martes, 14 de diciembre de 2010
Scrivener para Windows beta 1.4
Para quienes están utilizando el Scrivener para Windows en su versión beta, ya está disponible la versión 1.4. Los betas anteriores ya expiraron; por lo tanto, para seguir utilizando el programa es necesario instalar esta nueva versión, que caducará el 30 de enero de 2011. Conviene revisar la lista de problemas todavía no resueltos, tanto para conocer las limitaciones de la versión, como para contribuir al reporte de errores. Se espera que la versión comercial esté lista para el mes de febrero.
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Scrivener,
Software para escritores
lunes, 13 de diciembre de 2010
Algunas normas de la nueva ortografía
Este artículo no tiene nada de novedoso. Es tan solo un sumario de los cambios de la nueva ortografía ya aprobada por las academias de la lengua, tanto la española como las americanas, según la información proporcionada por la prensa. Los recopilo aquí como un avance, mientras la obra sale de los talleres de impresión, cruza el Atlántico, llega a mis manos y puedo comenzar a jugar con sus 800 páginas.
Nombres de letras
Una de las novedades de la nueva ortografía es la revisión de los nombres de las letras del alfabeto, en una búsqueda de la unificación y la coherencia. El tema ha levantado polémica porque, aunque pareciera un tema minúsculo, las tradiciones culturales han demostrado su peso.
Ex, anti, pro
Hasta ahora, estas tres partículas han producido dudas en su grafía debido a que se situaban en un umbral difuso, a medio camino entre una preposición proveniente del latín, un adjetivo (como es el caso de ex) y un prefijo, es decir, una partícula empleada para crear palabras nuevas.
Finalmente se ha dado un paso más allá en el debate y las tres son clasificadas como prefijos. Por lo tanto, ya no se escribirá ex presidente, anti social y pro americano; sino expresidente, antisocial y proamericano. Sin embargo, esta regla solamente se aplica si se afecta una sola palabra. Por lo tanto, en ejemplos como ex capitán general y pro derechos humanos se debe escribir separado y sin guion.
Tildes en solo y este
Se ha removido por completo la tilde del adverbio solo y los demostrativos (este, ese, aquel, aquellos…); ya ni siquiera se mantiene en casos de ambigüedad. ¿Cómo sabría un lector si solo significa ‘en soledad’ o ‘solamente’? El contexto se lo dirá. A menudo el problema con estos casos de anfibología es observar los ejemplos fuera de su contexto. Y, en todo caso, para quienes escribimos y editamos siempre está la otra solución: arreglar la oración y el contexto y decir las cosas de otra manera, quizás más elegante.
Este era un cambio que se veía venir, aunque ha sido polémico. La regla sigue siendo opcional, en particular en aquellos países en donde hay un gran apego a esta tilde. En otros, por el contrario, será un alivio.
Tilde en monosílabos
Ya desde la edición anterior de la Ortografía (1999) se había suprimido la tilde en monosílabos que la habían mantenido tradicionalmente, como guion, fie, hui, Sion, riais que antes de 1999 se escribían guión, fié, huí, Sión y riáis. El dictamen era sencillo: “se considera que no existe hiato –aunque la pronunciación así parezca indicarlo–, sino diptongo o triptongo” (p. 46). Sin embargo, todavía se admitía el uso de la tilde puesto que las reglas ortográficas anteriores la recomendaban. Según parece, ahora ya la tilde se ha perdido definitivamente.
Esta regla no afecta los acentos diacríticos; es decir, los acentos cuya función es diferenciar significados distintos. Algunos de estos casos son: el/él, tu/tú, mi/mí, te/té, mas/más, si/sí, de/dé, se/sé.
La única tilde diacrítica que se ha perdido es la o entre dos cifras (números). Se considera que esta es una regla ya no aplica, puesto que los modernos sistemas informáticos permiten distinguir claramente entre una letra o y un cero. Por lo tanto, ya no es admisible escribir “5 ó 6”, sino que se escribe “5 o 6”.
Mayúsculas de términos genéricos antepuestos a nombres propios
Las mayúsculas de términos como golfo de México y calle Felipe IV siempre han dado problema. La nueva ortografía asume una posición clara: la mayúscula se elimina definitivamente. Habrá que leer la nueva edición para ver los alcances de esta norma. Hasta ahora se admitía que canal de Panamá se escribía con minúscula fuera de Panamá, pero con mayúscula en ese país, debido a que al papel central del canal en la historia y vida económica de la nación. Lo mismo ocurría con la península ibérica, (Península Ibérica para los españoles). Habrá que ver la nueva regla y comenzarla a aplicar a los accidentes geográficos locales, como golfo de Nicoya.
Catar, Irak y cuórum
Sí, leyó bien: cuórum. Confieso que Catar me resulta un país exótico, lejano de mi geografía cotidiana, e Irak ya estaba acostumbrada a verlo escrito de esta manera. Pero quorum (que a partir de ahora, si uno quiere emplearlo, deberá escribirlo en cursiva y sin tilde) sí me resulta extraño en su nueva versión castellanizada: cuórum. Esta decisión se ha tomado para dar congruencia a la nueva decisión de aceptar la letra k como plenamente española y para evitar que la letra q, cuando no esté en combinación con la u (como en queso) también represente el fonema /k/. Por lo tanto, solamente las letras c en posición inicial y k tendrán esta función.
