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martes, 4 de enero de 2011

Estilos bibliográficos

La escritura académica está inevitablemente atada a los estilos bibliográficos. Ningún ensayo académico respetable, en cualquiera de sus formas (científico, de divulgación, didáctico, formativo), está completo sin las referencias de las obras consultadas para su elaboración. Pero no basta con disponer de los datos de las obras leídas y referidas en el texto: además debe hacerse con precisión, elegancia, coherencia y uniformidad. En otras palabras, se necesita seguir un estilo para el formato de las referencias, citas y la elaboración de la lista de obras citadas o bibliografía.

Algunas universidades e instituciones han diseñado sus propios lineamientos bibliográficos. Otras, en cambio, han optado por elegir un sistema ajeno. Uno de los principales problemas de las universidades latinoamericanas es que los sistemas más prestigiosos y difundidos han sido diseñados en países de habla inglesa, bajo reglas ortográficas distintas a las nuestras.


La selección del estilo
El estilo bibliográfico debe elegirse antes de iniciar una investigación, escrito o publicación. Algunas universidades, departamentos, revistas o editoriales ya tienen sus propios manuales o han optado abiertamente por un estilo definido. Siempre conviene revisar la normativa de cada institución y solicitar los manuales respectivos.

En caso de que la institución no disponga de lineamientos claros, queda bajo la directa responsabilidad del autor (estudiante o escritor) elegir un estilo de citación coherente y aplicarlo de manera uniforme en toda su obra.

El estilo bibliográfico debería elegirse de acuerdo con el tipo de escrito y su campo de especialización. No conviene, por ejemplo, seguir un estilo diseñado para el área de humanidades en un campo científico. Cada disciplina tiene sus particularidades y convenciones; por lo tanto, siempre conviene informarse del campo propio, los estilos más difundidos entre la comunidad de científicos para la que se escribe y elegir el sistema más versátil para las particularidades bibliográficas de nuestra investigación.

Con el fin de ofrecer elementos de juicio para la selección de un estilo bibliográfico, aquí haremos una reseña de algunos estilos que pueden ser tomados en cuenta.


Estilo de la editorial de la Universidad de Chicago
Este es uno de los más antiguos, prestigiosos y constantemente actualizado estilo bibliográfico. Se publica a través de su manual, The Manual of Chicago Style (El manual del estilo de Chicago); no conozco ninguna traducción al español y sería, en todo caso, bastante difícil de hacer, dada su extensión y grado de especificidad. Algunos temas, como las referencias legales o los derechos de autor, no podrían traducirse sin una adaptación a los sistemas legales de nuestras naciones. Sin embargo, es una obra vasta que en más de un siglo de publicación ha llegado a contemplar una norma casi para cualquier clase de problema bibliográfico. Este manual se publica desde 1906, y su decimosexta edición vio la luz en el 2010. Esta fue la primera edición en publicarse simultáneamente en papel y en línea.

Sus capítulos sobre creación de bibliografías son los más extensos y detallados que he visto hasta el momento (más de 150 páginas, dentro de un manual de más de 1000 páginas). La más reciente edición contempla, además, numerosos ejemplos de materiales en formato electrónico.

Tiene la ventaja de ser un sistema coherente y muy detallado con dos grandes variantes: el sistema de notas al pie y el sistema autor-fecha. El autor o la editorial elige cuál de los dos se ajusta mejor a su tipo de obra y de público y, para ambos, hay normas detalladas. Muchos otros sistemas emplean el formato básico de Chicago como referencia y gran parte de la tradición oral que se hereda en aulas universitarias tuvo su origen en este sistema, aun cuando ni docentes ni estudiantes puedan recordarlo ya. Para estudiantes de tesis, se recomienda también el manual Turabian, una adaptación de Chicago especialmente para este campo.

Además de los dos capítulos dedicados exclusivamente al formato de las referencias bibliográficas, el manual detalla lineamientos sobre partes de la publicación, preparación y edición de originales, ilustraciones y cuadros, derechos de autor y permisos, gramática y estilo, puntuación, ortografía, nombres y términos, ortotipografía de las cifras y matemáticas, abreviaturas, vocablos en lengua extranjera, citas y diálogos y creación de índices.

Es muy utilizado en el campo de la historia y otras humanidades.

El manual puede comprarse a través de Amazon. También se puede adquirir una suscripción anual a la versión en línea, muy útil y versátil.


Manual de la APA
Quizás por moda, quizás por comodidad, durante la última década, muchas universidades latinoamericanas han optado por el estilo de la American Psychological Association (Asociación Norteamericana de Psicología [APA]). Aunque se ha generalizado su uso entre diversas ciencias sociales, no son raros los casos de departamentos científicos y hasta del área de la salud cuyos académicos elaboran sus tesis y artículos con el estilo APA.

De los sistemas que enunciamos aquí, es el único del que conozco una traducción al español; en este caso, elaborada por la editorial Manual Moderno.

Según se indica en la introducción de la quinta edición, el estilo APA es una variante del sistema autor-fecha del estilo bibliográfico de la Universidad de Chicago; no obstante, altera muchos de los lineamientos propuestos en ese manual y, a la fecha, ya se ha alejado bastante en algunos puntos.

Conviene alertar sobre algunos problemas de traducción de la versión de Manual Moderno. Aun cuando el equipo de esta editorial hace una labor muy loable, hay puntos en donde no se ha adaptado el estilo a las reglas del español, o en donde en el proceso de traducción quedaron pendientes adaptaciones necesarias. También es necesario cuidar la aplicación de algunas reglas que, en nuestro contexto, pueden resultar poco prácticas.

El manual de la APA se encuentra en su sexta edición (2009) y ya está disponible la traducción al español (2010).


Manual de la MLA
La Modern Language Association (Asociación Moderna de Lengua [MLA]) publica su manual desde 1985, ya en la tercera edición: MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (2008). Este estilo bibliográfico es ideal para los estudios literarios y se ha difundido su uso en el campo de las humanidades. Difiere bastante de los estilos de Chicago y de la APA, pero está mejor adaptado a la cita de fuentes literarias, poesía y obras clásicas.


Manual de la MHRA
La Modern Humanities Research Association (Asociación Moderna de Investigación en Humanidades [MHRA]) fue fundada en Cambridge (Inglaterra) en 1918 y su estilo bibliográfico es seguido por múltiples instituciones europeas. Es muy similar al de Chicago y tiene la ventaja de ser gratuito, puesto que se puede descargar libremente del sitio web de la asociación.

Es muy adecuado para áreas de humanidades, como pueden ser publicaciones en el campo de la historia. Por su similitud con Chicago, y por el hecho de poderse usar libremente, es un estilo que merece consideración.


