La sexta edición del manual de la APA (American Psychological Association [Asociación Norteamericana de Psicología]) está disponible en español desde el pasado mes de octubre. El equipo de la editorial Manual Moderno se ha encargado de traducir esta nueva edición, manteniendo las pautas para las ediciones anteriores, también producidas por este equipo.
Hacer la traducción de una obra como estas supone un gran esfuerzo y la toma de muchas decisiones editoriales. El mérito es mayor, por cuanto se ha logrado cumplir esta meta a un año de la publicación de la obra en inglés. Por ese esfuerzo, mi felicitación al equipo.
Por otro lado, estas decisiones –siempre humanas– forzosamente implican adoptar criterios, vocablos y lineamientos que podrán complacer a unos lectores y no a otros. El señalamiento de estos puntos específicos, por cualquier argumento válido, no implica que la labor de traducción tenga menos mérito.
Durante las próximas semanas, en este blog publicaremos comentarios puntuales sobre algunas de las decisiones editoriales propuestas por el equipo de Manual Moderno que podrían someterse a revisión y consideración por parte de los usuarios. No obstante, esto no se hará en tono de crítica destructiva, sino de sana discusión académica sobre un producto que ha sido el resultado del esfuerzo y la toma de decisiones de un equipo. Sin esta traducción, el manual no sería accesible a tantas personas que, en América Latina, enfrentamos diariamente la decisión de nuestros entornos universitarios de utilizar el estilo APA.
¿Dónde comprarlo?
Para quienes tengan interés en adquirirlo y habiten fuera de México, pueden revisar el sitio web de la editorial Manual Moderno para buscar distribuidores en su país. Otra alternativa es comprarlo a través de Amazon. El precio de venta oscila entre 25 y 35 USD (Amazon lo cambia sin razón aparente, así que si va a adquirir el suyo, tenga paciencia: añada el manual a su lista de deseos o a su carrito, obsérvelo varios días y espere a que baje a 25 USD).
También están disponibles la Guía para el maestro y la Guía de entrenamiento para el estudiante, con ejercicios para aprender a aplicar el estilo APA, así como la Versión abreviada del manual, empastada en resorte para la consulta rápida de las reglas.
lunes, 29 de noviembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
La escritura por metas y los calendarios de producción
La cuantificación del libro en sus cifras constitutivas es un excelente método para abandonar el topus uranus del escritor y aterrizar en la vida real de los calendarios de producción editorial. Ya seamos autores o editores, este ejercicio de escritura por metas es un sano inicio para tener calendarios de producción realistas y ejecutables.
El libro en cifras
Un libro, visto como obra terminada, es un texto de una extensión considerable. Hay que verlo en páginas, palabras o caracteres. Hay que cuantificarlo para comprender cuál es su verdadero alcance en tanto objeto tangible, tocable, legible…
En el NaNoWriMo se propone la meta de escribir una novela/libro de 50 000 palabras, cuya extensión sería aproximadamente de 150 páginas.
Las metas diarias de escritura
Los participantes de NaNoWriMo formalmente inscritos disponen de una herramienta sencilla pero poderosa: las estadísticas. Diariamente se debe actualizar el conteo de palabras acumuladas hasta ese día.
Esta herramienta, por sencilla que parezca, le ayuda al escritor a aterrizar en la dura realidad de los plazos y las entregas. Si su libro tiene 50 000 palabras, está obligado a escribir 1667 palabras diarias. Si un día no lo hizo, al día siguiente la meta diaria se elevará.
En mi caso, por ejemplo, al día de hoy, debería escribir 2739 palabras al día, si quiero terminar mi libro el 30 de noviembre. Las estadísticas me lanzan la realidad a la cara: ya estoy retrasada en mi calendario de entregas. Mi promedio diario no ha alcanzado el mínimo requerido, así que la estadística –imparcial e inmisericorde– me dice en qué fecha terminaría mi libro, de seguir con este ritmo: 29 de diciembre.
La escritura en el calendario de producción del libro
En este hipotético calendario de producción, no existen todavía relectura, reescritura, evaluación editorial, correcciones sugeridas y su aprobación, maquetación o diagramación de la obra, corrección de pruebas (y sus respectivos cotejos) y tiempos de imprenta.
La mayoría de las editoriales reciben obras listas para iniciar su proceso de producción editorial, gracias a la labor de filtro y retroalimentación realizada por los agentes literarios.
El asunto se complica para las editoriales académicas que elaboran obras a partir de diseños de curso, según los lineamientos de una carrera o plan de estudios.
En estos casos, el editor del material deberá acompañar al autor en el proceso de levantamiento de obra gris. Son libros de 250 páginas, con ciertos recursos gráficos que los reducen a unas 100 000 palabras.
Si un autor dedicara un tiempo diario a lograr 1667 palabras escritas al día, podría terminar el primer borrador de la obra en 60 días (sin lectura de nadie: editor, especialista, asesores académicos). Es decir, se necesitarían dos meses como mínimo antes de que el texto esté preparado para comenzar su otra peregrinación: lecturas, revisiones, correcciones y producción editorial. Durante esos dos meses, el autor entregaría 11 669 palabras por semana.
Si la editorial quisiera que el libro se escriba más rápido, deberá darle metas claras a su autor: un libro de 100 000 palabras en un mes requiere de 3334 palabras diarias y 23 300 palabras semanales. ¿Tiene el autor el tiempo suficiente para lograr la meta? ¿Cuántas horas de escritura reales, sin dilaciones ni problemas de inspiración, necesita al día? ¿De qué manera compensará por los fines de semana, el cumpleaños de la abuelita o la fiesta de aniversario de la boda de su mejor amigo? ¿Comprende el autor, al firmar el contrato, las necesidades diarias de escritura de la obra para alcanzar las metas editoriales propuestas?