Palabras extranjeras
Toda palabra de procedencia extranjera sin adaptación al español se escribirá en cursiva y sin acentos. Esto se aplica a palabras y expresiones latinas no castellanizadas, como ex cathedra, casus belli y deux ex machina. Suponemos que las ya castellanizadas mantendrán su forma adaptada, como ibíd y et álii.
En síntesis
La nueva ortografía ratifica más cambios de los que propone, a juzgar por estos avances. Habrá que esperar la publicación definitiva para conocer los detalles, las minucias y los análisis. La esperanza es que haya ganado en coherencia y haya avanzado, para bien, en la desambiguación de muchas de sus antiguas contradicciones.
Nombres de letras
Una de las novedades de la nueva ortografía es la revisión de los nombres de las letras del alfabeto, en una búsqueda de la unificación y la coherencia. El tema ha levantado polémica porque, aunque pareciera un tema minúsculo, las tradiciones culturales han demostrado su peso.
- La letra y dejará de llamarse oficialmente y griega y se denominará, en lo sucesivo, ye.
- La letra i deja de llamarse i latina y se denominará i.
- Las letras b y v se denominarán oficialmente be y uve. (En la mayoría de los artículos periodísticos, se aduce que “en América” a estas letras se las llama “be alta” y “be baja” respectivamente. Dejo constancia de que eso no cuenta para Costa Rica. Aquí, por lo visto, hemos estado siempre a la moda española, porque desde que tengo memoria alfabética, me las enseñaron como “be” y “uve”).
- Los dígrafos ch y ll son consideradas dígrafos y no letras. Este cambio de criterio no implica eliminarlas del abecedario; por el contrario, permanecen ahí, pero ahora correctamente clasificadas como signos compuestos por dos letras y no por una (dígrafos).
- Se acepta la letra k como plenamente española.
Ex, anti, pro
Hasta ahora, estas tres partículas han producido dudas en su grafía debido a que se situaban en un umbral difuso, a medio camino entre una preposición proveniente del latín, un adjetivo (como es el caso de ex) y un prefijo, es decir, una partícula empleada para crear palabras nuevas.
Finalmente se ha dado un paso más allá en el debate y las tres son clasificadas como prefijos. Por lo tanto, ya no se escribirá ex presidente, anti social y pro americano; sino expresidente, antisocial y proamericano. Sin embargo, esta regla solamente se aplica si se afecta una sola palabra. Por lo tanto, en ejemplos como ex capitán general y pro derechos humanos se debe escribir separado y sin guion.
Tildes en solo y este
Se ha removido por completo la tilde del adverbio solo y los demostrativos (este, ese, aquel, aquellos…); ya ni siquiera se mantiene en casos de ambigüedad. ¿Cómo sabría un lector si solo significa ‘en soledad’ o ‘solamente’? El contexto se lo dirá. A menudo el problema con estos casos de anfibología es observar los ejemplos fuera de su contexto. Y, en todo caso, para quienes escribimos y editamos siempre está la otra solución: arreglar la oración y el contexto y decir las cosas de otra manera, quizás más elegante.
Este era un cambio que se veía venir, aunque ha sido polémico. La regla sigue siendo opcional, en particular en aquellos países en donde hay un gran apego a esta tilde. En otros, por el contrario, será un alivio.
Tilde en monosílabos
Ya desde la edición anterior de la Ortografía (1999) se había suprimido la tilde en monosílabos que la habían mantenido tradicionalmente, como guion, fie, hui, Sion, riais que antes de 1999 se escribían guión, fié, huí, Sión y riáis. El dictamen era sencillo: “se considera que no existe hiato –aunque la pronunciación así parezca indicarlo–, sino diptongo o triptongo” (p. 46). Sin embargo, todavía se admitía el uso de la tilde puesto que las reglas ortográficas anteriores la recomendaban. Según parece, ahora ya la tilde se ha perdido definitivamente.
Esta regla no afecta los acentos diacríticos; es decir, los acentos cuya función es diferenciar significados distintos. Algunos de estos casos son: el/él, tu/tú, mi/mí, te/té, mas/más, si/sí, de/dé, se/sé.
La única tilde diacrítica que se ha perdido es la o entre dos cifras (números). Se considera que esta es una regla ya no aplica, puesto que los modernos sistemas informáticos permiten distinguir claramente entre una letra o y un cero. Por lo tanto, ya no es admisible escribir “5 ó 6”, sino que se escribe “5 o 6”.
Mayúsculas de términos genéricos antepuestos a nombres propios
Las mayúsculas de términos como golfo de México y calle Felipe IV siempre han dado problema. La nueva ortografía asume una posición clara: la mayúscula se elimina definitivamente. Habrá que leer la nueva edición para ver los alcances de esta norma. Hasta ahora se admitía que canal de Panamá se escribía con minúscula fuera de Panamá, pero con mayúscula en ese país, debido a que al papel central del canal en la historia y vida económica de la nación. Lo mismo ocurría con la península ibérica, (Península Ibérica para los españoles). Habrá que ver la nueva regla y comenzarla a aplicar a los accidentes geográficos locales, como golfo de Nicoya.