Vancouver y el Council of Science Editors (CSE, antes CBE)
En el campo de la salud y las ciencias exactas, respectivamente, estos dos estilos tienen gran prestigio y mucha tradición en Norteamérica. El estilo CSE se emplea especialmente en el campo de la biología, pero se ha extendido su uso a otras ciencias. Algunas personas encuentran complejo el estilo de Vancouver, puesto que en lugar de un sistema de autor-fecha, numera cada una de las referencias. Este método complica la creación de la lista de referencias final. Sin embargo, para publicaciones en estos campos, ambos sistemas deben ser considerados.


Blue Book
El Blue Book o libro azul es el estilo diseñado por la Universidad de Harvard para la citación de fuentes jurídicas. Los lineamientos para fuentes jurídicas de los manuales de Chicago y la APA se basan en esta publicación, pero conviene notar que no siempre se puede aplicar en países cuyo sistema jurídico difiere del norteamericano (basado en jurisprudencia).


Normativa ISO
Las normas ISO forman parte de los lineamientos de estandarización de la International Organization for Standardization [Organización Internacional de Normalización]) fundada en Londres en 1946. Este no constituye un estilo bibliográfico propiamente dicho, sino un marco normativo para que cada institución u organización formule su propio estilo. La norma ISO 690 se encuentra en su tercera edición (2010). El documento original de ISO está sujeto a derechos de autor y debe ser adquirido en el sitio web de esa organización o en cualquiera de sus filiales en cada país por un precio superior a los $100; pero una interpretación gratuita de estas normas, elaborada por Javier Bezos, puede descargarse en el sitio Tex y Tipografía.

La normativa UNE para referencias bibliográficas, realizada por la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) es el equivalente de la normativa ISO para España.


En síntesis
Considero que es un error de los académicos casarse con un estilo bibliográfico extranjero solamente porque está de moda o por desconocimiento de las alternativas. De los estilos aquí mencionados, ni uno solo ha sido diseñado para ser empleado en la lengua española y solamente dos de ellos han sido adaptados de alguna manera (APA e ISO). Debido a los problemas de derechos de autor, solamente uno de estos estilos (el de la MHRA) está libremente disponible en línea. La interpretación y adaptación de Javier Bezos del ISO también es gratuita, aunque el manual original de esta institución no lo es.

Es nuestra responsabilidad elegir el estilo más adecuado para nuestra publicación y conocerlo a fondo. Debemos ser conscientes de las implicaciones de elegir un estilo. Por ejemplo, no es conveniente decidir emplear el estilo de la APA y basarse en algún resumen de segunda mano para aplicarlo: lo correcto sería adquirir el manual y revisar cuidadosamente la traducción para adaptarlo adecuadamente a nuestra lengua.

Una vez elegida la convención bibliográfica y resueltos sus pormenores, el resto es divertimento académico: leer, entretejer, citar y crear… con estilo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Citas textuales: ortotipografía de las citas largas

La definición de cita larga, como vimos en un artículo anterior, es un límite arbitrario establecido según el manual de estilo bibliográfico que se esté utilizando. En APA se sitúa en cuarenta palabras; en MLA, se define como una cita superior a cuatro renglones; Roberto Zavala la traza en cinco renglones (1995: p. 301) y José Martínez de Sousa en más de seis líneas (Martínez, 2007: p. 72). Personalmente preferiría una medida en caracteres, así que recomiendo la propuesta de APA, por ser menos sujeta a cambio que el ancho del renglón o la línea de cada caja tipográfica.

Las citas textuales largas se sacan del discurso principal, no se integran al párrafo, ni están sujetas a su puntuación: se convierten en un párrafo independiente, en donde aplican varios cambios tipográficos.

  1. Ausencia de comillas. En todos los casos, las citas se escriben sin comillas. Los cambios tipográficos dejarán evidencia suficiente para hacerle saber al lector que se encuentra ante palabras ajenas.
  2. Margen. El párrafo se sitúa a una distancia suficiente del margen izquierdo. APA propone “aproximadamente media pulgada” (p. 171), MLA indica una pulgada, Martínez de Sousa señala un sangrado general con el valor de la sangría empleada en el cuerpo de texto principal. El margen derecho se deja intacto, aunque a algunos editores les gusta usar el mismo valor elegido para el margen izquierdo, de manera tal que la cita se ve “centrada” en la página. El efecto final es el de un bloque de texto independiente dentro de la caja tipográfica.
  3. Cuerpo de la letra. APA y MLA no mencionan ningún cambio en el tamaño de la letra; sin embargo, sí es práctica editorial generalizada el disminuir el tamaño de la letra de las citas largas. Así lo corrobora José Martínez de Sousa (2007) y Roberto Zavala (1995) propone, específicamente, un punto menos que el cuerpo del texto.
  4. Separación de los párrafos anterior y posterior. En APA y en MLA no se aplica ningún espacio de separación. En los usos editoriales, en cambio, la cita se separa un renglón o espacio (o un cuadratín, dice Zavala) de los párrafos inmediatamente anterior y posterior a la cita (Martínez, 2008: 454).
  5. Espaciado. Los manuales de APA y MLA indican que el texto de la cita debe escribirse a doble espacio, pero cabe hacer la aclaración de que también indican que todo el manuscrito se escribe a doble espacio. Por lo tanto, la regla puede interpretarse como que la cita llevará un espacio análogo al del cuerpo de texto.
  6. Sangría. MLA, APA, Martínez de Sousa y Zavala coinciden en que una cita larga compuesta por un solo párrafo se escribe sin sangría. No obstante, si se compone de varios párrafos, los siguientes párrafos deberán llevar sangría inicial (Martínez, 2008: 454; Zavala, 1995: 301; APA, 2009: 171). La única excepción la hace el manual de MLA, puesto que en caso de citar dos párrafos o más, recomienda ponerles sangría a todos, siempre y cuando también el primer renglón del primer párrafo de la cita sea, en la fuente, un inicio de párrafo. De esta manera se le indica al lector experto si este es o no un párrafo independiente en la fuente consultada.
  7. Puntuación. A diferencia de lo que se veía en la cita corta, integrada en el texto del autor, en donde el punto se sitúa siempre después de la información parentética, los manuales de APA y MLA proponen que en las citas largas se debe respetar la puntuación de la fuente. Por lo tanto, si la última oración termina con punto final, se coloca este punto antes de la información parentética y luego se coloca otro punto después del paréntesis de cierre (para respetar la regla en español [Diccionario panhispánico de dudas, “paréntesis”, §3.a]; en inglés ese último punto es innecesario).
Otras maneras de dar formato a las citas
Martínez de Sousa menciona que existen otras alternativas editoriales para destacar las citas, no solo la que estamos proponiendo aquí de forma general. Por ejemplo, si el cuerpo de texto está a doble espacio y se elige no reducir el tamaño de la letra de la cita, esta irá a espacio sencillo, sin comillas. O bien, se puede elegir no darle un sangrado especial a la cita, pero siempre deberá ir en un cuerpo menor y distinguible del resto del texto. También existe la posibilidad de no hacer ningún cambio tipográfico del todo. En este caso, las comillas son obligatorias, tanto al inicio del primer párrafo, como de todos los demás párrafos que vengan después, en los que se usan las comillas de seguimiento; es decir, en lugar poner las comillas de apertura al inicio de cada párrafo, se escriben las comillas de cierre (» o ”), para indicar que la cita se inició desde el párrafo anterior y aún no ha terminado (Martínez, 2007: pp. 72-73; 2008: pp. 453-454).