En síntesis: la dura realidad
La escritura es el primer paso en el camino hacia la obra publicada. Si las metas no son claras aquí, en esta fase del proceso, el resto del calendario se verá expuesto al fracaso y a las dilaciones interminables. Al autor le hará bien descomponer su obra en cifras y fijarse metas claras, según las capacidades reales de su vida (trabajo, familia, proyectos, compromisos, enfermedades, imprevistos…). Las metas son para cumplirlas. Las cifras, las estadísticas de nuestra escritura diaria serán implacables y nos dirán, con frialdad, cuándo estará lista la obra de nuestros sueños o la que nos hemos comprometido a entregar.
El libro en cifras
Un libro, visto como obra terminada, es un texto de una extensión considerable. Hay que verlo en páginas, palabras o caracteres. Hay que cuantificarlo para comprender cuál es su verdadero alcance en tanto objeto tangible, tocable, legible…
En el NaNoWriMo se propone la meta de escribir una novela/libro de 50 000 palabras, cuya extensión sería aproximadamente de 150 páginas.
Las metas diarias de escritura
Los participantes de NaNoWriMo formalmente inscritos disponen de una herramienta sencilla pero poderosa: las estadísticas. Diariamente se debe actualizar el conteo de palabras acumuladas hasta ese día.
Esta herramienta, por sencilla que parezca, le ayuda al escritor a aterrizar en la dura realidad de los plazos y las entregas. Si su libro tiene 50 000 palabras, está obligado a escribir 1667 palabras diarias. Si un día no lo hizo, al día siguiente la meta diaria se elevará.
En mi caso, por ejemplo, al día de hoy, debería escribir 2739 palabras al día, si quiero terminar mi libro el 30 de noviembre. Las estadísticas me lanzan la realidad a la cara: ya estoy retrasada en mi calendario de entregas. Mi promedio diario no ha alcanzado el mínimo requerido, así que la estadística –imparcial e inmisericorde– me dice en qué fecha terminaría mi libro, de seguir con este ritmo: 29 de diciembre.
La escritura en el calendario de producción del libro
En este hipotético calendario de producción, no existen todavía relectura, reescritura, evaluación editorial, correcciones sugeridas y su aprobación, maquetación o diagramación de la obra, corrección de pruebas (y sus respectivos cotejos) y tiempos de imprenta.
La mayoría de las editoriales reciben obras listas para iniciar su proceso de producción editorial, gracias a la labor de filtro y retroalimentación realizada por los agentes literarios.
El asunto se complica para las editoriales académicas que elaboran obras a partir de diseños de curso, según los lineamientos de una carrera o plan de estudios.
En estos casos, el editor del material deberá acompañar al autor en el proceso de levantamiento de obra gris. Son libros de 250 páginas, con ciertos recursos gráficos que los reducen a unas 100 000 palabras.
Si un autor dedicara un tiempo diario a lograr 1667 palabras escritas al día, podría terminar el primer borrador de la obra en 60 días (sin lectura de nadie: editor, especialista, asesores académicos). Es decir, se necesitarían dos meses como mínimo antes de que el texto esté preparado para comenzar su otra peregrinación: lecturas, revisiones, correcciones y producción editorial. Durante esos dos meses, el autor entregaría 11 669 palabras por semana.
Si la editorial quisiera que el libro se escriba más rápido, deberá darle metas claras a su autor: un libro de 100 000 palabras en un mes requiere de 3334 palabras diarias y 23 300 palabras semanales. ¿Tiene el autor el tiempo suficiente para lograr la meta? ¿Cuántas horas de escritura reales, sin dilaciones ni problemas de inspiración, necesita al día? ¿De qué manera compensará por los fines de semana, el cumpleaños de la abuelita o la fiesta de aniversario de la boda de su mejor amigo? ¿Comprende el autor, al firmar el contrato, las necesidades diarias de escritura de la obra para alcanzar las metas editoriales propuestas?
En síntesis: la dura realidad
La escritura es el primer paso en el camino hacia la obra publicada. Si las metas no son claras aquí, en esta fase del proceso, el resto del calendario se verá expuesto al fracaso y a las dilaciones interminables. Al autor le hará bien descomponer su obra en cifras y fijarse metas claras, según las capacidades reales de su vida (trabajo, familia, proyectos, compromisos, enfermedades, imprevistos…). Las metas son para cumplirlas. Las cifras, las estadísticas de nuestra escritura diaria serán implacables y nos dirán, con frialdad, cuándo estará lista la obra de nuestros sueños o la que nos hemos comprometido a entregar.
Etiquetas:
escribir,
escritura,
escritura académica,
labor editorial
martes, 2 de noviembre de 2010
NaNoWriMo: mes maratónico de escritura de novelas
En el mes de julio de 1999, 21 escritores novatos se reunieron en la bahía de San Francisco para escribir, cada uno, una novela en el periodo récord de un mes. Era una sana competencia. No importaba la calidad de la novela, solamente si serían capaces de forzarse a escribir lo suficiente para alcanzar la cifra soñada de 50 000 palabras escritas en 30 días.
Al año siguiente decidieron abrir un sitio web y trasladar el evento al mes de noviembre; mes, por su clima, más propicio para encerrarse a trabajar. El evento ya tenía nombre: National Novel Writing Month (Mes Nacional de Escritura de Novela), también conocido por su nombre abreviado NaNoWriMo.
