lunes, 13 de diciembre de 2010

Algunas normas de la nueva ortografía

Este artículo no tiene nada de novedoso. Es tan solo un sumario de los cambios de la nueva ortografía ya aprobada por las academias de la lengua, tanto la española como las americanas, según la información proporcionada por la prensa. Los recopilo aquí como un avance, mientras la obra sale de los talleres de impresión, cruza el Atlántico, llega a mis manos y puedo comenzar a jugar con sus 800 páginas.

Nombres de letras
Una de las novedades de la nueva ortografía es la revisión de los nombres de las letras del alfabeto, en una búsqueda de la unificación y la coherencia. El tema ha levantado polémica porque, aunque pareciera un tema minúsculo, las tradiciones culturales han demostrado su peso.


  1. La letra y dejará de llamarse oficialmente y griega y se denominará, en lo sucesivo, ye.
  2. La letra i deja de llamarse i latina y se denominará i.
  3. Las letras b y v se denominarán oficialmente be y uve. (En la mayoría de los artículos periodísticos, se aduce que “en América” a estas letras se las llama “be alta” y “be baja” respectivamente. Dejo constancia de que eso no cuenta para Costa Rica. Aquí, por lo visto, hemos estado siempre a la moda española, porque desde que tengo memoria alfabética, me las enseñaron como “be” y “uve”).
  4. Los dígrafos ch y ll son consideradas dígrafos y no letras. Este cambio de criterio no implica eliminarlas del abecedario; por el contrario, permanecen ahí, pero ahora correctamente clasificadas como signos compuestos por dos letras y no por una (dígrafos).
  5. Se acepta la letra k como plenamente española.
Desde luego, la nueva política de no obligatoriedad de la ortografía deja abierta la puerta para que en cada país se le siga llamando a la letra de la manera que mejor les parezca a sus hablantes, según sus hábitos y costumbres.


Ex, anti, pro
Hasta ahora, estas tres partículas han producido dudas en su grafía debido a que se situaban en un umbral difuso, a medio camino entre una preposición proveniente del latín, un adjetivo (como es el caso de ex) y un prefijo, es decir, una partícula empleada para crear palabras nuevas.

Finalmente se ha dado un paso más allá en el debate y las tres son clasificadas como prefijos. Por lo tanto, ya no se escribirá ex presidente, anti social y pro americano; sino expresidente, antisocial y proamericano. Sin embargo, esta regla solamente se aplica si se afecta una sola palabra. Por lo tanto, en ejemplos como ex capitán general y pro derechos humanos se debe escribir separado y sin guion.


Tildes en solo y este
Se ha removido por completo la tilde del adverbio solo y los demostrativos (este, ese, aquel, aquellos); ya ni siquiera se mantiene en casos de ambigüedad. ¿Cómo sabría un lector si solo significa ‘en soledad’ o ‘solamente’? El contexto se lo dirá. A menudo el problema con estos casos de anfibología es observar los ejemplos fuera de su contexto. Y, en todo caso, para quienes escribimos y editamos siempre está la otra solución: arreglar la oración y el contexto y decir las cosas de otra manera, quizás más elegante.

Este era un cambio que se veía venir, aunque ha sido polémico. La regla sigue siendo opcional, en particular en aquellos países en donde hay un gran apego a esta tilde. En otros, por el contrario, será un alivio.


Tilde en monosílabos
Ya desde la edición anterior de la Ortografía (1999) se había suprimido la tilde en monosílabos que la habían mantenido tradicionalmente, como guion, fie, hui, Sion, riais que antes de 1999 se escribían guión, fié, huí, Sión y riáis. El dictamen era sencillo: “se considera que no existe hiato –aunque la pronunciación así parezca indicarlo–, sino diptongo o triptongo” (p. 46). Sin embargo, todavía se admitía el uso de la tilde puesto que las reglas ortográficas anteriores la recomendaban. Según parece, ahora ya la tilde se ha perdido definitivamente.

Esta regla no afecta los acentos diacríticos; es decir, los acentos cuya función es diferenciar significados distintos. Algunos de estos casos son: el/él, tu/tú, mi/mí, te/té, mas/más, si/sí, de/dé, se/sé.

La única tilde diacrítica que se ha perdido es la o entre dos cifras (números). Se considera que esta es una regla ya no aplica, puesto que los modernos sistemas informáticos permiten distinguir claramente entre una letra o y un cero. Por lo tanto, ya no es admisible escribir “5 ó 6”, sino que se escribe “5 o 6”.


Mayúsculas de términos genéricos antepuestos a nombres propios
Las mayúsculas de términos como golfo de México y calle Felipe IV siempre han dado problema. La nueva ortografía asume una posición clara: la mayúscula se elimina definitivamente. Habrá que leer la nueva edición para ver los alcances de esta norma. Hasta ahora se admitía que canal de Panamá se escribía con minúscula fuera de Panamá, pero con mayúscula en ese país, debido a que al papel central del canal en la historia y vida económica de la nación. Lo mismo ocurría con la península ibérica, (Península Ibérica para los españoles). Habrá que ver la nueva regla y comenzarla a aplicar a los accidentes geográficos locales, como golfo de Nicoya.


Catar, Irak y cuórum
Sí, leyó bien: cuórum. Confieso que Catar me resulta un país exótico, lejano de mi geografía cotidiana, e Irak ya estaba acostumbrada a verlo escrito de esta manera. Pero quorum (que a partir de ahora, si uno quiere emplearlo, deberá escribirlo en cursiva y sin tilde) sí me resulta extraño en su nueva versión castellanizada: cuórum. Esta decisión se ha tomado para dar congruencia a la nueva decisión de aceptar la letra k como plenamente española y para evitar que la letra q, cuando no esté en combinación con la u (como en queso) también represente el fonema /k/. Por lo tanto, solamente las letras c en posición inicial y k tendrán esta función.


Palabras extranjeras
Toda palabra de procedencia extranjera sin adaptación al español se escribirá en cursiva y sin acentos. Esto se aplica a palabras y expresiones latinas no castellanizadas, como ex cathedra, casus belli y deux ex machina. Suponemos que las ya castellanizadas mantendrán su forma adaptada, como ibíd y et álii.


En síntesis
La nueva ortografía ratifica más cambios de los que propone, a juzgar por estos avances. Habrá que esperar la publicación definitiva para conocer los detalles, las minucias y los análisis. La esperanza es que haya ganado en coherencia y haya avanzado, para bien, en la desambiguación de muchas de sus antiguas contradicciones.

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