Estas corresponden a variantes que a menudo encontramos en alguna publicación, pero cada vez se ven en menor cantidad.

La elipsis o supresión de texto en una cita
Sobre este tema tan complejo ya habíamos publicado varios artículos. Remito a su lectura, porque complementa la ortotipografía de las citas textuales y, sin duda, es necesario tomar en cuenta esas normas durante la escritura de obras académicas:

En síntesis
Si bien conviene revisar las reglas del manual bibliográfico al que uno debe apegarse (ya se trate del manual de una casa editorial o de una normativa bibliográfica, como las de Chicago, APA y MLA), la atención a los detalles hará que las citas bibliográficas de nuestra obra académica sean al mismo tiempo funcionales, precisas, exactas y elegantes.

Se deben evitar vicios como destacar todo el párrafo especial al escribirlo entre comillas o con negrita, cursiva u otra familia tipográfica. La elegancia está en la simplicidad tipográfica.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.
a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
        
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.

Citas textuales: ortotipografía de las citas cortas

Las citas cortas se escriben con las mismas características tipográficas del cuerpo de texto principal: en redonda, con el mismo cuerpo de letra, con la misma fuente. Un error usual es aplicar cursiva o negrita a la cita. Incluso hay quienes varían la fuente de la letra.

Quizás exista algún manual de estilo bibliográfico en el mundo que sugiera el uso de la cursiva en las citas textuales. De todas maneras, habría que evitar el doble destacado: si se usan comillas, ¿para qué cursivas? Si se usan cursivas, ¿para qué comillas? No obstante, en este último caso, ¿cómo sabe el lector inequívocamente que es una cita textual y no una idea que el autor quiere destacar?

Por esas razones, la única marca tipográfica para indicarle al lector que está a punto de iniciar o finalizar una cita deben ser las comillas dobles. Se emplean las de apertura (“) o cierre (”), según se sitúen al inicio o al final de la cita. Si el texto se publica para el territorio español, se emplearán las comillas de codo, cuadradas o españolas: « ». [Sabemos bien que la Real Academia Española y José Martínez de Sousa (2008: 332-335) consideran incorrecto el uso de las comillas inglesas o voladitas, por ser un anglicismo tipográfico. Sin embargo, quienes vivimos en el medio editorial latinoamericano no podemos luchar contracorriente cuando la práctica es completamente ajena a la norma: aquí es tan usual y correcto usar las comillas inglesas, como lo es en España usar las comillas españolas].

Las comillas de apertura se separan por medio de un espacio en blanco de la palabra que las antecede; pero van unidas y yuxtapuestas a la primera palabra de la cita textual. La misma regla se aplica a las comillas de cierre, pero inversamente: las comillas se unen a la última palabra de la cita textual y se separan de la palabra siguiente por medio de un espacio; a menos que vayan seguidas de un signo de puntuación.


Correcto
Recuerdo a tu abuela diciendo “más vale el diablo por viejo que por diablo”, cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.

Incorrecto
Recuerdo a tu abuela diciendo“ más vale el diablo por viejo que por diablo ” , cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.


El lugar de la referencia bibliográfica
Existen varios escenarios posibles para situar la referencia bibliográfica de una cita corta. En general, deben seguirse algunas normas en las que los manuales suelen coincidir:

  1. Si el nombre del autor se está mencionando como parte de la redacción del texto y antecediendo la cita textual, justo inmediatamente después del apellido, entre paréntesis, se coloca el año de la publicación. Luego se anota la cita, entrecomillada y, después de las comillas, entre paréntesis, se escribe el número de página respectivo. En sistema APA, debe antecederse por la abreviatura de página (p.). Después del paréntesis no se escribe ningún signo, a menos que se trate de la puntuación propia de la oración.
  2. Si el nombre del autor no se menciona antes, toda la información parentética se escribe, como es usual, en el paréntesis al final de la última palabra de la cita, después de las comillas, separado por un espacio en blanco de las comillas, sin punto en medio. El punto se sitúa al final de la información parentética (si ahí termina la oración) y nunca antes del paréntesis.
Ejemplos correctos de aplicación APA
En el Códice Florentino, afirma Portilla (2003), “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones” (p. 73).
La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto” (Olson, 1994/1997: p. 170).

Incorrecto
En el Códice Florentino, afirma Portilla, “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones”. (página 73).
La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto”. (Olson, 1997: p. 170).


En el último ejemplo, adrede he utilizado una obra traducida al español. Se está usando la traducción de 1997, pero la obra fue publicada originalmente en 1994. Omitir este detalle es un error frecuente en la escritura y edición de obras académicas. (Ver artículo Las referencias de obras traducidas en APA”).


¿Y si hay comillas dentro de las comillas?
En este caso, las palabras que en la publicación original se escribían entre comillas dobles, en la cita textual se escribirán entre comillas sencillas, como una manera de mantener el destacado sin renunciar a la ortotipografía de la cita textual. En las ediciones españolas, en donde se emplean las comillas angulares, se emplean las comillas inglesas, porque habrá suficiente contraste entre unas y otras.

En este escenario, existe un agravante: ¿qué pasa si la palabra entrecomillada en el texto original es, además, la última palabra de la cita que estoy extrayendo? ¿Escribo tres comillas juntas? ¿Dejo un espacio en blanco entre las dos?

En cualquiera de los dos casos se ve mal, eso no se pone en duda. Lo ideal sería extraer la cita de tal manera que jamás una palabra entrecomillada en el texto original sea, a su vez, la última palabra de nuestra cita. Pero si es del todo inevitable, y si no queda nada por hacer, José Martínez de Sousa propone separarlas ligeramente, con medio espacio (no con un espacio completo). Me robo su ejemplo, por ser muy vehemente y claro:

«El Eterno habló a Moisés y dijo: “Habla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Sed santos, porque yo soy santo, el Eterno, vuestro Dios’ ».