En el 2008, la maratónica de escritura reunió a 119 301 participantes y 21 683 ganadores. El evento ya tiene participantes de todo el mundo y muchos escritores se preparan durante meses para iniciar, el 1 de noviembre, esta frenética maratónica de palabras.
Las reglas son sencillas: se debe arrancar de cero, aunque se permite utilizar esquemas, planeamientos previos e investigación; la obra debe ser original; el género es novela, según cualquier propuesta creativa que caiga dentro de la descripción de una ficción narrativa de cierta extensión.
En el sitio web hay instrucciones precisas para inscribirse, ya traducidas a varios idiomas, incluido el español.
La iniciativa de una maratónica de escritura es una idea fabulosa. Es obligarse a escribir. Ya vendrá el tiempo de la lectura, corrección y reescritura. Pero para llegar hasta ese punto, es necesario tener alguna materia prima, algún punto de dónde arrancar, alguna historia para narrar.
Usted puede unirse a esta idea de forzarse a escribir, aunque no se inscriba en el sitio web, aunque no escriba una novela (¿qué tal sería el mes nacional de escritura de tesis? Algunos estudiantes tardarían menos años en graduarse si lo hicieran así). Pero si es usted escritor y tiene por ahí una novela casi lista para ser vertida sobre el papel, ¡atrévase! Aunque no llegue a escribir 50 000 palabras, sin duda descubrirá los beneficios de crear un hábito diario de esforzarse por hacer que sus palabras soñadas abandonen su plácido lugar en el topus uranos de las enunciaciones jamás realizadas y, por fin, sean visibles, así sea en papel o bitios.
Al año siguiente decidieron abrir un sitio web y trasladar el evento al mes de noviembre; mes, por su clima, más propicio para encerrarse a trabajar. El evento ya tenía nombre: National Novel Writing Month (Mes Nacional de Escritura de Novela), también conocido por su nombre abreviado NaNoWriMo.
En el 2008, la maratónica de escritura reunió a 119 301 participantes y 21 683 ganadores. El evento ya tiene participantes de todo el mundo y muchos escritores se preparan durante meses para iniciar, el 1 de noviembre, esta frenética maratónica de palabras.
Las reglas son sencillas: se debe arrancar de cero, aunque se permite utilizar esquemas, planeamientos previos e investigación; la obra debe ser original; el género es novela, según cualquier propuesta creativa que caiga dentro de la descripción de una ficción narrativa de cierta extensión.
En el sitio web hay instrucciones precisas para inscribirse, ya traducidas a varios idiomas, incluido el español.
La iniciativa de una maratónica de escritura es una idea fabulosa. Es obligarse a escribir. Ya vendrá el tiempo de la lectura, corrección y reescritura. Pero para llegar hasta ese punto, es necesario tener alguna materia prima, algún punto de dónde arrancar, alguna historia para narrar.
Usted puede unirse a esta idea de forzarse a escribir, aunque no se inscriba en el sitio web, aunque no escriba una novela (¿qué tal sería el mes nacional de escritura de tesis? Algunos estudiantes tardarían menos años en graduarse si lo hicieran así). Pero si es usted escritor y tiene por ahí una novela casi lista para ser vertida sobre el papel, ¡atrévase! Aunque no llegue a escribir 50 000 palabras, sin duda descubrirá los beneficios de crear un hábito diario de esforzarse por hacer que sus palabras soñadas abandonen su plácido lugar en el topus uranos de las enunciaciones jamás realizadas y, por fin, sean visibles, así sea en papel o bitios.
Scrivener 2.0 para Mac ya está aquí
A partir de la tarde de ayer, Scrivener estrena imagen. El sitio web ha sido rediseñado para mostrar el Scrivener 2, la nueva versión de este programa que no tiene nada de modesto.
Apenas estoy comenzando a navegar entre sus nuevas funciones, pero ya estoy pasándola en grande. El binder o zona de trabajo tiene mejoras para acercarlo más a la mente del escritor: ahora es posible asignarles iconos a las carpetas y se ha añadido una función interesante: las colecciones. Se pueden crear grupos de archivos (por ejemplo, identificar todas las escenas de un determinado personaje) y verlos como grupos separados.
Me encanta la función de referencia rápida (quick reference) porque despliega una ventana flotante con acceso rápido a cualquier documento. Sumado a la ya existente función de dividir pantalla y a las mejoradas capacidades para guardar metadatos de cada archivo (anotaciones, palabras clave, fotografías…), esto hace más versátil el trabajo y la comparación entre documentos, ya sean notas u otras escenas, y el texto que se esté escribiendo en ese momento.
Las capacidades de sincronización y respaldo de Scrivener 2 también son superiores. Con Dropbox y el iPad en mente, hay varias alternativas para tener acceso a un proyecto desde un aparato móvil o desde otra computadora. Los respaldos hechos a carpetas de Dropbox prometen ser más estables que antes. La capacidad de sincronización con carpetas externas se suma a las funciones –como el snapshot– pensadas en escritores paranoicos que no desean perder una sola línea de trabajo.
Queda todavía mucho por explorar en este programa, pero ya tendré ocasión de ir compartiendo mis hallazgos. Por ahora, quede usted en libertad de hacer la prueba por cuenta propia. Diviértase encontrando maneras creativas de aplicar las funciones de un programa diseñado para escribir, no solo para transcribir.
Apenas estoy comenzando a navegar entre sus nuevas funciones, pero ya estoy pasándola en grande. El binder o zona de trabajo tiene mejoras para acercarlo más a la mente del escritor: ahora es posible asignarles iconos a las carpetas y se ha añadido una función interesante: las colecciones. Se pueden crear grupos de archivos (por ejemplo, identificar todas las escenas de un determinado personaje) y verlos como grupos separados.