Catar, Irak y cuórum
Sí, leyó bien: cuórum. Confieso que Catar me resulta un país exótico, lejano de mi geografía cotidiana, e Irak ya estaba acostumbrada a verlo escrito de esta manera. Pero quorum (que a partir de ahora, si uno quiere emplearlo, deberá escribirlo en cursiva y sin tilde) sí me resulta extraño en su nueva versión castellanizada: cuórum. Esta decisión se ha tomado para dar congruencia a la nueva decisión de aceptar la letra k como plenamente española y para evitar que la letra q, cuando no esté en combinación con la u (como en queso) también represente el fonema /k/. Por lo tanto, solamente las letras c en posición inicial y k tendrán esta función.
Palabras extranjeras
Toda palabra de procedencia extranjera sin adaptación al español se escribirá en cursiva y sin acentos. Esto se aplica a palabras y expresiones latinas no castellanizadas, como ex cathedra, casus belli y deux ex machina. Suponemos que las ya castellanizadas mantendrán su forma adaptada, como ibíd y et álii.
En síntesis
La nueva ortografía ratifica más cambios de los que propone, a juzgar por estos avances. Habrá que esperar la publicación definitiva para conocer los detalles, las minucias y los análisis. La esperanza es que haya ganado en coherencia y haya avanzado, para bien, en la desambiguación de muchas de sus antiguas contradicciones.
martes, 7 de diciembre de 2010
Bienvenida a la nueva ortografía del español
Ya está circulando una lista de los cambios más significativos de la nueva ortografía de la Real Academia Española, desde el pasado 29 de noviembre también avalada por las academias del continente americano.
La nueva ortografía ha sido descrita por sus responsables de la siguiente manera: razonada, amplia y exhaustiva, coherente, simple, moderna, panhispánica e innovadora. Si en verdad logra esta ambiciosa descripción, solo se podrán comprobar cuando la obra esté publicada.
Ochocientas páginas de justificación
Actualmente rige una ortografía de 161 páginas. La publicación que en este momento está en prensa supera, según dicen, las 800 páginas. Sin embargo, no aumenta su tamaño por la cantidad de innovaciones, sino por ofrecer un desglose de los criterios y razones sobre los que se fundamentan las decisiones y por atender áreas grises en donde ninguna publicación anterior había emitido criterio. En este sentido, esperamos con avidez los nuevos capítulos dedicados a las mayúsculas y minúsculas, los nombres propios, las expresiones originarias de otras lenguas y la ortotipografía.
La principal novedad, por lo tanto, no es cuánto modifique el sistema ortográfico español, sino cuánto contribuya a clarificar las escuetas reglas que, hasta la fecha, han dejado vacíos de interpretación y han obligado a gastar horas innumerables (e irrecuperables) en determinar cómo se escribe en nuestra lengua el nombre de tal o cual país o, lo que es peor, si tal palabra lleva o no mayúscula.
La nueva ortografía inclina pero no obliga
Otra novedad que los periodistas difunden de manera absolutista y parcial es la aceptación de que la norma se sugiere pero no se impone. Sin esta condición, difícilmente la Academia Mexicana de la Lengua habría aprobado la pérdida de la tilde en los demostrativos (éste, ése, ésos, aquél, aquéllos…) y en el adverbio solo (antes sólo). Esa academia ha sido, durante el largo debate que precede esta ortografía, la más resistente a este cambio. (Me consta la vehemencia con que los mexicanos defienden estas dos tildes; no me consta el debate académico porque no estuve ahí). El asunto se ha resuelto de una forma salomónica, o dicho en palabras de Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua, “si alguien cree que se va a morir si no le pone el acento a ‘solo’, pues antes de que se muera pues póngale el acento”.
La norma se acepta o se rechaza, pero dentro un rango de acción. Por ejemplo, no puedo, por puro gusto, escribir “zohlo” simplemente porque “la nueva ortografía no es obligatoria”. Si así lo hiciera (que podría estar en todo mi derecho individual), surge la otra pregunta: ¿quién me entendería? La norma cumple una función homogenizadora y contribuye a garantizar la comunicación entre zonas lingüísticas diferentes. En el mundo editorial es imprescindible. Ahora bien, la norma puede ser vertical, elegida y hasta impuesta por una institución; u horizontal, surgida de la selección popular, el gusto de las mayorías y la imposición del uso… Pero en ambos casos, sigue siendo norma.
La nueva ortografía respeta el uso. Por lo tanto, propone una norma y ahora deja en manos de las masas su aceptación en el uso. Habrá que dejar pasar el tiempo para ver cuáles sugerencias de homogenización triunfaron.
El “nuevo” alfabeto castellano
Otra novedad polémica es la supuesta desaparición de dos letras, ahora consideradas dígrafos: la Ch y la Ll. Este es un asunto de coherencia. En la ortografía de 1999 la Ch era denominada dígrafo (sonido representado por dos signos o grafos) y la Ll era denominada letra. Absurdo o errata, no lo sé; pero incoherencia, sin duda.
La ortografía, por definición, es la correcta norma (orto) de los signos escritos (grafía). Por lo tanto, rige la escritura, no el habla. Entronca con aquella por necesidad, en tanto se entienda la escritura como una representación del habla. Pero desde el punto de vista de sistemas de signos, una cosa son los signos orales y otra muy distinta los escritos.
Por lo tanto, lo que indica la nueva ortografía es la lista oficial de signos escritos del alfabeto castellano, no sus combinaciones. Si el alfabeto representase fielmente todos los sonidos de nuestra lengua, no tendríamos 27 signos alfabéticos, tendríamos 50 o 60. No lo sé. Pero siempre recuerdo una conferencia en la que una estudiante de posgrado de la Universidad de Costa Rica distinguía cerca de 17 variantes del fonema /r/ en un zona muy focalizada del Valle Central (mi memoria falla y no recuerdo la cifra exacta, pero eran muchas). No tenemos un signo para cada R distinta. Puesto que el nuestro no es un alfabeto fonético, un solo signo basta para efectos de escritura y de nomenclatura.