Desde luego, si me preguntan cómo haría en un libro latinoamericano, sin comillas angulares para citar ese ejemplo, tendría que recomendar usar todas las comillas, incluso las angulares, tal y como se emplea ahí, porque esa es una cita excepcional en sus características.

Ahora bien, en tanto editora y correctora a veces prefiero la otra vía fácil: cambiar la redacción, cambiar la cita, hacer que la cita sea más larga y darle tratamiento de cita larga (sin comillas al inicio y al final de la cita) o cualquier otra modificación mayor que, por eliminar la causa del problema, elimine también el problema. Si nosotros somos los amos y señores de nuestro texto, ¿quién nos impide modificarlo a voluntad? Dilema tienen los correctores de pruebas, quienes no podrían sugerir tan invasiva corrección.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008).
Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008).
MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). New York: Author.

Citas textuales: citas cortas y largas

En la escritura para el medio académico, la cita textual es uno de los panes de cada día. Forma parte de toda investigación que se respete, ya sea con fines expositivos o didácticos. No obstante, abunda la incertidumbre respecto a su correcta grafía y formato. Cabe la aclaración de que si la universidad, la escuela o el docente de un curso han girado la directriz de seguir al pie de la letra algún manual de estilo bibliográfico (APA, Chicago, MLA, Vancouver, Harvard, etc.), el escritor o editor deberá remitirse antes que nada a ese manual y revisar su normativa.

Sin embargo, la experiencia demuestra que muchas instituciones y docentes tienen una relación difusa con estos manuales y, al final, descansan sobre una especie de tradición oral con poca o ninguna consideración ortotipográfica.

Puesto que el tema es complejo en sus minucias, lo abordaremos a través de una serie de artículos que proporcionen lineamientos válidos para la edición de documentación académica en español. Se ha utilizado como referencia los lineamientos de los manuales de la American Psychological Association (APA), en su sexta edición, y de la Modern Language Association (MLA), en su tercera edición. Se complementa la información con la obra de José Martínez de Sousa Ortografía y ortotipografía del español actual, en su segunda edición.


¿Qué es una cita textual?
Una cita textual es la reproducción exacta y fiel de las palabras de una fuente, ya sea oral o escrita. La cita únicamente consiste en esas palabras fielmente reproducidas. La información de la fuente, de dónde se toma y demás coordenadas bibliográficas forman lo que denominamos referencia; es decir, es la información parentética que indica de dónde se toma la cita textual.

Cuando las ideas del autor no se reproducen textualmente y son modificadas de manera sustancial en su redacción, estamos ante una paráfrasis. Ahí no es necesario aplicar ninguna ortotipografía adicional (el texto mantiene las características formales del cuerpo de texto principal) y únicamente se requiere especificar la referencia.

Cuando es necesario introducir alguna modificación en la cita textual, se indicará por medio de corchetes ([ ]). La ortografía original de la cita también debe respetarse, en cuanto a sus mayúsculas y minúsculas.

Una cita textual puede iniciarse en cualquier parte del discurso, no necesariamente en el inicio de la oración, y finalizará ahí en donde sea pertinente.

La cita textual también puede interrumpirse o fraccionarse para acomodarla a la redacción del autor, según convenga; siempre y cuando se delimite, de manera visible y clara para el lector, en dónde comienzan y terminan las palabras del autor citado.

Ejemplos válidos

San Agustín afirma en sus Confesiones que “El llanto es gustoso y dulce a los desventurados y afligidos”.

“El llanto”, afirma san Agustín en sus Confesiones, “es gustoso y dulce a los desventurados y afligidos”.


Dos normas gráficas según la extensión de la cita
Una de las características que más produce vacilación en la ortotipografía de las citas textuales es el hecho de que el formato varía según se trate de una cita corta o de una cita larga.

La frontera entre lo que se considera “corto” o “largo” es arbitraria y por eso el escritor de obras académicas debe continuamente referirse a su manual de cabecera. El manual de la APA sitúa la frontera en una extensión de cuarenta palabras; el manual de la MLA propone una extensión de cuatro renglones.

Dicho de otra manera, las citas menores de cuarenta palabras (APA) o cuatro renglones (MLA) se escriben de una manera y las que superen esa cantidad se escriben de otra.

Las particularidades de cada una las veremos en artículos separados.


Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.        

lunes, 21 de junio de 2010

Recomendaciones bibliográficas: Diccionario Panhispánico de Dudas

Con este artículo, formalmente inauguramos una nueva sección en este blog dedicada a hablar sobre libros indispensables en la biblioteca de un editor y de un escritor. Iniciamos con el Diccionario Panhispánico de Dudas por tratarse de uno de los mayores aciertos de la Real Academia en los últimos años, si bien todavía reconocemos la necesidad de mejorarla y llevarla más lejos de sus actuales alcances.

¿Qué es el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD)?

Este diccionario es una obra de referencia esencial en la biblioteca del editor. A diferencia de un diccionario exclusivamente léxico, como el Diccionario de la Real Academia (DRAE), el DPD atiende directamente las zonas de duda, tanto en el campo léxico, como en la sintaxis, la morfología, la ortografía y, tímidamente, en la ortotipografía.

Un precedente inmediato es la obra de Manuel Seco, quien también se dirigía específicamente a la atención de dudas de la lengua. Lo que hace valioso el DPD es la colaboración de las academias del continente americano y, desde luego, su oficialidad.

¿Qué contiene este diccionario?

Una de sus ventajas es que integra contenidos que antes solamente se encontraban en obras como la Ortografía o la Gramática, pero ordenados alfabéticamente bajo un lema descriptor.

Por ejemplo, en este diccionario podremos encontrar las reglas de uso de las mayúsculas en la entrada “mayúsculas”, los usos de la coma en la entrada “coma”, las reglas de acentuación (tilde) en la entrada “acento” y los múltiples usos sintácticos del pronombre relativo que en la entrada “que”, con remisiones a otras entradas también de interés como “queísmo” y “dequeísmo”.

Entre sus múltiples contenidos, podemos enumerar los siguientes:

  • Artículos temáticos: uso de signos ortográficos, sintaxis, abreviaturas, siglas y siglomas…
  • Palabras concretas que plantean dudas en aspectos morfológicos: plural, femenino
  • Neologismos, extranjerismos, topónimos y gentilicios, latinismos
  • Pronombres, adverbios, verbos, artículos, preposiciones…
  • Concordancia
  • Fenómenos lingüísticos particulares: queísmo, dequeísmo, voseo, leísmo/laoísmo/loísmo
  • Tipos de oración: oraciones impersonales y pasiva refleja
  • Numerosas construcciones y locuciones
  • Voces dudosas: voces similares que se confunden en el uso, voces usadas con sentido impropio, calcos semánticos
  • Reglas generales de conjugación verbal
  • Listas de abreviaturas, símbolos, nombres geográficos y gentilicios

¿Cómo se usa este diccionario?

