sábado, 27 de marzo de 2010

Los beneficios de escribir todos los días

A través del blog de la escritora Kate Monahan, en la comunidad de blogs de Writer’s Digest, nos llega noticia de los efectos de la escritura diaria según los cita Judy Reeves, en su obra A Writer’s Book of Days.

Quizás valga la aclaración de que no conozco el trabajo literario de ninguna de las dos, pero estoy plenamente de acuerdo con sus observaciones respecto a los efectos del ejercicio diario como un instrumento para entrenar el músculo del escritor:

  • Mejora la escritura
  • Escribir se hace más fácil y requiere de un esfuerzo menor
  • Se toman cada vez más riesgos
  • La escritura se hace más suelta, más libre
  • Se descubren los propios ritmos creativos
  • Aparecen los temas sobre los que uno quiere escribir
  • Emergen secretos ocultos en uno mismo y sus sombras
  • Es posible completar los duelos pendientes y comenzar procesos de sanación interior
  • Se experimenta una sensación de bienestar con uno mismo como escritor y se incrementa la autoestima
  • Se comienzan a llenar cuadernos y cuadernos de notas con inicios, medios y finales de proyectos que uno ni siquiera sabía que quería escribir
Darle rienda suelta a la compulsión de escribir, de manera diaria, aun cuando no estemos seguros de hacia dónde vamos es, para mí, una de las pocas maneras de evitar el bloqueo del escritor y los años perdidos en proyectos sin avance. Hay mucho trabajo pasivo al escribir, es verdad, trabajo invisible, intangible, sin materialidad a través del signo de la escritura. Trabajo, no obstante, necesario y valioso. Sin embargo, cuando finalmente logramos pasar a la etapa de objetivar ese jugueteo con las ideas, algo más ocurre: lo que se inició como una escritura sin rumbo se nos va revelando conforme se vierte sobre el papel (o la pantalla), y vemos claramente su dirección. De repente, en medio del caos, de las notas dispersas, de los personajes inconexos, de los fragmentos sueltos de una narración incompleta, se dibuja el plano coherente de una obra más grande; es en ese punto en donde comenzamos a llenar activamente los vacíos, en donde finalmente podemos sentir que estamos escribiendo.

Sí, escribir diariamente, aun cuando lo hagamos en intransitivo –como decía Barthes– y estemos convencidos de estar escribiendo sobre algo más (notas en nuestro diario, artículos para un blog, impresiones vagas de un momento del día), es un instrumento para atraer hacia nosotros algo más grande, la obra ya entramada y urdida, la que necesita de un escriba que tome dictado para hacerla, literalmente, visible y tangible a través de los signos de la escritura de modo que pueda circular en el reino de los humanos.

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