Así, la Ch y la Ll no desaparecen del sistema fonológico, solo de la lista oficial de signos alfabéticos únicos. Siguen existiendo pero considerados dígrafos, es decir, signos compuestos por dos letras. Por eso, un amigo mío cuyo apellido comienza con Ch, antes de tener una crisis de identidad, seguirá abreviándolo con la Ch y no con la C y tiene toda la razón en hacerlo. Que una sea letra y la otra sea dígrafo no las hace menos necesarias a las dos, ni menos eficientes en su condición de signo (ya sea simple o compuesto).
En síntesis
La nueva ortografía ayudará a aunar criterios en toda la región hispanohablante; sin embargo, apenas se está iniciando un largo camino de abierta lectura, discusión y reforma. Sin duda dentro de 10 o 15 años aparecerá una nueva ortografía en donde ya se recojan muchos de los criterios que están por emitirse.
Mientras tanto, para quienes batallamos diariamente con la norma de la escritura (no de la oralidad), esta nueva ortografía, con todo y su polémica, será un bálsamo y una gran ayuda. De mi parte, le digo: ¡bienvenida!
La nueva ortografía ha sido descrita por sus responsables de la siguiente manera: razonada, amplia y exhaustiva, coherente, simple, moderna, panhispánica e innovadora. Si en verdad logra esta ambiciosa descripción, solo se podrán comprobar cuando la obra esté publicada.
Ochocientas páginas de justificación
Actualmente rige una ortografía de 161 páginas. La publicación que en este momento está en prensa supera, según dicen, las 800 páginas. Sin embargo, no aumenta su tamaño por la cantidad de innovaciones, sino por ofrecer un desglose de los criterios y razones sobre los que se fundamentan las decisiones y por atender áreas grises en donde ninguna publicación anterior había emitido criterio. En este sentido, esperamos con avidez los nuevos capítulos dedicados a las mayúsculas y minúsculas, los nombres propios, las expresiones originarias de otras lenguas y la ortotipografía.
La principal novedad, por lo tanto, no es cuánto modifique el sistema ortográfico español, sino cuánto contribuya a clarificar las escuetas reglas que, hasta la fecha, han dejado vacíos de interpretación y han obligado a gastar horas innumerables (e irrecuperables) en determinar cómo se escribe en nuestra lengua el nombre de tal o cual país o, lo que es peor, si tal palabra lleva o no mayúscula.
La nueva ortografía inclina pero no obliga
Otra novedad que los periodistas difunden de manera absolutista y parcial es la aceptación de que la norma se sugiere pero no se impone. Sin esta condición, difícilmente la Academia Mexicana de la Lengua habría aprobado la pérdida de la tilde en los demostrativos (éste, ése, ésos, aquél, aquéllos…) y en el adverbio solo (antes sólo). Esa academia ha sido, durante el largo debate que precede esta ortografía, la más resistente a este cambio. (Me consta la vehemencia con que los mexicanos defienden estas dos tildes; no me consta el debate académico porque no estuve ahí). El asunto se ha resuelto de una forma salomónica, o dicho en palabras de Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua, “si alguien cree que se va a morir si no le pone el acento a ‘solo’, pues antes de que se muera pues póngale el acento”.
La norma se acepta o se rechaza, pero dentro un rango de acción. Por ejemplo, no puedo, por puro gusto, escribir “zohlo” simplemente porque “la nueva ortografía no es obligatoria”. Si así lo hiciera (que podría estar en todo mi derecho individual), surge la otra pregunta: ¿quién me entendería? La norma cumple una función homogenizadora y contribuye a garantizar la comunicación entre zonas lingüísticas diferentes. En el mundo editorial es imprescindible. Ahora bien, la norma puede ser vertical, elegida y hasta impuesta por una institución; u horizontal, surgida de la selección popular, el gusto de las mayorías y la imposición del uso… Pero en ambos casos, sigue siendo norma.
La nueva ortografía respeta el uso. Por lo tanto, propone una norma y ahora deja en manos de las masas su aceptación en el uso. Habrá que dejar pasar el tiempo para ver cuáles sugerencias de homogenización triunfaron.
El “nuevo” alfabeto castellano
Otra novedad polémica es la supuesta desaparición de dos letras, ahora consideradas dígrafos: la Ch y la Ll. Este es un asunto de coherencia. En la ortografía de 1999 la Ch era denominada dígrafo (sonido representado por dos signos o grafos) y la Ll era denominada letra. Absurdo o errata, no lo sé; pero incoherencia, sin duda.
La ortografía, por definición, es la correcta norma (orto) de los signos escritos (grafía). Por lo tanto, rige la escritura, no el habla. Entronca con aquella por necesidad, en tanto se entienda la escritura como una representación del habla. Pero desde el punto de vista de sistemas de signos, una cosa son los signos orales y otra muy distinta los escritos.