A pesar de sus múltiples ventajas, el DPD tiende a intimidar a los usuarios novatos y al público general no especializado en el campo de la lengua que, de repente, quisiera resolver alguna duda. O como me lo dijo alguien una vez: “No uso este diccionario porque nunca logro llegar a lo que busco”.

Sin duda algunos conocimientos de lingüística son deseables para utilizar esta obra, puesto que facilitarán la búsqueda. Habrá más oportunidades de encontrar las recomendaciones para evitar el dequeísmo, si ya se tiene una noción previa de lo que este concepto significa.

Ahora bien, si uno es un principiante, el diccionario mismo le irá proporcionando los conceptos para su uso. Desde mi experiencia, puedo dar las siguientes recomendaciones:

  1. Saber qué esperar del diccionario. Conviene familiarizarse con el tipo de lemas que incluye, las temáticas que toca y la manera de abordarlas. Bastaría con leer algunas páginas al azar y hacer un análisis de cada entrada. Por ejemplo, si se busca teoría amplia sobre la formación de palabras compuestas y de formación de palabras a partir de un prefijo, será más útil acudir a una obra de gramática (los capítulos de la Nueva gramática de la lengua española en este tema son particularmente profusos). Sin embargo, si específicamente se está buscando información sobre las palabras formadas con el prefijo “auto-”, se podrá consultar ese lema en el DPD.
  2. Ponerse en los pies del otro. Basta un poco de imaginación y preguntarse, desde la lógica de quienes organizaron el diccionario, ¿en dónde podrían haber situado lo que busco? Por ejemplo, si quiero saber cómo se escribe Navidad (con mayúscula o minúscula), no me aparecerá ninguna entrada “Navidad”, pero sí encontraré ese ejemplo en la entrada “mayúsculas”.
  3. Seguir las pistas. Una herramienta esencial en todo diccionario es la remisión. Se le llama así a esas líneas de cruce que todo diccionario debe tener, las pistas que le da al lector al indicarle en qué otras entradas del diccionario podría encontrar lo que busca. En el DPD, esto se expresa mediante una flecha (versión impresa) y un hipervínculo (versión en línea). Así, bajo la entrada “ligustre” veremos “⟶ ligustro”. Por lo tanto, la información se sitúa bajo la entrada “ligustro”, en donde también se explica “ligustre”. El diccionario puede remitir a artículos adyacentes, artículos completamente distintos o incluso a apartados dentro del mismo artículo.
  4. Leer periódicamente las entradas más extensas. Hay entradas que merecen ser leídas como un buen libro de texto. Las reglas de las preposiciones, los acentos, los fenómenos lingüísticos, el plural, las mayúsculas, la coma… Leerlas le ayudará al corrector a refrescar conocimientos, al editor a conocer reglas que no se imaginaba y al lector general a familiarizarse con los pormenores de la carpintería y mecánica de la lengua.
  5. Tomar notas. Me gusta llevar mi propia base de datos, organizada por mí, bajo las etiquetas en las que podré localizar luego la información, según mis propios recuerdos y experiencias. Así, cada usuario puede tener su mini DPD, a la medida de sus preguntas frecuentes y usos dudosos. Cada quien utilizará para esto las herramientas más a su gusto: cuaderno de notas, base de datos bibliográficas con apuntes de citas, extractos en documentos de texto o incluso la ayuda de programas para el manejo de bases de datos de investigación, como el DevonThink. El hecho de que el DPD se encuentre libre y gratuito para su consulta en línea facilita esta acción.

¿Por qué me conviene consultar el DPD?

Esta es una obra muy reciente (2005) en donde la Academia comienza a girar sus políticas. Más abierta y tolerante que los diccionarios de hace treinta años, el DPD considera los usos en otras zonas geográficas y tiende a cierta tolerancia. Esto a veces puede volver locos a quienes esperan una obra normativa absoluta, sin ambigüedades; pero nos facilita la vida a quienes creemos en el respeto por la expresión lingüística de cada pueblo.

El DPD da cuenta de criterios nuevos, algunos más tolerantes, en relación con el DRAE, registra algunos usos en el español de América, propone grafías para avanzar hacia la normalización y arbitra en diversos puntos sobre los que no había pronunciamiento previo.

¿Qué cuidados se debe tener en la consulta del DPD?

Cada año que pasa, la obra se desactualiza un poco y conviene, siempre, consultar las obras más recientes (en este momento, la Nueva gramática). Además, muchas de las normas del DPD son en realidad propuestas, no siempre las más felices, y, desde luego, no necesariamente las más aptas para nuestro público y entornos lingüísticos inmediatos. Siempre se necesita del criterio del lingüista y el editor para determinar si se acoge o no la recomendación, especialmente aquellas en donde se detectan contradicciones.

¿Dónde consigo el DPD?

En cada país hay librerías en donde se encuentra esta obra a un precio relativamente accesible para el tipo de obra que es. Pero aun cuando uno disponga de la versión impresa, la versión gratuita en línea (www.rae.es) es una herramienta indispensable, debido a la forma tan veloz en que se consulta y a la posibilidad de copiar y pegar, en nuestra base de datos personal, la información de interés.

miércoles, 21 de abril de 2010

Cómo citar Wikipedia en APA

Una de las preguntas más frecuentes es cómo citar Wikipedia en APA, principalmente porque si buscamos en la sexta edición en inglés de este manual, a pesar de haber incrementado sustancialmente los criterios de referencias electrónicas, no se refiere todavía al caso específico de Wikipedia o de cualquier wiki, en particular; sino que se mantiene en un lenguaje muy genérico que evita entrar en especificidades.

En vista de esta circunstancia, un sitio complementario de consulta indispensable es el blog de la American Psychological Association, en donde sus expertos responden a las dudas más frecuentes emergidas de un manual todavía incompleto.

La respuesta oficial de APA

Timothy MacAdoo, apegado al manual, responde que para citar Wikipedia debe seguirse el modelo 30 (APA, 2009: 205), titulado “Entry in an online reference work, no author or editor”.

Este es el ejemplo:

Psychology. (n.d.). In Wikipedia. Retrieved October 14, 2009, from http://en.wikipedia.org/wiki/Psychology

Atención a los detalles: la entrada no se escribe entre comillas (como ordena el manual para la lista de referencias, aunque sí debe escribirse entrecomillado si se cita en el cuerpo del texto), después de la preposición “en” no hay dos puntos y la URL (dirección web) se escribe sin subrayar y sin punto final. Al respecto del punto final, en otro lugar, el manual de APA dice (traduzco): “No añada un punto después de la URL, para prevenir la apariencia de que el punto forma parte de la URL. Este no es un problema de estilo, sino de recuperación” (p. 192).

