de estilo de El País.

En cuanto a la grafía de primera y segunda, si bien el Libro de estilo de El País le da preferencia a la grafía con números romanos (II Guerra Mundial), el MELE 3, el Libro de estilo de ABC y la Wikilengua del español (Fundéu) coinciden en recomendar la grafía con la palabra completa. En lo personal, me adhiero a este último criterio.

Particularmente, me inclino por escribir los nombres de ambas guerras con mayúscula inicial y sin abreviaturas, siglas o numerales. Aquí la mayúscula se convierte en un elemento diacrítico: sí, muchas guerras podrán ser mundiales; sí, muchas guerras podrán ser primera, segunda o tercera…, y cuando así se utilice, en un sentido genérico, que rija la minúscula; pero en nuestros tiempos modernos, todos sabemos cuál fue, sin la menor duda, la Primera Guerra Mundial (cuando la vemos así, con mayúscula), y cual su continuación o sucesora. Ambas, en nuestro imaginario, en nuestros textos y en nuestra educación ocupan un lugar por derecho propio, tienen su página en la historia (sin mencionar sus declaratorias, tratados de guerra y de paz y sus juicios). Escríbase pues, con mayúscula, si así lo elige el editor de turno o la editorial.

Y como siempre, la advertencia editorial: sea cual sea la elección tomada, ha de ser coherente y sistemáticamente aplicada en toda la obra, en todo el texto. O como diría el editor y maestro Miguel Guzmán (Centro de Capacitación Versal, México): «Pinche, pero parejo».


Referencias bibliográficas

El País (2003). El País. Libro de estilo (18.a ed.). Madrid: Ediciones Santillana, p. 233. [Versión electrónica: http://estudiantes.elpais.com/libroestilo/dic_gu.asp].
Fundación del Español Urgente. Wikilengua del español. «Ortotipografía en historia». http://www.wikilengua.org/index.php/Ortotipograf%C3%ADa_en_historia (Consultado: 22 de febrero de 2010, 6:00 p. m.).
Martínez de Sousa, J. (2007a). Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas. Gijón: Ediciones Trea, p. 144.
_____(2007b). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea, p. 399.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe, “Mayúsculas”, 4.26.
Vigara, A. M. & Consejo de Redacción de ABC (2001). Libro de estilo de ABC (2.a ed.). Barcelona: Ariel, p. 31.