Por lo tanto, lo que indica la nueva ortografía es la lista oficial de signos escritos del alfabeto castellano, no sus combinaciones. Si el alfabeto representase fielmente todos los sonidos de nuestra lengua, no tendríamos 27 signos alfabéticos, tendríamos 50 o 60. No lo sé. Pero siempre recuerdo una conferencia en la que una estudiante de posgrado de la Universidad de Costa Rica distinguía cerca de 17 variantes del fonema /r/ en un zona muy focalizada del Valle Central (mi memoria falla y no recuerdo la cifra exacta, pero eran muchas). No tenemos un signo para cada R distinta. Puesto que el nuestro no es un alfabeto fonético, un solo signo basta para efectos de escritura y de nomenclatura.
Así, la Ch y la Ll no desaparecen del sistema fonológico, solo de la lista oficial de signos alfabéticos únicos. Siguen existiendo pero considerados dígrafos, es decir, signos compuestos por dos letras. Por eso, un amigo mío cuyo apellido comienza con Ch, antes de tener una crisis de identidad, seguirá abreviándolo con la Ch y no con la C y tiene toda la razón en hacerlo. Que una sea letra y la otra sea dígrafo no las hace menos necesarias a las dos, ni menos eficientes en su condición de signo (ya sea simple o compuesto).
En síntesis
La nueva ortografía ayudará a aunar criterios en toda la región hispanohablante; sin embargo, apenas se está iniciando un largo camino de abierta lectura, discusión y reforma. Sin duda dentro de 10 o 15 años aparecerá una nueva ortografía en donde ya se recojan muchos de los criterios que están por emitirse.
Mientras tanto, para quienes batallamos diariamente con la norma de la escritura (no de la oralidad), esta nueva ortografía, con todo y su polémica, será un bálsamo y una gran ayuda. De mi parte, le digo: ¡bienvenida!
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RAE
lunes, 29 de noviembre de 2010
APA: la sexta edición ya está disponible en español
La sexta edición del manual de la APA (American Psychological Association [Asociación Norteamericana de Psicología]) está disponible en español desde el pasado mes de octubre. El equipo de la editorial Manual Moderno se ha encargado de traducir esta nueva edición, manteniendo las pautas para las ediciones anteriores, también producidas por este equipo.
Hacer la traducción de una obra como estas supone un gran esfuerzo y la toma de muchas decisiones editoriales. El mérito es mayor, por cuanto se ha logrado cumplir esta meta a un año de la publicación de la obra en inglés. Por ese esfuerzo, mi felicitación al equipo.
Por otro lado, estas decisiones –siempre humanas– forzosamente implican adoptar criterios, vocablos y lineamientos que podrán complacer a unos lectores y no a otros. El señalamiento de estos puntos específicos, por cualquier argumento válido, no implica que la labor de traducción tenga menos mérito.
Durante las próximas semanas, en este blog publicaremos comentarios puntuales sobre algunas de las decisiones editoriales propuestas por el equipo de Manual Moderno que podrían someterse a revisión y consideración por parte de los usuarios. No obstante, esto no se hará en tono de crítica destructiva, sino de sana discusión académica sobre un producto que ha sido el resultado del esfuerzo y la toma de decisiones de un equipo. Sin esta traducción, el manual no sería accesible a tantas personas que, en América Latina, enfrentamos diariamente la decisión de nuestros entornos universitarios de utilizar el estilo APA.
¿Dónde comprarlo?
Para quienes tengan interés en adquirirlo y habiten fuera de México, pueden revisar el sitio web de la editorial Manual Moderno para buscar distribuidores en su país. Otra alternativa es comprarlo a través de Amazon. El precio de venta oscila entre 25 y 35 USD (Amazon lo cambia sin razón aparente, así que si va a adquirir el suyo, tenga paciencia: añada el manual a su lista de deseos o a su carrito, obsérvelo varios días y espere a que baje a 25 USD).
También están disponibles la Guía para el maestro y la Guía de entrenamiento para el estudiante, con ejercicios para aprender a aplicar el estilo APA, así como la Versión abreviada del manual, empastada en resorte para la consulta rápida de las reglas.
Hacer la traducción de una obra como estas supone un gran esfuerzo y la toma de muchas decisiones editoriales. El mérito es mayor, por cuanto se ha logrado cumplir esta meta a un año de la publicación de la obra en inglés. Por ese esfuerzo, mi felicitación al equipo.
Por otro lado, estas decisiones –siempre humanas– forzosamente implican adoptar criterios, vocablos y lineamientos que podrán complacer a unos lectores y no a otros. El señalamiento de estos puntos específicos, por cualquier argumento válido, no implica que la labor de traducción tenga menos mérito.
Durante las próximas semanas, en este blog publicaremos comentarios puntuales sobre algunas de las decisiones editoriales propuestas por el equipo de Manual Moderno que podrían someterse a revisión y consideración por parte de los usuarios. No obstante, esto no se hará en tono de crítica destructiva, sino de sana discusión académica sobre un producto que ha sido el resultado del esfuerzo y la toma de decisiones de un equipo. Sin esta traducción, el manual no sería accesible a tantas personas que, en América Latina, enfrentamos diariamente la decisión de nuestros entornos universitarios de utilizar el estilo APA.
¿Dónde comprarlo?
Para quienes tengan interés en adquirirlo y habiten fuera de México, pueden revisar el sitio web de la editorial Manual Moderno para buscar distribuidores en su país. Otra alternativa es comprarlo a través de Amazon. El precio de venta oscila entre 25 y 35 USD (Amazon lo cambia sin razón aparente, así que si va a adquirir el suyo, tenga paciencia: añada el manual a su lista de deseos o a su carrito, obsérvelo varios días y espere a que baje a 25 USD).