Pero el punto más polémico de todos es la fecha: el ejemplo recomienda “n.d”, es decir, “no date”; en español, “sin fecha” o “s. f.”.


¿Por qué sin fecha?

Los lectores de ese blog le preguntan a McAdoo, pasmados, el porqué de esta determinación, bajo argumentos tan sensatos de que el “n.d.” debería reservarse como último recurso para publicaciones de las que realmente no conocemos la fecha y de que es obligación de quien cataloga o refiere proporcionar aunque sea una fecha aproximada (aunque sea el siglo, dicen, si es lo único que tenemos). Después de todo, Wikipedia guarda registro de todos los cambios realizados, con pelos y señales, incluyendo, al final de la página, la última fecha de modificación.

La respuesta del experto no fue satisfactoria: la fecha entre paréntesis se refiere año de publicación, y este criterio no es compatible con el de “fecha de modificación”.

Desde luego, para quienes trabajamos en entornos académicos, apegarse a un manual no debería impedirnos cumplir nuestra obligación: proporcionar información acertada sobre la verdadera fecha de creación de los materiales referidos. Esta necesidad es particularmente imperiosa en la era de los cambios frenéticos de Internet: necesitamos saber, con toda exactitud, qué versión está siendo citada, y para eso la misma Web nos da todas las herramientas necesarias.


La fecha de recuperación no basta

Como bien apuntan otros comentaristas del blog citado, la fecha de recuperación es insuficiente, por sí sola, para conocer la última versión de un artículo, porque una entrada puede ser modificada por diferentes editores varias veces en el mismo día.

Por eso, los lineamientos que la propia Wikipedia ha publicado en su sitio web en inglés para citar sus contenidos, proponen anotar el nombre completo de la enciclopedia (no el abreviado), consignar la fecha de última modificación del artículo, añadir la hora de consulta a la fecha y emplear el enlace permanente de la entrada.

He aquí un ejemplo, en inglés:

Psychology. (2010, March 16). In Wikipedia, The Free Encyclopedia. Retrieved 19:58, March 17, 2010, from http://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Psychology&oldid=350190310

¿Dónde está el enlace permanente?

El enlace permanente o permanent link es un hipervínculo que nos dirigirá siempre, sin excepción, a la versión exacta de la página tal y como fue vista en el momento de ser consultada. Basta con buscar en la columna izquierda de enlaces de cualquier entrada de Wikipedia. Es la única manera de lograr que autor y lector se encuentren en el espacio cibernético a pesar de las distancia en el tiempo. El lector podrá viajar al pasado al texto exacto que parafraseaba el autor que está leyendo.


¿Cómo castellanizamos la regla?

La expresión “retrieved from” es traducida por la quinta edición en español como “recuperado el”, seguido por la fecha, ejemplo: 8 de mayo de 2009 (APA en español, 2001: 269).

Finalmente, nos queda el tema de la puntuación de la oración. Los autores del manual de APA pueden quedar satisfechos con argüir problemas de exactitud más allá de lo que denominan “estilo”. En mi caso, haciendo un esfuerzo por no atropellar la lengua en el cumplimiento de las exigencias de de la era de Internet, prefiero emplear un separador semiótico que me permita indicarle al lector, sin la menor duda, cuáles componentes gráficos del texto forman parte de la dirección y cuáles no. Para esto, se encierra la dirección electrónica entre dos antilambdas, una de apertura y otra de cierre: < >; de tal manera que ahora sí puedo emplear el punto final de la oración, y respetar la correcta ortografía de nuestra lengua.

Resultado final

La consulta de un artículo originalmente consultado en español (no traducción; recordemos que si se consulta una obra en otra lengua distinta de la del autor o traducida, aplican reglas adicionales), quedaría así:

Artículo. ([año], [día] de [mes] [fecha de última modificación]). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el [día] de [mes] de [año] a las [00:00] de <enlace permanente: URL completa, incluido el http://>.

La hora debería citarse utilizando el sistema de notación de 24 horas, para que sea más sintético, preciso y universal. Desde luego, los corchetes aquí empleados deberían eliminarse por completo de una bibliografía final, así:

Bibliografía. (2010, 21 de abril). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 21 de abril de 2010 a las 17:17 de <http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Bibliograf%C3%ADa&oldid=36312255>.



Lista de referencias

American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la american psychological association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition]. Trad. Maricela Chávez, Gloria Padilla, Mayra Inzunza, Alcyone S. A. de C. V., José Alberto Jiménez. México/Bogotá: Manual Moderno (Obra original publicada en 2001).

American Psychological Association (2009). Publication manual of the American Psychological Association (6th ed.). Washington, D.C.: Author.

viernes, 16 de abril de 2010

Investigador precavido... publica buenas bibliografías

El inicio de una investigación todavía no muy definida, antes de la etapa de escritura, corresponde al tiempo de la lectura, de consultar autores y autoridades, de extraer de las fuentes las piezas que, aun cuando no lo sabemos todavía, llegarán a ser medulares en nuestra obra final.

Uno de los errores frecuentes durante esta etapa es ser poco exhaustivos con la información bibliográfica. Meses, hasta años después, cuando ya hemos pasado muchas horas escribiendo y estamos listos para remitir el original a su publicación, o cuando un editor o corrector lo tiene en sus manos con la responsabilidad de lograr una bibliografía que tenga sentido, notamos los vacíos y apuros en los que nos metieron nuestros desordenados hábitos de acopio de datos.

Para evitar estas situaciones incómodas y ahorrar muchas horas en tratar de recuperar la información bibliográfica correcta, conviene tomar nota de todos los datos que podríamos necesitar después.

La lista no es muy extensa:

  • Autor (nombre y apellidos)
  • Nombre de la obra
  • Editorial
  • Ciudad de publicación
  • País de publicación (algunos sistemas lo piden en caso de duda o ambigüedad)
  • Editorial
  • Edición (a menos que sea la primera)
  • Página consultada
Uno creería que tomando nota de esos datos generales, no puede haber ningún problema, ¿cierto? Gran cantidad de publicaciones caben en ese molde sin mayores dificultades. Las dudas aparecen con las excepciones. ¿Qué hacemos cuando la obra no tiene un autor aparente? ¿Y si es una obra de referencia con varios volúmenes? ¿Y si es un diccionario reconocido? ¿O una enciclopedia? ¿Cómo se anotan las obras de autores clásicos? ¿Y si se trata de una traducción, también debo tomar nota de eso?