Me encanta la función de referencia rápida (quick reference) porque despliega una ventana flotante con acceso rápido a cualquier documento. Sumado a la ya existente función de dividir pantalla y a las mejoradas capacidades para guardar metadatos de cada archivo (anotaciones, palabras clave, fotografías…), esto hace más versátil el trabajo y la comparación entre documentos, ya sean notas u otras escenas, y el texto que se esté escribiendo en ese momento.
Las capacidades de sincronización y respaldo de Scrivener 2 también son superiores. Con Dropbox y el iPad en mente, hay varias alternativas para tener acceso a un proyecto desde un aparato móvil o desde otra computadora. Los respaldos hechos a carpetas de Dropbox prometen ser más estables que antes. La capacidad de sincronización con carpetas externas se suma a las funciones –como el snapshot– pensadas en escritores paranoicos que no desean perder una sola línea de trabajo.
Queda todavía mucho por explorar en este programa, pero ya tendré ocasión de ir compartiendo mis hallazgos. Por ahora, quede usted en libertad de hacer la prueba por cuenta propia. Diviértase encontrando maneras creativas de aplicar las funciones de un programa diseñado para escribir, no solo para transcribir.
jueves, 28 de octubre de 2010
Día del Corrector: corregir el mundo
Erasmo fue uno de los hombres cuya vida definió el concepto de librepensador renacentista. Su traducción del Nuevo Testamento inspiró a Lutero para seguir adelante con su polémica reforma; y su traducción de la Biblia fue la base de la célebre versión conocida como King James. ¡Lo que puede hacer una traducción!
Hoy respiro profundo, recuerdo al maestro y pienso en su legado. Erasmo fue un corrector incansable, pero su servicio llegó más allá de corregir pruebas y oraciones: corrigió el pensamiento, la sociedad, su mundo. Me siento orgullosa de pertenecer a un gremio que ha elegido como su patrón a un verdadero librepensador, enemigo de los dogmas y los bandos, destructor del anquilosamiento, denunciador de la estupidez humana y promotor del uso de la palabra como vehículo de transformación del pensamiento.
¡Felicidades al maestro en su día y a todos nosotros, correctores y herederos de la responsabilidad de seguir corrigiendo (transformando) el mundo palabra por palabra!
Fe de erratas:
El Día del Corrector es el 27 de octubre. Mi errata provino de confiarme de Wikipedia que da el 28 como el natalicio de Erasmo. Por no ser experta en el tema, no sé si es errata vil o polémica. Solo me queda pasar la tinta roja y, en honor a mi profesión, rectificar mis errores. ¡Feliz Día del Corrector!
Etiquetas:
corrección,
corrector,
Erasmo de Rotterdam
miércoles, 27 de octubre de 2010
Lineamientos para la corrección de estilo
La corrección de estilo es una labor técnica de paciencia, precisión y fundamentación continua de la toma de decisiones. No es una ciencia, sino un arte científicamente fundamentado: dentro de un marco normativo y unas ciertas reglas de expresión, hay muchas soluciones posibles –todas gramaticalmente correctas– cuyas variantes estarán determinadas por las circunstancias, las posibilidades y hasta la creatividad de las personas involucradas durante el proceso. Quien se atreve a convertirse en corrector deberá aprender su oficio, demarcar su campo de acción y comunicar sus reglas de trabajo para mantener una sana relación con las personas a quienes les brinda sus servicios profesionales.
Una de las carencias del medio de los correctores de estilo, al menos en mi país, es la falta de unidad con respecto a lo que la corrección abarca, cuáles son sus límites y hasta dónde puede llegar el corrector. Ante la ausencia de documentación y bibliografía, algunos de nosotros terminamos por escribir nuestros propios lineamientos para hacerlos circular entre colaboradores y clientes.
Con la esperanza de que en el futuro dispongamos de una comunidad de correctores más organizada y unida, comparto un documento surgido de la experiencia diaria. Tal vez sea de utilidad para otros y pueda ser objeto de refinamiento gracias a los comentarios y aportes de los lectores de este blog.
Este documento se elaboró específicamente para el contexto de la producción de libros impresos en el área educativa. He realizado ajustes, para no limitarlo a su entorno original y que, eventualmente, pueda ser adaptado a la corrección en otros ámbitos o áreas.
Lineamientos para la corrección de estilo
1. Corrección de estilo, no corrección filológica
En este documento se emplea la expresión corrección de estilo, y a las personas que realizan este trabajo les denomina correctores (bajo el entendido de que este vocablo abarca por igual a correctoras y correctores). [Es común, en Costa Rica, escuchar las expresiones corrección o revisión filológica junto con las de corrección o revisión de estilo. A menudo, se cree que existe una diferencia entre ambas y su uso diferenciado suele llevar a la confusión. El término “revisión” no lleva implícita la acción de corregir. En cuanto al calificativo “filológica”, parece ser un fenómeno localizado, exclusivo de Costa Rica, derivado del hecho de que, en este país, las correcciones de estilo son realizadas siempre por profesionales graduados de la carrera de Filología].
2. Qué es la corrección de estilo
La corrección de estilo consiste en el proceso de revisión, limpieza y perfeccionamiento del texto para que sea lecturable (claridad y comprensión), exacto (expresión correcta de las ideas), coherente (desarrollo del discurso) y uniforme (decisiones editoriales sistemáticamente aplicadas en toda la obra).