También están disponibles la Guía para el maestro y la Guía de entrenamiento para el estudiante, con ejercicios para aprender a aplicar el estilo APA, así como la Versión abreviada del manual, empastada en resorte para la consulta rápida de las reglas.
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escritura académica
domingo, 14 de noviembre de 2010
La escritura por metas y los calendarios de producción
La cuantificación del libro en sus cifras constitutivas es un excelente método para abandonar el topus uranus del escritor y aterrizar en la vida real de los calendarios de producción editorial. Ya seamos autores o editores, este ejercicio de escritura por metas es un sano inicio para tener calendarios de producción realistas y ejecutables.
El libro en cifras
Un libro, visto como obra terminada, es un texto de una extensión considerable. Hay que verlo en páginas, palabras o caracteres. Hay que cuantificarlo para comprender cuál es su verdadero alcance en tanto objeto tangible, tocable, legible…
En el NaNoWriMo se propone la meta de escribir una novela/libro de 50 000 palabras, cuya extensión sería aproximadamente de 150 páginas.
Las metas diarias de escritura
Los participantes de NaNoWriMo formalmente inscritos disponen de una herramienta sencilla pero poderosa: las estadísticas. Diariamente se debe actualizar el conteo de palabras acumuladas hasta ese día.
Esta herramienta, por sencilla que parezca, le ayuda al escritor a aterrizar en la dura realidad de los plazos y las entregas. Si su libro tiene 50 000 palabras, está obligado a escribir 1667 palabras diarias. Si un día no lo hizo, al día siguiente la meta diaria se elevará.
En mi caso, por ejemplo, al día de hoy, debería escribir 2739 palabras al día, si quiero terminar mi libro el 30 de noviembre. Las estadísticas me lanzan la realidad a la cara: ya estoy retrasada en mi calendario de entregas. Mi promedio diario no ha alcanzado el mínimo requerido, así que la estadística –imparcial e inmisericorde– me dice en qué fecha terminaría mi libro, de seguir con este ritmo: 29 de diciembre.
La escritura en el calendario de producción del libro
En este hipotético calendario de producción, no existen todavía relectura, reescritura, evaluación editorial, correcciones sugeridas y su aprobación, maquetación o diagramación de la obra, corrección de pruebas (y sus respectivos cotejos) y tiempos de imprenta.
La mayoría de las editoriales reciben obras listas para iniciar su proceso de producción editorial, gracias a la labor de filtro y retroalimentación realizada por los agentes literarios.
El asunto se complica para las editoriales académicas que elaboran obras a partir de diseños de curso, según los lineamientos de una carrera o plan de estudios.
En estos casos, el editor del material deberá acompañar al autor en el proceso de levantamiento de obra gris. Son libros de 250 páginas, con ciertos recursos gráficos que los reducen a unas 100 000 palabras.
Si un autor dedicara un tiempo diario a lograr 1667 palabras escritas al día, podría terminar el primer borrador de la obra en 60 días (sin lectura de nadie: editor, especialista, asesores académicos). Es decir, se necesitarían dos meses como mínimo antes de que el texto esté preparado para comenzar su otra peregrinación: lecturas, revisiones, correcciones y producción editorial. Durante esos dos meses, el autor entregaría 11 669 palabras por semana.
Si la editorial quisiera que el libro se escriba más rápido, deberá darle metas claras a su autor: un libro de 100 000 palabras en un mes requiere de 3334 palabras diarias y 23 300 palabras semanales. ¿Tiene el autor el tiempo suficiente para lograr la meta? ¿Cuántas horas de escritura reales, sin dilaciones ni problemas de inspiración, necesita al día? ¿De qué manera compensará por los fines de semana, el cumpleaños de la abuelita o la fiesta de aniversario de la boda de su mejor amigo? ¿Comprende el autor, al firmar el contrato, las necesidades diarias de escritura de la obra para alcanzar las metas editoriales propuestas?
En síntesis: la dura realidad
La escritura es el primer paso en el camino hacia la obra publicada. Si las metas no son claras aquí, en esta fase del proceso, el resto del calendario se verá expuesto al fracaso y a las dilaciones interminables. Al autor le hará bien descomponer su obra en cifras y fijarse metas claras, según las capacidades reales de su vida (trabajo, familia, proyectos, compromisos, enfermedades, imprevistos…). Las metas son para cumplirlas. Las cifras, las estadísticas de nuestra escritura diaria serán implacables y nos dirán, con frialdad, cuándo estará lista la obra de nuestros sueños o la que nos hemos comprometido a entregar.
El libro en cifras
Un libro, visto como obra terminada, es un texto de una extensión considerable. Hay que verlo en páginas, palabras o caracteres. Hay que cuantificarlo para comprender cuál es su verdadero alcance en tanto objeto tangible, tocable, legible…
En el NaNoWriMo se propone la meta de escribir una novela/libro de 50 000 palabras, cuya extensión sería aproximadamente de 150 páginas.
Las metas diarias de escritura
Los participantes de NaNoWriMo formalmente inscritos disponen de una herramienta sencilla pero poderosa: las estadísticas. Diariamente se debe actualizar el conteo de palabras acumuladas hasta ese día.
Esta herramienta, por sencilla que parezca, le ayuda al escritor a aterrizar en la dura realidad de los plazos y las entregas. Si su libro tiene 50 000 palabras, está obligado a escribir 1667 palabras diarias. Si un día no lo hizo, al día siguiente la meta diaria se elevará.