La respuesta es sí: toda la información pertinente para lograr una bibliografía completa debe ser tomada en cuenta y anotarse de una manera o de otra cuando llegue el debido momento.

Si no encontramos un autor en la cubierta, no debemos rendirnos tan fácilmente. Hay que buscar si hay un editor o coordinador del proyecto, en cuyo caso este aparecerá en el campo de «autor» con la anotación, entre paréntesis, de que este es un editor o un coordinador. Y aun cuando no haya, en apariencia, ningún editor o coordinador, habrá algunos casos en que la editorial puede fungir como autor y asumir esta responsabilidad.

Si estamos consultando una enciclopedia, no deberíamos conformarnos con anotar el nombre de la obra. También debemos tomar nota de la cantidad de tomos y volúmenes que tenga, cuál de todos estamos consultando y si los artículos o capítulos tienen autoría. Muchas enciclopedias tienen un carácter casi antológico y los créditos de sus partes y artículos están claramente delimitados. En estos casos, vale la pena tomar nota del autor de la «parte» consultada porque luego deberemos incluirlo en la lista de referencias.

En cuanto a las obras traducidas, tampoco estamos muy acostumbrados a añadir los datos de título original, año original de publicación y nombre del traductor.

Algunos diccionarios no consignan del todo el nombre de sus editores o coordinadores, pero la editorial pasa a ser la entidad colectiva que asume la responsabilidad de la obra. Es distinto el Diccionario de uso del español de Vox al de Editorial SM, aunque ambos tienen un nombre muy similar. Por lo tanto, la mejor manera de lograr una bibliografía sin confusiones es situar la editorial en la posición del autor y así indicar, sin equívocos, a cual equipo editorial se le debe la obra.

En el caso de las revistas, más vale tomar toda la información posible: año, volumen, número, fecha de publicación, páginas del artículo (no solo las páginas consultadas, sino de cuál página a cuál página, dentro de la publicación, se extiende el artículo).

Otros casos también complejos son las obras más o menos viejas (anteriores a la estandarización internacional) en donde no siempre hay una editorial o un editor; en estos casos, solo por si se necesitara, anotemos también la imprenta, porque esta es la información que podríamos consignar.

¿Y si del todo no localizamos un año, una ciudad de publicación, una editorial o imprenta? En ese caso, no cometamos el error de nada más dejar el dato en blanco. Escribamos, sin reserva y de manera explícita, que la obra consultada no tiene pie de imprenta o fecha; de manera que luego, cuando estemos armando la lista de referencias, no tengamos la menor duda de que ahí nos corresponderá escribir, por ejemplo, s. f. (sin fecha).

Si estamos consultando un archivo de fuentes primarias, lo más conveniente es tomar nota de todo; porque luego deberemos consignar la información de maneras especiales, indicando por ejemplo el folio, el tomo, la caja o cualquier dato que al lector le pueda servir para volver a encontrar el documento si así lo quisiera.


En cuanto a las referencias digitales, páginas web, versiones electrónicas de artículos de revistas que también existen en formato impreso, hay también que anotar toda la información que sea posible acopiar, incluyendo, en el caso de las páginas web, la fecha de consulta y, en algunos casos extremos, la hora de consulta (para aquellos sitios con actualizaciones continuas, como Wikipedia). No basta con tomar nota de la URL.

En general, es mejor que la información sobre y no que falte, para que al final no tengamos que andar sobre nuestros pasos, tratando de recuperar los datos que podríamos haber obtenido desde el principio con solo demorar unos minutos más y tomar nota de los detalles.

martes, 16 de febrero de 2010

Ortotipografía: ponencias, conferencias, foros y videoconferencias

Hace unos días hablamos sobre las mayúsculas de nombres de congresos. Para quienes están en un entorno universitario, la diversidad de actividades que se cuelan en los textos de revisión puede ser abrumadora. Además de congresos y simposios, existen ponencias, conferencias, seminarios y, en los entornos educativos a distancia, videconferencias. ¿Cómo citamos los nombres de cualquiera de estas actividades?

El Manual de estilo de lengua española sigue siendo una de las obras de referencia más completas. José Martínez de Sousa incluye las entradas de conferencias y ponencias en donde proporciona la información básica para tomar estas decisiones editoriales.

Debemos distinguir entre dos tipos de actividades: las exposiciones individuales o colectivas en donde una persona o un pequeño grupo de personas emite un discurso, imparte una conferencia, da a conocer resultados de sus investigaciones e intercambia con sus pares puntos de vista diversos sobre el mismo tópico. Entran, bajo esta categoría, las conferencias y videoconferencias universitarias, las ponencias o comunicaciones en congresos y atividades afines, y las actividades también llamadas foros o conversatorios, en donde varios académicos conversan sobre un tema, bajo la guía de un moderador.

Este tipo de ponencia o conferencia se escribe con letra redonda, entre comillas y con todos sus adjetivos y sustantivos en minúscula. En otras palabras, se le da un tratamiento muy similar al de los artículos de revista. Un ejemplo, tomado del MELE 3, es el siguiente:

"Los diccionarios del siglo XX", ponencia en el Institut Universitari de Lingüística Aplicada de la Unversidad Pompeu Fabra, de Barcelona.

A veces los mismos nombres de conferencia y foro se aplican a actividades de mayor envergadura, en donde personalidades o figuras destacadas se reúnen durante una cierta cantidad de días a tratar asuntos de su competencia. Este tipo de actividades recibe el mismo tratamiento que los congresos: sus nombres se escriben con letra redonda y mayúscula inicial para todos sus adjetivos y sustantivos. Es el caso del Foro de las Américas o la Conferencia de Ginebra.

Nota para usuarios de APA

Si estamos construyendo una lista de referencias según la normativa de APA (American Psychological Association), y la estamos siguiendo de manera ortodoxa y rigurosa, es necesario tomar nota de un detalle: el manual de la quinta edición en español recomienda utilizar las comillas para ponencias, conferencias y artículos de revistas cuando se citan dentro del texto, pero las elimina en la lista final de referencias. ¿Por qué esta arbitrariedad? No conozco la respuesta. Como editora, me parecería más coherente mantener la convención de comillas dentro de texto y dentro de la lista de referencias.

El APA contempla dos escenarios bibliográficos para una conferencia o ponencia, ya que esta podría haber sido publicada en una memoria o bien podría haber quedado inédita. Copio textualmente los ejemplos proporcionados, en inglés.

Caso 1: ponencia que forma parte de las actas publicadas del congreso o simposio

Deci, E. L. & Ryan, R. M. (1991). A motivational approach to self: Integration in personality. En R. Dienstbier (Ed.), Nebraska Symposium on Motivation: Vol. 38. Perspectives on motivation (pp. 327-288). Lincoln, EE. UU.: University of Nebraska Press.