Para lograr esto, el corrector deberá eliminar los errores gramaticales, ortográficos y ortotipográficos, así como lograr unidad y consistencia en los aspectos relacionados con un adecuado y correcto uso de la lengua, como sintaxis, ortografía, semántica, reiteraciones léxicas o eidéticas, redundancias innecesarias, ambigüedades, contradicciones, uso de mayúsculas, signos, puntuación y acentuación, topónimos incorrectos y erratas.
Procurará que el estilo del texto se adapte a la expresión general de la norma del español, pero tomando en cuenta los giros estilísticos propios del habla del público meta de la obra, así como el área, disciplina o género de la obra. Así mismo, velará por su adecuación a los requisitos de comunicación del entorno en donde se empleará el texto, sin incurrir en la sobrecorrección o en la pérdida de los giros estilísticos propios del autor que puedan ser gramaticalmente válidos, comprensibles distintivos de un sello personal.
3. Quién lleva a cabo la corrección de estilo
En Costa Rica, muchas instituciones solicitan que las correcciones de estilo sean realizadas siempre por profesionales graduados de la carrera de Filología o su equivalente (según la nomenclatura propia de cada universidad). Lo deseable es que la persona tenga formación académica y experiencia demostrable en el área de la corrección.
4. Nivel de intervención
El corrector de estilo señalará los problemas propios de su área de especialización, es decir, la clara y correcta expresión de las ideas, respetando y manteniendo la intención del autor del material. Se espera, por lo tanto, una revisión que contribuya a ajustar y perfeccionar el texto, pero que no implique su reescritura completa o una alteración de los contenidos expuestos. Si el corrector de estilo detecta problemas tan graves que requieran tal intervención profunda del material, deberá comunicarlo de inmediato al editor a cargo para que sean este y el autor, siguiendo las observaciones del corrector de estilo, quienes realicen ese proceso de reescritura.
Según las leyes de derechos de autor, se protege la forma, no las ideas; por lo tanto, el corrector debe aprender a identificar cuándo su labor traspasa esa delicada línea, para no incurrir en una violación al derecho moral del autor sobre su obra. Esto no debe ser excusa, por parte del autor, para rechazar correcciones legítimas y necesarias desde el punto de vista de la lengua o de las normas editoriales a las que deba acogerse.
5. Limpiar/normalizar/unificar
El corrector de estilo velará por el uso coherente del estilo comunicativo y los signos ortotipográficos, de manera que la obra mantenga unidad editorial. Seguirá para esto los lineamientos que la editorial o el cliente le proporcionen. Para este fin, el autor y el editor entregarán una lista de decisiones críticas tomadas durante el proceso de escritura y edición. El corrector deberá identificar aquellos aspectos adicionales que requieran ser limpiados, normalizados o unificados, realizará una recomendación al editor o autor y, conjuntamente, definirán los criterios de corrección, para su posterior aplicación sistemática.
6. Evitar la sobrecorrección
Se denomina sobrecorrección al acto de modificar expresiones, párrafos o frases que ya son gramatical y estilísticamente correctos. Si bien el corrector, debido a su experiencia y especialización profesionales, puede tener una mayor facilidad para proponer alternativas, a veces más elegantes o mejor resueltas, se le sugiere evitar recargar el documento de correcciones innecesarias con el fin de procurar un proceso editorial más ágil y de respetar la labor realizada tanto por el autor como por el editor de la obra.
Este es un llamado a la prudencia, con el fin de evitar un exceso de intervención por parte del corrector. Cuando el corrector tenga la firme convicción de que algo que ya está correcto puede ser corregido, identificará mediante el uso de otro color de tinta o lápiz su sugerencia, y dejará muy en claro que esta no es obligatoria y, por lo tanto, su aplicación está sujeta a la aprobación del autor y del editor. Se le sugiere reducir al mínimo indispensable estas sugerencias.
7. Criterios de aplicación de normas y uso
En la corrección léxica, morfológica, sintáctica y ortotipográfica, se dará preferencia a la aplicación de las normas aceptadas del español, según lo dictamina la Real Academia Española (RAE) en sus publicaciones más actualizadas.
Esta aplicación debe ser flexible y tomar en cuenta aspectos como el uso, las variantes regionales, las características del público al que está dirigido el material y las particularidades del área académica o científica a la que pertenece el material. De esta manera, entre dos formas correctas y aceptadas, se preferirá la que es más utilizada en Costa Rica, como periodo sin tilde (uso costarricense) frente a período con tilde (propio de otras regiones lingüísticas). [Usted, lector, reemplace esta última oración con su país o zona de acción].
Con el fin de mantener un lenguaje más comprensible, cuando el uso esté muy extendido y haya sido registrado por diccionarios de uso reconocidos (María Moliner, Vox, Clave), se preferirá la forma más extendida en lugar de la académica (o estrictamente correcta), tomando en cuenta que la tendencia actual de la RAE es la de aceptar las variantes de uso en países no peninsulares. Tal es el caso de concientizar, palabra que durante muchos años fue considerada incorrecta por no estar registrada en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), pero que la última edición de este diccionario (2001) y el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) ya aceptan para el entorno geográfico latinoamericano.
Para neologismos todavía no registrados en ninguna fuente lexicográfica normativa, se procurará una investigación en corpus de la lengua (CREA, CORDE, Corpusdelespañol.org) y una verificación en buscadores en línea, para confirmar que tal forma está ya estandarizada en el uso. Este será un recurso únicamente para casos excepcionales.
Se aplicarán también las normas editoriales definidas por la editorial o el cliente, ya sea a través de su manual de estilo, un documento de lineamientos o de las instrucciones específicas por parte del editor a cargo.