En mi caso, por ejemplo, al día de hoy, debería escribir 2739 palabras al día, si quiero terminar mi libro el 30 de noviembre. Las estadísticas me lanzan la realidad a la cara: ya estoy retrasada en mi calendario de entregas. Mi promedio diario no ha alcanzado el mínimo requerido, así que la estadística –imparcial e inmisericorde– me dice en qué fecha terminaría mi libro, de seguir con este ritmo: 29 de diciembre.
La escritura en el calendario de producción del libro
En este hipotético calendario de producción, no existen todavía relectura, reescritura, evaluación editorial, correcciones sugeridas y su aprobación, maquetación o diagramación de la obra, corrección de pruebas (y sus respectivos cotejos) y tiempos de imprenta.
La mayoría de las editoriales reciben obras listas para iniciar su proceso de producción editorial, gracias a la labor de filtro y retroalimentación realizada por los agentes literarios.
El asunto se complica para las editoriales académicas que elaboran obras a partir de diseños de curso, según los lineamientos de una carrera o plan de estudios.
En estos casos, el editor del material deberá acompañar al autor en el proceso de levantamiento de obra gris. Son libros de 250 páginas, con ciertos recursos gráficos que los reducen a unas 100 000 palabras.
Si un autor dedicara un tiempo diario a lograr 1667 palabras escritas al día, podría terminar el primer borrador de la obra en 60 días (sin lectura de nadie: editor, especialista, asesores académicos). Es decir, se necesitarían dos meses como mínimo antes de que el texto esté preparado para comenzar su otra peregrinación: lecturas, revisiones, correcciones y producción editorial. Durante esos dos meses, el autor entregaría 11 669 palabras por semana.
Si la editorial quisiera que el libro se escriba más rápido, deberá darle metas claras a su autor: un libro de 100 000 palabras en un mes requiere de 3334 palabras diarias y 23 300 palabras semanales. ¿Tiene el autor el tiempo suficiente para lograr la meta? ¿Cuántas horas de escritura reales, sin dilaciones ni problemas de inspiración, necesita al día? ¿De qué manera compensará por los fines de semana, el cumpleaños de la abuelita o la fiesta de aniversario de la boda de su mejor amigo? ¿Comprende el autor, al firmar el contrato, las necesidades diarias de escritura de la obra para alcanzar las metas editoriales propuestas?
En síntesis: la dura realidad
La escritura es el primer paso en el camino hacia la obra publicada. Si las metas no son claras aquí, en esta fase del proceso, el resto del calendario se verá expuesto al fracaso y a las dilaciones interminables. Al autor le hará bien descomponer su obra en cifras y fijarse metas claras, según las capacidades reales de su vida (trabajo, familia, proyectos, compromisos, enfermedades, imprevistos…). Las metas son para cumplirlas. Las cifras, las estadísticas de nuestra escritura diaria serán implacables y nos dirán, con frialdad, cuándo estará lista la obra de nuestros sueños o la que nos hemos comprometido a entregar.
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martes, 2 de noviembre de 2010
NaNoWriMo: mes maratónico de escritura de novelas
En el mes de julio de 1999, 21 escritores novatos se reunieron en la bahía de San Francisco para escribir, cada uno, una novela en el periodo récord de un mes. Era una sana competencia. No importaba la calidad de la novela, solamente si serían capaces de forzarse a escribir lo suficiente para alcanzar la cifra soñada de 50 000 palabras escritas en 30 días.
Al año siguiente decidieron abrir un sitio web y trasladar el evento al mes de noviembre; mes, por su clima, más propicio para encerrarse a trabajar. El evento ya tenía nombre: National Novel Writing Month (Mes Nacional de Escritura de Novela), también conocido por su nombre abreviado NaNoWriMo.
En el 2008, la maratónica de escritura reunió a 119 301 participantes y 21 683 ganadores. El evento ya tiene participantes de todo el mundo y muchos escritores se preparan durante meses para iniciar, el 1 de noviembre, esta frenética maratónica de palabras.
Las reglas son sencillas: se debe arrancar de cero, aunque se permite utilizar esquemas, planeamientos previos e investigación; la obra debe ser original; el género es novela, según cualquier propuesta creativa que caiga dentro de la descripción de una ficción narrativa de cierta extensión.
En el sitio web hay instrucciones precisas para inscribirse, ya traducidas a varios idiomas, incluido el español.
La iniciativa de una maratónica de escritura es una idea fabulosa. Es obligarse a escribir. Ya vendrá el tiempo de la lectura, corrección y reescritura. Pero para llegar hasta ese punto, es necesario tener alguna materia prima, algún punto de dónde arrancar, alguna historia para narrar.
Usted puede unirse a esta idea de forzarse a escribir, aunque no se inscriba en el sitio web, aunque no escriba una novela (¿qué tal sería el mes nacional de escritura de tesis? Algunos estudiantes tardarían menos años en graduarse si lo hicieran así). Pero si es usted escritor y tiene por ahí una novela casi lista para ser vertida sobre el papel, ¡atrévase! Aunque no llegue a escribir 50 000 palabras, sin duda descubrirá los beneficios de crear un hábito diario de esforzarse por hacer que sus palabras soñadas abandonen su plácido lugar en el topus uranos de las enunciaciones jamás realizadas y, por fin, sean visibles, así sea en papel o bitios.