El nombre del simposio o congreso, siguiendo las normas de correcto español, irá con mayúscula inicial en todos sus adjetivos y sustantivos. La cursiva que vemos en este ejemplo se aplica porque corresponde al título de una obra publicada, no al simposio o congreso propiamente dicho.

Con respecto a la anotación del país, en otra parte del mismo manual se dice que es opcional (aunque aparezca continuamente en los ejemplos), según si la ciudad es lo suficientemente conocida y no hay riesgo de ambigüedad. Si la región, estado, provincia o país de publicación forma parte del nombre de la universidad que aparece como sede o como editora, tampoco debe repetirse en la localidad del editor, cuando se trata del mismo lugar.

Caso 2: Contribución no publicada para un simposio

Lichtestein, K. L., Johnson, R. S., Womack, T. D., Dean, J. E. & Childers, C. K. (1990, junio). Relaxation therapy for polypharmacy use in elderly insomniacs and non insomniacs. En T. L. Rosenthal (Presidente), Reducing medication in geriatric populations. Simposio efectuado en la reunión del First International Congress of Behavioral Medicine, Uppsala, Suecia.

La normativa APA recomienda que se incluya el mes de realización del evento, además del año.

Cabe observar en este ejemplo tomado del manual de APA en español que en el proceso de traducción ha faltado seguir las reglas para obras en lengua distinta de la publicación; por eso vemos el nombre del simposio y de la ponencia en inglés, pero traducen al español la frase «simposio efectuado en la reunión del...». Esto, en mi opinión, es una errata de la edición de ese manual que resulta de complejo proceso de adaptar ejemplos pensados en una lengua para un manual que se publica en otra. Al respecto, conviene seguir los lineamientos de los que ya hablamos en un artículo anterior.

Bibliografía consultada

American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la american psychological association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Obra original publicada en 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.

lunes, 1 de febrero de 2010

Las referencias de obras traducidas en APA

El formato bibliográfico APA es uno de los más utilizados en muchas áreas científicas fuera de la psicología, especialmente en las ciencias sociales. Por moda o uso irreflexivo, cosa que no someteremos a análisis en este artículo, una de las dificultades de su aplicación es la generalizada ignorancia sobre sus pormenores. Muchos académicos se limitan a consultar resúmenes que circulan en internet, traducidos por alguien más e interpretados a su manera. Pocos adquieren el manual, ya sea en inglés o en español, y una gran cantidad de ellos hacen caso omiso de algunas de sus recomendaciones.

Una de estas recomendaciones es lo relativo a las obras traducidas. Por obra traducida me refiero a aquellas obras que consultamos en otra lengua distinta de la original. Una bibliografía académica que se respete debería darle al investigador serio todo cuanto necesita para contextualizar correctamente la información bibliográfica. En otras palabras, tan importante es el año de la traducción (la edición que está consultando) como el año original de la publicación; así como su nombre en la lengua original, especialmente para aquellos casos en que la traducción experimenta un cambio radical. Pensemos, por ejemplo, en que no es lo mismo decir “Frazer, 2005” que “Frazer, 2005, originalmente publicado en 1898”; el caso de La rama dorada de James Frazer.

Yo misma, durante muchos años, creí que el APA no contemplaba una normativa para incluir este tipo de información bibliográfica. Me equivocaba.

Si tomamos la traducción al español de la quinta edición del manual de APA (2001), podemos ver en la página 251, en el ejemplo 31, las directrices para la referencia de un libro que no se encuentra en español. Tenemos varios escenarios. Cada uno tiene sus pequeños detalles de orden de la información y ortotipografía de sus componentes. En este aspecto, las normas de APA se complementan con las observaciones de José Martínez de Sousa, en el Manual de la lengua española, en donde se especifica que “cuando el título está en una lengua extranjera y la obra no se ha traducido, se puede añadir una traducción española entre corchetes” (2007: 96).

Caso 1: consulta de traducción de una obra originalmente publicada en otra lengua:

Kuhn, T. S. (1971). La estructura de las revoluciones científicas (Agustín Contín, trad.). México: Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1962).

Caso 2: consulta de una obra en su lengua original, diferente de la lengua del investigador, con traducción existente en la lengua del investigador:

Kuhn, T. S. (1962). The Structure of Scientific Revolutions [La estructura de las revoluciones científicas]. Chicago: The University of Chicago Press.

Caso 3: consulta de una obra en su lengua original, diferente de la lengua del investigador, sin traducción existente en la lengua del investigador:

Schriver, K. A. (1997). Dynamics in document design [La dinámica en el diseño de documentación]. New York: John Wiley & Sons.

El observador acucioso habrá notado ya la diferencia de uso entre las cursivas del título entre corchetes, que le indican al investigador versado si la obra existe o no traducida al castellano.

Estas consideraciones se aplican también a los artículos de revistas; según APA, simplemente se añade entre corchetes la traducción.

Nombre del traductor

Según la sexta edición de APA (2009: 204), el nombre del traductor debe incluirse entre paréntesis después del nombre de la obra. La referencia parentética dentro del texto debe incluir los dos años, el de la publicación original y el de la edición utilizada, en orden de antigüedad, como puede verse en el ejemplo (caso 1).

Referencia parentética de obras traducidas

Puesto que una obra traducida tiene dos años de publicación distintos, uno de su primera edición en lengua original y el de la edición que se está consultando, el manual de APA (2006: 204) indica que deben consignarse ambos años, de la siguiente manera: (Kuhn, 1962/1971). La edición original se consigna en primer lugar. Si es una obra clásica, además hay que incluir las abreviaturas trad. o vers. (para versión), según sea el caso: (Platón, trad. 1985).

¿Cómo se traduce “original work”?

El manual del APA en inglés utiliza la leyenda “Original work published 1962”. La traducción al español realizada por Manual Moderno lo traduce literalmente como “Trabajo original publicado en 1962”. Han elegido hacer una traducción demasiado literal, en mi opinión. La palabra obra es la traducción más correcta para work en este contexto.

Lista de referencias

American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association (Maricela Chávez, Gloria Padilla, Mayra Inzunza, Alcyone S.A., Alberto Jiménez, trads.). (2.a ed.). México/Bogotá: Manual Moderno. (Obra original publicada en 2001).

American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association [Manual de publicaciones de la American Psycological Association]. (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.

Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.

                        

Nota de actualización

Este artículo fue corregido y actualizado el día 22 de junio de 2010, para eliminar errores de interpretación sobre la norma APA en lo concerniente a la referencia de traducciones y para añadir información nueva.