8. Signos y llamadas
El corrector le entregará a su cliente el código de signos o llamadas empleado durante la corrección. Se puede consultar, para referencia, los signos recomendados por José Martínez de Sousa en el Manual de estilo de la lengua española (2007).
9. Informe de corrección
El corrector emitirá un informe breve, con un sumario de los principales cambios que aplicó sistemáticamente en el texto, según sus particularidades. Indicará el nivel de corrección, los criterios de unificación y los cambios implementados de manera transversal en toda la obra (muletillas frecuentes, vicios lingüísticos, etc.). Si lo desea, también puede adjuntar otros documentos, como tablas de decisiones u otros recursos que haya generado durante la corrección. Esto servirá de guía para dejar constancia sobre su intervención en la obra.
10. Corrección en papel o digital
La corrección se llevará a cabo en papel, con marcador rojo para las modificaciones obligatorias y lápiz para las sugerencias o explicaciones. Si hubiere necesidad de utilizar otro color, el corrector lo advertirá en su informe.
11. Bibliografía y herramientas de corrección
El corrector utilizará la bibliografía sugerida en sus versiones más actualizadas. En el caso del DRAE, específicamente se le recomienda el uso de la edición en línea, puesto que esta se actualiza diariamente con modificaciones y adelantos de la próxima edición.
12. Particularidades del estilo didáctico
El estilo académico didáctico se caracteriza por la claridad y la precisión comunicativa de contenidos académicos, científicamente fundamentados y, en la medida de lo posible, demostrables. Por su propia naturaleza, fuera de casos especiales, debe evitar la ambigüedad, la oscuridad expresiva y la subjetividad injustificada.
Por motivos didácticos, la redacción debe ser fácil de comprender, para que el estudiante, además de lidiar con la complejidad inherente a los contenidos de una asignatura, no deba también realizar un esfuerzo extra para entresacar la información a partir de una redacción confusa, errática, macarrónica, llena de recovecos y con problemas de coherencia. La expresión lingüística, vista así como medio expresivo, debe facilitar la comprensión de los contenidos en lugar de añadirle una complejidad innecesaria e injustificada.
El estilo también estará determinado por las estrategias de comunicación con orientación didáctica, previamente elegidas por el autor y el equipo de producción. Esto puede variar desde el uso de un estilo impersonal, muy distante y objetivo, hasta la aplicación de un tono directo, que interpele al lector. Cualquiera que sea el caso, el corrector deberá velar por una aplicación coherente del estilo elegido, en todos sus aspectos formales.
El nivel de complejidad de la escritura también estará condicionado por el nivel del curso y las características del público destinatario. El corrector deberá consultar el nivel de la carrera o programa al que pertenece la asignatura, para identificar potenciales problemas expresivos que requieran de algún ajuste en la redacción.
Una de las carencias del medio de los correctores de estilo, al menos en mi país, es la falta de unidad con respecto a lo que la corrección abarca, cuáles son sus límites y hasta dónde puede llegar el corrector. Ante la ausencia de documentación y bibliografía, algunos de nosotros terminamos por escribir nuestros propios lineamientos para hacerlos circular entre colaboradores y clientes.
Con la esperanza de que en el futuro dispongamos de una comunidad de correctores más organizada y unida, comparto un documento surgido de la experiencia diaria. Tal vez sea de utilidad para otros y pueda ser objeto de refinamiento gracias a los comentarios y aportes de los lectores de este blog.
Este documento se elaboró específicamente para el contexto de la producción de libros impresos en el área educativa. He realizado ajustes, para no limitarlo a su entorno original y que, eventualmente, pueda ser adaptado a la corrección en otros ámbitos o áreas.
Lineamientos para la corrección de estilo
1. Corrección de estilo, no corrección filológica
En este documento se emplea la expresión corrección de estilo, y a las personas que realizan este trabajo les denomina correctores (bajo el entendido de que este vocablo abarca por igual a correctoras y correctores). [Es común, en Costa Rica, escuchar las expresiones corrección o revisión filológica junto con las de corrección o revisión de estilo. A menudo, se cree que existe una diferencia entre ambas y su uso diferenciado suele llevar a la confusión. El término “revisión” no lleva implícita la acción de corregir. En cuanto al calificativo “filológica”, parece ser un fenómeno localizado, exclusivo de Costa Rica, derivado del hecho de que, en este país, las correcciones de estilo son realizadas siempre por profesionales graduados de la carrera de Filología].
2. Qué es la corrección de estilo
La corrección de estilo consiste en el proceso de revisión, limpieza y perfeccionamiento del texto para que sea lecturable (claridad y comprensión), exacto (expresión correcta de las ideas), coherente (desarrollo del discurso) y uniforme (decisiones editoriales sistemáticamente aplicadas en toda la obra).
Para lograr esto, el corrector deberá eliminar los errores gramaticales, ortográficos y ortotipográficos, así como lograr unidad y consistencia en los aspectos relacionados con un adecuado y correcto uso de la lengua, como sintaxis, ortografía, semántica, reiteraciones léxicas o eidéticas, redundancias innecesarias, ambigüedades, contradicciones, uso de mayúsculas, signos, puntuación y acentuación, topónimos incorrectos y erratas.
Procurará que el estilo del texto se adapte a la expresión general de la norma del español, pero tomando en cuenta los giros estilísticos propios del habla del público meta de la obra, así como el área, disciplina o género de la obra. Así mismo, velará por su adecuación a los requisitos de comunicación del entorno en donde se empleará el texto, sin incurrir en la sobrecorrección o en la pérdida de los giros estilísticos propios del autor que puedan ser gramaticalmente válidos, comprensibles distintivos de un sello personal.