Al año siguiente decidieron abrir un sitio web y trasladar el evento al mes de noviembre; mes, por su clima, más propicio para encerrarse a trabajar. El evento ya tenía nombre: National Novel Writing Month (Mes Nacional de Escritura de Novela), también conocido por su nombre abreviado NaNoWriMo.
En el 2008, la maratónica de escritura reunió a 119 301 participantes y 21 683 ganadores. El evento ya tiene participantes de todo el mundo y muchos escritores se preparan durante meses para iniciar, el 1 de noviembre, esta frenética maratónica de palabras.
Las reglas son sencillas: se debe arrancar de cero, aunque se permite utilizar esquemas, planeamientos previos e investigación; la obra debe ser original; el género es novela, según cualquier propuesta creativa que caiga dentro de la descripción de una ficción narrativa de cierta extensión.
En el sitio web hay instrucciones precisas para inscribirse, ya traducidas a varios idiomas, incluido el español.
La iniciativa de una maratónica de escritura es una idea fabulosa. Es obligarse a escribir. Ya vendrá el tiempo de la lectura, corrección y reescritura. Pero para llegar hasta ese punto, es necesario tener alguna materia prima, algún punto de dónde arrancar, alguna historia para narrar.
Usted puede unirse a esta idea de forzarse a escribir, aunque no se inscriba en el sitio web, aunque no escriba una novela (¿qué tal sería el mes nacional de escritura de tesis? Algunos estudiantes tardarían menos años en graduarse si lo hicieran así). Pero si es usted escritor y tiene por ahí una novela casi lista para ser vertida sobre el papel, ¡atrévase! Aunque no llegue a escribir 50 000 palabras, sin duda descubrirá los beneficios de crear un hábito diario de esforzarse por hacer que sus palabras soñadas abandonen su plácido lugar en el topus uranos de las enunciaciones jamás realizadas y, por fin, sean visibles, así sea en papel o bitios.
Scrivener 2.0 para Mac ya está aquí
A partir de la tarde de ayer, Scrivener estrena imagen. El sitio web ha sido rediseñado para mostrar el Scrivener 2, la nueva versión de este programa que no tiene nada de modesto.
Apenas estoy comenzando a navegar entre sus nuevas funciones, pero ya estoy pasándola en grande. El binder o zona de trabajo tiene mejoras para acercarlo más a la mente del escritor: ahora es posible asignarles iconos a las carpetas y se ha añadido una función interesante: las colecciones. Se pueden crear grupos de archivos (por ejemplo, identificar todas las escenas de un determinado personaje) y verlos como grupos separados.
Me encanta la función de referencia rápida (quick reference) porque despliega una ventana flotante con acceso rápido a cualquier documento. Sumado a la ya existente función de dividir pantalla y a las mejoradas capacidades para guardar metadatos de cada archivo (anotaciones, palabras clave, fotografías…), esto hace más versátil el trabajo y la comparación entre documentos, ya sean notas u otras escenas, y el texto que se esté escribiendo en ese momento.
Las capacidades de sincronización y respaldo de Scrivener 2 también son superiores. Con Dropbox y el iPad en mente, hay varias alternativas para tener acceso a un proyecto desde un aparato móvil o desde otra computadora. Los respaldos hechos a carpetas de Dropbox prometen ser más estables que antes. La capacidad de sincronización con carpetas externas se suma a las funciones –como el snapshot– pensadas en escritores paranoicos que no desean perder una sola línea de trabajo.
Queda todavía mucho por explorar en este programa, pero ya tendré ocasión de ir compartiendo mis hallazgos. Por ahora, quede usted en libertad de hacer la prueba por cuenta propia. Diviértase encontrando maneras creativas de aplicar las funciones de un programa diseñado para escribir, no solo para transcribir.
Apenas estoy comenzando a navegar entre sus nuevas funciones, pero ya estoy pasándola en grande. El binder o zona de trabajo tiene mejoras para acercarlo más a la mente del escritor: ahora es posible asignarles iconos a las carpetas y se ha añadido una función interesante: las colecciones. Se pueden crear grupos de archivos (por ejemplo, identificar todas las escenas de un determinado personaje) y verlos como grupos separados.
Me encanta la función de referencia rápida (quick reference) porque despliega una ventana flotante con acceso rápido a cualquier documento. Sumado a la ya existente función de dividir pantalla y a las mejoradas capacidades para guardar metadatos de cada archivo (anotaciones, palabras clave, fotografías…), esto hace más versátil el trabajo y la comparación entre documentos, ya sean notas u otras escenas, y el texto que se esté escribiendo en ese momento.
Las capacidades de sincronización y respaldo de Scrivener 2 también son superiores. Con Dropbox y el iPad en mente, hay varias alternativas para tener acceso a un proyecto desde un aparato móvil o desde otra computadora. Los respaldos hechos a carpetas de Dropbox prometen ser más estables que antes. La capacidad de sincronización con carpetas externas se suma a las funciones –como el snapshot– pensadas en escritores paranoicos que no desean perder una sola línea de trabajo.
Queda todavía mucho por explorar en este programa, pero ya tendré ocasión de ir compartiendo mis hallazgos. Por ahora, quede usted en libertad de hacer la prueba por cuenta propia. Diviértase encontrando maneras creativas de aplicar las funciones de un programa diseñado para escribir, no solo para transcribir.
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