3. Quién lleva a cabo la corrección de estilo
En Costa Rica, muchas instituciones solicitan que las correcciones de estilo sean realizadas siempre por profesionales graduados de la carrera de Filología o su equivalente (según la nomenclatura propia de cada universidad). Lo deseable es que la persona tenga formación académica y experiencia demostrable en el área de la corrección.
4. Nivel de intervención
El corrector de estilo señalará los problemas propios de su área de especialización, es decir, la clara y correcta expresión de las ideas, respetando y manteniendo la intención del autor del material. Se espera, por lo tanto, una revisión que contribuya a ajustar y perfeccionar el texto, pero que no implique su reescritura completa o una alteración de los contenidos expuestos. Si el corrector de estilo detecta problemas tan graves que requieran tal intervención profunda del material, deberá comunicarlo de inmediato al editor a cargo para que sean este y el autor, siguiendo las observaciones del corrector de estilo, quienes realicen ese proceso de reescritura.
Según las leyes de derechos de autor, se protege la forma, no las ideas; por lo tanto, el corrector debe aprender a identificar cuándo su labor traspasa esa delicada línea, para no incurrir en una violación al derecho moral del autor sobre su obra. Esto no debe ser excusa, por parte del autor, para rechazar correcciones legítimas y necesarias desde el punto de vista de la lengua o de las normas editoriales a las que deba acogerse.
5. Limpiar/normalizar/unificar
El corrector de estilo velará por el uso coherente del estilo comunicativo y los signos ortotipográficos, de manera que la obra mantenga unidad editorial. Seguirá para esto los lineamientos que la editorial o el cliente le proporcionen. Para este fin, el autor y el editor entregarán una lista de decisiones críticas tomadas durante el proceso de escritura y edición. El corrector deberá identificar aquellos aspectos adicionales que requieran ser limpiados, normalizados o unificados, realizará una recomendación al editor o autor y, conjuntamente, definirán los criterios de corrección, para su posterior aplicación sistemática.
6. Evitar la sobrecorrección
Se denomina sobrecorrección al acto de modificar expresiones, párrafos o frases que ya son gramatical y estilísticamente correctos. Si bien el corrector, debido a su experiencia y especialización profesionales, puede tener una mayor facilidad para proponer alternativas, a veces más elegantes o mejor resueltas, se le sugiere evitar recargar el documento de correcciones innecesarias con el fin de procurar un proceso editorial más ágil y de respetar la labor realizada tanto por el autor como por el editor de la obra.
Este es un llamado a la prudencia, con el fin de evitar un exceso de intervención por parte del corrector. Cuando el corrector tenga la firme convicción de que algo que ya está correcto puede ser corregido, identificará mediante el uso de otro color de tinta o lápiz su sugerencia, y dejará muy en claro que esta no es obligatoria y, por lo tanto, su aplicación está sujeta a la aprobación del autor y del editor. Se le sugiere reducir al mínimo indispensable estas sugerencias.
7. Criterios de aplicación de normas y uso
En la corrección léxica, morfológica, sintáctica y ortotipográfica, se dará preferencia a la aplicación de las normas aceptadas del español, según lo dictamina la Real Academia Española (RAE) en sus publicaciones más actualizadas.
Esta aplicación debe ser flexible y tomar en cuenta aspectos como el uso, las variantes regionales, las características del público al que está dirigido el material y las particularidades del área académica o científica a la que pertenece el material. De esta manera, entre dos formas correctas y aceptadas, se preferirá la que es más utilizada en Costa Rica, como periodo sin tilde (uso costarricense) frente a período con tilde (propio de otras regiones lingüísticas). [Usted, lector, reemplace esta última oración con su país o zona de acción].
Con el fin de mantener un lenguaje más comprensible, cuando el uso esté muy extendido y haya sido registrado por diccionarios de uso reconocidos (María Moliner, Vox, Clave), se preferirá la forma más extendida en lugar de la académica (o estrictamente correcta), tomando en cuenta que la tendencia actual de la RAE es la de aceptar las variantes de uso en países no peninsulares. Tal es el caso de concientizar, palabra que durante muchos años fue considerada incorrecta por no estar registrada en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), pero que la última edición de este diccionario (2001) y el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) ya aceptan para el entorno geográfico latinoamericano.
Para neologismos todavía no registrados en ninguna fuente lexicográfica normativa, se procurará una investigación en corpus de la lengua (CREA, CORDE, Corpusdelespañol.org) y una verificación en buscadores en línea, para confirmar que tal forma está ya estandarizada en el uso. Este será un recurso únicamente para casos excepcionales.
Se aplicarán también las normas editoriales definidas por la editorial o el cliente, ya sea a través de su manual de estilo, un documento de lineamientos o de las instrucciones específicas por parte del editor a cargo.
8. Signos y llamadas
El corrector le entregará a su cliente el código de signos o llamadas empleado durante la corrección. Se puede consultar, para referencia, los signos recomendados por José Martínez de Sousa en el Manual de estilo de la lengua española (2007).
9. Informe de corrección
El corrector emitirá un informe breve, con un sumario de los principales cambios que aplicó sistemáticamente en el texto, según sus particularidades. Indicará el nivel de corrección, los criterios de unificación y los cambios implementados de manera transversal en toda la obra (muletillas frecuentes, vicios lingüísticos, etc.). Si lo desea, también puede adjuntar otros documentos, como tablas de decisiones u otros recursos que haya generado durante la corrección. Esto servirá de guía para dejar constancia sobre su intervención en la obra.
10. Corrección en papel o digital
La corrección se llevará a cabo en papel, con marcador rojo para las modificaciones obligatorias y lápiz para las sugerencias o explicaciones. Si hubiere necesidad de utilizar otro color, el corrector lo advertirá en su informe.
11. Bibliografía y herramientas de corrección
El corrector utilizará la bibliografía sugerida en sus versiones más actualizadas. En el caso del DRAE, específicamente se le recomienda el uso de la edición en línea, puesto que esta se actualiza diariamente con modificaciones y adelantos de la próxima edición.
12. Particularidades del estilo didáctico
El estilo académico didáctico se caracteriza por la claridad y la precisión comunicativa de contenidos académicos, científicamente fundamentados y, en la medida de lo posible, demostrables. Por su propia naturaleza, fuera de casos especiales, debe evitar la ambigüedad, la oscuridad expresiva y la subjetividad injustificada.
Por motivos didácticos, la redacción debe ser fácil de comprender, para que el estudiante, además de lidiar con la complejidad inherente a los contenidos de una asignatura, no deba también realizar un esfuerzo extra para entresacar la información a partir de una redacción confusa, errática, macarrónica, llena de recovecos y con problemas de coherencia. La expresión lingüística, vista así como medio expresivo, debe facilitar la comprensión de los contenidos en lugar de añadirle una complejidad innecesaria e injustificada.
El estilo también estará determinado por las estrategias de comunicación con orientación didáctica, previamente elegidas por el autor y el equipo de producción. Esto puede variar desde el uso de un estilo impersonal, muy distante y objetivo, hasta la aplicación de un tono directo, que interpele al lector. Cualquiera que sea el caso, el corrector deberá velar por una aplicación coherente del estilo elegido, en todos sus aspectos formales.
El nivel de complejidad de la escritura también estará condicionado por el nivel del curso y las características del público destinatario. El corrector deberá consultar el nivel de la carrera o programa al que pertenece la asignatura, para identificar potenciales problemas expresivos que requieran de algún ajuste en la redacción.
martes, 26 de octubre de 2010
Scrivener: nuevas versiones para Mac y Windows
Esta semana el equipo de Scrivener está de fiesta, pero también está apenas comenzando el duro trabajo de publicar una versión beta pública de un programa muy anticipado y esperado por escritores como yo, insatisfechos con las tradicionales soluciones de procesamiento de texto disponibles en el mercado.
Desde el 25 de octubre está disponible para descarga la versión beta de Scrivener para Windows. Los usuarios atrevidos o impacientes (incapaces de esperar hasta febrero del 2011 para usar una versión más estable) ya pueden beneficiarse de las habilidades del hermano menor de Scrivener. Sin duda es un hermano y no un gemelo: Scrivener para Windows ha sido diseñado específicamente para esta plataforma, con todas las limitaciones que esto implica. Se mantienen el concepto y las funciones esenciales del programa, pero todavía es más atractivo de emplear en una Mac.
Y para los usuarios de Mac, los fieles seguidores de este programa tendremos la posibilidad de comprarlo o actualizarlo a partir del próximo 1 de noviembre. No obstante, para los impacientes, ya se puede descargar una edición especial de prueba de Scrivener 2.0 para los escritores que participan en el NaNoWriMo (National Novel Writing Month [Mes Nacional de Escritura de Novela]), una maratónica escrituril con el reto de escribir una novela completa de mínimo 50 000 palabras (175 páginas) en un solo mes (es una prueba de cantidad, no de calidad, según declaran sus organizadores).
Scrivener 2.0 y Scrivener para Windows utilizan el mismo formato de archivo; por lo tanto, quienes tengan interés en una solución multiplataforma para escribir, podrán iniciar la experimentación del paso de Mac a Windows y viceversa.
¿Qué espera? No lo piense más y descargue ya este programa esencial para cualquier escritor del siglo XXI. No es publicidad, en serio… Es compartir la mejor solución con la que he cruzado para darle rienda suelta a la creatividad con una herramienta especialmente diseñada para escribir novelas (y no transcribir cartas y memos).
Desde el 25 de octubre está disponible para descarga la versión beta de Scrivener para Windows. Los usuarios atrevidos o impacientes (incapaces de esperar hasta febrero del 2011 para usar una versión más estable) ya pueden beneficiarse de las habilidades del hermano menor de Scrivener. Sin duda es un hermano y no un gemelo: Scrivener para Windows ha sido diseñado específicamente para esta plataforma, con todas las limitaciones que esto implica. Se mantienen el concepto y las funciones esenciales del programa, pero todavía es más atractivo de emplear en una Mac.
Y para los usuarios de Mac, los fieles seguidores de este programa tendremos la posibilidad de comprarlo o actualizarlo a partir del próximo 1 de noviembre. No obstante, para los impacientes, ya se puede descargar una edición especial de prueba de Scrivener 2.0 para los escritores que participan en el NaNoWriMo (National Novel Writing Month [Mes Nacional de Escritura de Novela]), una maratónica escrituril con el reto de escribir una novela completa de mínimo 50 000 palabras (175 páginas) en un solo mes (es una prueba de cantidad, no de calidad, según declaran sus organizadores).
Scrivener 2.0 y Scrivener para Windows utilizan el mismo formato de archivo; por lo tanto, quienes tengan interés en una solución multiplataforma para escribir, podrán iniciar la experimentación del paso de Mac a Windows y viceversa.
¿Qué espera? No lo piense más y descargue ya este programa esencial para cualquier escritor del siglo XXI. No es publicidad, en serio… Es compartir la mejor solución con la que he cruzado para darle rienda suelta a la creatividad con una herramienta especialmente diseñada para escribir novelas (y no transcribir cartas y memos).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)